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Por qué ganaremos

Por: José Alarcón Hernández

2012-04-27 04:00:00

 

“Sin justicia, ¿qué otra

cosa es el Estado, sino una gran banda de ladrones?”

San Agustín.

 

El 1 de julio a la media noche a fortiori habrá presidente de la República.

El resultado de la elección será por la participación de los electores activos, los votantes adherentes, los independientes y los que hoy están indecisos. Además, los electores que no vayan a las urnas, los abstencionistas y los que aborrecen la política, con su acción, también habrán decidido por un nuevo gobernante.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI) obtendrá la victoria con su candidato Enrique Peña Nieto.

¿Por qué ganaremos?

Claro que por ninguna casualidad o un milagro, menos porque lo digan las encuestas y algunos analistas. Tampoco porque sea el máximo deseo de los priistas o porque el PRI haya cambiado realmente y ahora sea un nuevo partido, más democrático y mucho mejor. De hecho, algunos de sus candidatos no son los mejores, y aun así, el PRI ganará.

La razón fundamental es por el apoyo que recibirá el partido, así como lo lee, de una gran parte de los electores.

La población hoy quiere la alternancia, una parte de ella para ser exactos, merced a que hay millones de ciudadanos que están desencantados de los políticos.

La gente le apuesta al cambio y ese cambio de gobierno, en los hechos, lo enarbola el PRI y su candidato presidencial.

Así de simple y contundente.

La oposición ha contribuido, en gran medida, con sus desaciertos, al regreso del PRI.

De la campaña actual mejor ni hablamos, usted bien la conoce.

Lo que interesa hoy es el fondo de por qué el partido más longevo ganará la elección.

En el año 2000 el PRI perdió la presidencia y la mayoría en el Congreso porque los electores estaban hartos e insatisfechos con la forma de gobernar de lo priistas.

El PRI perdió por la corrupción imperante en todos los niveles del gobierno.

Perdió porque algunos de sus dirigentes, sus líderes y sus gobernantes habían defraudado a la mayor parte de los electores durante 70 años. Por ineficientes, corruptos, autoritarios y mentirosos.

El PRI perdió porque extravió el rumbo; sus dirigentes traicionaron al partido y a la gente.

La falta de autenticidad de gobernantes y de algunos miembros del PRI, para ser precisos, caló hondo en la sociedad.

La población castigó al PRI en las urnas por la falta de resultados. Ya no ofrecía soluciones a los problemas que agobiaban a la población a finales del siglo XX, como el desempleo, la pobreza y los bajos ingresos.

El PRI perdió también por otras razones, de tipo electoral si quiere, por la falta de estrategias y su mal candidato que representaba al tradicional PRI, rancio y corrupto. Fox se burló del candidato y hasta lo llamó “mariquita o la vestida”.

El PAN ganó entonces, hay que reconocerlo, porque posicionó la agenda del cambio bajo el lema de sacar al PRI de Los Pinos. Tenía a un “excelente” candidato. Al carismático Fox la gente lo veía como un ranchero bonachón, un dicharachero, cercano al pueblo y muy entrón, etc.

Pero una vez que el PAN asumió el poder, con altas expectativas de cambio, nunca cumplió sus ofertas, y como dice la canción, todo se derrumbó ¿Por qué?

En gran medida por ineficiente, inexperto y tibio. Pero también, hay que reconocer, porque muchos políticos del PRI, astutos y marrulleros, le obstruyeron sus iniciativas para generar los cambios que el país necesitaba.

Para el nuevo presidente era muy importante concertar con los políticos priistas para que el país avanzara, pero no lo hizo, ya sea porque no quiso, no pudo, no supo o vaya usted a saber.

A Fox así se le fue el sexenio, sin cambios de fondo y sumido en la mediocridad para gobernar. Eso sí, se dio tiempo para compartir el poder con Marthita.

En pocas palabras, el ranchero bonachón no le cumplió a México; lo decepcionó.

Felipe Calderón Hinojosa llegó a Los Pinos a partir de una elección muy cuestionada, altamente competida en la que ganó por estrechísimo margen. Inició su sexenio en medio de protestas y cuestionamientos.

Para legitimarse ante la ciudadanía, emprendió su “guerra” contra el narcotráfico, como él mismo la llamó. Esta iniciativa –quizá la más importante de su administración por los recursos y esfuerzos que ha empleado– fue buena, plenamente justificada, pero erró en la estrategia y los pésimos resultados los conocemos todos.

Como gobernante, Calderón tampoco ha cumplido sus promesas. Los mexicanos no vivimos mejor que hace algunos años. No generó el millón de empleos anuales prometidos, no logró el crecimiento económico ofrecido ni la honestidad, ni el bien común.

El actual presidente tampoco pudo sacar adelantelas reformas que el país necesita. No consiguió los consensos ni los acuerdos con las demás fuerzas políticas.

No supo concertar con sus opositores, principalmente en las Cámaras de Diputados y de Senadores.

Los errores del gobierno calderonista, su falta de experiencia, sus escasos resultados, el desgaste del poder, sus pretextos y sus constantes quejas para hacer bien las cosas, han abierto el camino para que el PRI regrese.

El PAN decepcionó nuevamente y terminó, de paso, por hundirse como partido. Sólo en sueños podrá recuperarse y mantenerse en el poder.

En política no hay cuentos chinos ni gurúes que expliquen la debacle anunciada.

La principal causade su derrota tiene que ver con la población insatisfecha, decepcionada, enojada e impotente.

La mirada de los electores hoy está puesta en el candidato de la esperanza, en Enrique Peña Nieto. Si las hay, no ven más opciones. Esta es la realidad.

El pueblo desea que las cosas cambien, que le salven de sus tragedias, de sus conflictos y de todas sus insuficiencias.

El candidato del PRI es un ser humano, con sus cualidades y defectos como cualquiera. Tiene experiencia para gobernar y es joven, con fortaleza y ganas de hacer bien las cosas.

Se ha preparado para ser presidente. 

Tiene adversarios y lo vemos todos los días cuando lo critican y descalifican. Es entendible, es el puntero.

Su triunfo es inminente y Felipe Calderón Hinojosa, aún contra su voluntad, le entregará la banda presidencial.

A Peña Nieto no le será fácil cumplirle a la gente por los problemas que hay de toda índole.

El nuevo presidente no es la divina providencia o Supermán. Le deseamos lo mejor, que dé resultados abundantes.

Para lograrlo será necesario el esfuerzo de todos; la honradez, la eficacia y la eficiencia de todos sus funcionarios.

Estimado lector: tengo dos correos electrónicos a través de los cuales recibiré sus comentarios: vivereparvo45@yahoo.com.mx y/o vivereparvo45@hotmail.com

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