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Sabina

Por: Israel León O’farrill

2013-06-13 04:00:00

Fotograma de la cinta La vida precoz y breve de
Sabina Rivas

 

Por varias razones no pude ver en el cine La vida precoz y breve de Sabina Rivas (2012), filme dirigido por Luis Mandoki y tuve que esperar a que se lanzara en video para hacerlo. Pese a que me encuentro sensibilizado hacia la trama de la película –La Mara, tráfico de personas, migración, corrupción, todo entre Guatemala y México– me provocó enormes suspicacias el hecho de que fuera producida por Abraham Zabludovsky y que se ostentaran Emilio Azcárraga Jean y Bernardo Gómez como productores también. El primero, por ser actor principal junto con su padre de la formación de la porquería televisiva que tenemos en México, en especial los informativos, y los segundos porque es evidente que no produjeron la película –si acaso pusieron algo de dinero en su producción–… ya han aparecido en dos ocasiones portando ese cargo –lo hicieron también en el churrazo patrio Cinco de Mayo, la Batalla– sin que haya evidencia de que puedan estar en un set o en locación o en oficina encargados de la locura que implica la producción de una cinta, simplemente sus cargos en Televisa no se los permitirían. Nos guste o no, el hecho de que una empresa mediática como esa aborde el tema de la migración en nuestra frontera sur, es simplemente inverosímil, sobre todo cuando abrimos los ojos y entendemos las motivaciones de semejante emporio. Ciertamente no se caracterizan por tener los noticiarios más objetivos, los productos televisivos de mayor calidad, o por apostar al crecimiento de la sociedad desde la formación mediática. No obstante, he de reconocer que esta película, incluso al margen de la empresa, es un garbanzo de a libra.

En efecto, la cinta cumple al presentar con la crudeza necesaria algunos tintes de lo que está pasando en nuestra frontera sur –concretamente en la zona de Chiapas y Guatemala, en torno al río Suchiate, centro de la trama–, lugar terrible de explotación, tráfico, corrupción y muerte –casi calificable de genocidio– y que ha sido constantemente denunciado por organizaciones de protección a migrantes, la misma Comisión Nacional de los Derechos Humanos, algunos sectores de la Iglesia Católica representados por personajes como el Padre Alejandro Solalinde, y nutridos contingentes de pobladores cercanos a las rutas de migrantes. Hay pocos que están enterados de los horrores que se viven en la zona y muchos que poco les importa. La Mara campa a sus anchas en la zona y según denuncias de migrantes y de los protectores antes citados, tanto el Ejército como los cuerpos policiacos, el Instituto Nacional de Migración, los grupos de seguridad del ferrocarril llamado “la bestia”  –que aprovechan los migrantes para viajar– y grupos de narcotraficantes y delincuentes comunes, son los depredadores de miles de migrantes centroamericanos que tienen que pasar por nuestro territorio para poder llegar a Estados Unidos a probar suerte. Ya en otra ocasión hablé del tema cuando me refería al estupendo documental de Tin dirdamal de nadie (2005) sobre el mismo tema. Cortas se quedan las historias de nuestros mexicanos cuando sufren en el cruce hacia Estados Unidos con una migra que no los depreda como sucede en nuestro país... quizá no haya nada peor, a los ojos de los centroamericanos, que un mexicano gandalla, asesino y corrupto. Vergüenza terrible.

La cinta gana mucho, como comenté líneas arriba, al presentar los horrores ante los que se enfrentan los migrantes que se internan en nuestro territorio; no obstante, gana todavía mucho más al centrar la historia en la figura de Sabina Rivas, adolescente de 16 años que es prostituida en Guatemala y México con el pretexto de impulsar su carrera artística como cantante. Pese a que otros filmes tratan el tema de la migración, apenas se considera el del tráfico de personas como tal; mucho menos el tema de la prostitución. En la película se evidencia una red de trata que conecta perfectamente Guatemala con México en un negocio multimillonario; además, se muestra el contubernio soez de las autoridades mexicanas y estadounidenses. Un acierto sin duda es que el equilibrio entre todos los temas permite que no se amontonen unos sobre otros con lo que se evita que el tema central, la historia de Sabina, pierda importancia. El final es lo mismo contundente que lógico… aunque dolorosamente patético.

Pero dejando de lado la calidad y acritud de la película, acaso lo que habría que preguntarnos es si a la sociedad mexicana le importa un pepino la realidad que se vive en nuestra frontera sur. Es un hecho que la película no fue un fenómeno de taquilla como sí lo ha sido Nosotros los nobles (2013) de Gary Alazraqui. No hay nada de malo en ello, pero es evidente que el grueso de las personas no disfruta observando la porquería de mundo en el que viven; lo que resulta peor, es muy probable que les importe un bledo. Después de todo, mucha gente encuentra consuelo pensando que su insípida vida es mejor que la que vive alguien como Sabina Rivas y por tanto, todo lo demás es lo de menos. No hay nada más lógico y humano que sentir coraje, ira y asco al ver una película como esta… para eso también está el cine, no sólo para entretener. Es una indiscutible llamada de atención que nos instiga al menos a tomar una postura, incluso si duele e incomoda. Sabina Rivas representa a miles de víctimas anónimas. 

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