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Villa y Taibo

Por: Israel León O’farrill

2012-11-15 04:00:00

 

Hace más de cuatro años, un 27 de agosto de 2008, publiqué mi primera colaboración con esta casa editorial. En ella, abordé la necesidad de cuestionarnos si lo que sucedía por esas épocas, una crisis alimentaria, no estaría más relacionada con una crisis lectora; en efecto, sostuve en esa entrega y todavía lo hago, que de existir más lectores otro gallo nos cantaba en este país de porquería electorera y corrupción ejemplar. En esa entrega daba cuenta de varios textos que desde diversos puntos de vista explican los pormenores de la lucha armada de 1910, sus orígenes, su desarrollo y a los actores que participaron en ella; producto de su lectura y discusión se podría acaso evitar que se repitan las condiciones de pobreza y marginación que propiciaron una guerra civil como la que inició ese 20 de noviembre. Es pertinente discutir constantemente el acontecimiento histórico lo mismo que sus consecuencias posteriores. Estamos a unos cuantos días de que regrese al poder el Partido Revolucionario Institucional, heredero de los sobrevivientes de la lucha armada y paradigma del modelo de nación surgido de la Revolución. Hay que cuestionarnos si es que dicha revuelta armada tuvo consecuencias o no y qué es lo que hoy significa ese partido que en su nombre pretende llevar el espíritu mismo del acontecimiento histórico. El lector avezado sabrá la falacia detrás de décadas de gobiernos “revolucionarios”.

Para ello, propongo en esta ocasión la lectura de un texto que bien puede ser una manera agradable para adentrarse a esta discusión si se tiene una mente poco dispuesta a penetrar en la redacción académica histórica de la que Katz es un digno representante con su biografía del Centauro del Norte, Pancho Villa. La obra de Katz, como ya he comentado en otros espacios, es una de erudición e indudable trabajo histórico, con miles de documentos revisados y contrastados; igualmente, debidamente citados. Y pese a que no comparto un par de sus argumentos, resulta un portento para entender la vida de un caudillo tan controversial. No obstante, como comento líneas arriba, el trabajo que abordaré en este espacio, es la denominada “biografía narrativa” sobre Pancho Villa, elaborada por el escritor Paco Ignacio Taibo II. En este libro, Taibo nos entrega uno de sus trabajos más entrañables y gozosos –se siente en su lectura, que goza enormemente escribiendo y que en este libro lo hizo particularmente–, no sólo porque el hombre del que se trata es extremadamente atrayente como personaje, sino porque a través de la descripción del mismo, el autor puede trazar una época para después interpretarla. En efecto, muchos escritores a través de su obra, tienden a ser fenomenales termómetros del mundo que les tocó vivir; Taibo, desde su personalísimo punto de vista ha sido una suerte de cronista de México… uno, dicho sea de paso, sumamente incómodo para el sistema que se ha visto constantemente vapuleado en sus cuentos y novelas. Por supuesto, su visión de la vista del caudillo serviría justo para lo mismo y no deja cabeza sin crítica y precepto sin cuestionamiento.

Para Taibo, Villa era, entre muchas otras cosas, “un hombre que fue contemporáneo de Lenin, de Freud, de Kafka, de Houdini, de Modigliani, de Gandhi, pero que nunca oyó hablar de ellos, y si lo hizo, porque a veces le leían el periódico, no pareció concederles ninguna importancia porque eran ajenos al territorio que para Villa lo era todo: una pequeña franja del planeta que va desde las ciudades fronterizas texanas hasta la ciudad de México, que por cierto no le gustaba”. Un hombre que, pese a su bastedad y supuesta brutalidad, representa –junto con Zapata– todavía hoy los ideales de muchos campesinos, obreros, indígenas y grupos diversos cuyas sentidas y legítimas necesidades nunca fueron cubiertas; representa, sin dudarlo, al marginal, al excluido, al rebelde y revolucionario. Llevado a la mitificación bizarra en Vámonos con Pancho Villa interpretado por Domingo Soler, o a la mitificación cuasi idolátrica con Pedro Armendáriz, o a la mitificación burlona de éste por los Polivoces como “Agayón Mafafas”, lo cierto es que Villa es y seguirá encarnando la plasticidades del héroe de esa guerra civil junto con el llamado Atila del Sur. El libro de Taibo se centra en esta premisa y nos lleva de la mano de este símbolo por diversos caminos. A diferencia de la obra de Katz que pretendió ciertamente restar importancia a la leyenda, a Taibo le interesa, desde las herramientas de la historia, dotar de un cariz narrativo a la vida de Villa, como si se tratara de un personaje novelado. ¿Hay rigor histórico? Sí, pero no el que esperaría un lector especializado en la historia; ¿es una nueva manera de historiar? Tampoco, pero encuentro que Taibo no está interesado en crear una nueva escuela o convencer a los académicos con modelos noveles o metodologías. Simplemente se zambulle en los documentos –que para él son diversos, no solamente los documentos propios de la historia– y se regodea entendiéndolos e interpretándolos para construir un fantástico personaje que lo llena de fascinación, lo mismo que a nosotros con él. Viene un aniversario más del inicio de la gesta revolucionaria… no haríamos mal en profundizar en su sentido y qué mejor que hacerlo con un texto de un autor ácido, crítico y que pondrá en su lugar a cada uno de los actores del movimiento, empezando por el mismo Villa. Ampliamente recomendable.   

 

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