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Peña y Televisa SA de CV

Por: Israel León O’farrill

2012-06-14 04:00:00

 

Mientras la elección camina hacia su recta final y nada es lo que parecía al principio, surgen como hongos por todos lados ventaneos incómodos y ridículos para los candidatos. En un balance, he de decir que se trata de las elecciones que más me han emocionado de los últimos años, debido a la resistencia aguerrida de los estudiantes y los jóvenes en general para hipotecar su futuro de manera silenciosa, lo mismo que de algunos medios que han decidido no ceder ante la sugerente y seductora posibilidad que brinda el darle el pase mágico al candidato “puntero” en busca del “vellocino de oro”, borrando perniciosamente de su faz, trayectoria y gobierno, toda traza de sospechoso latrocinio, corrupción y estulticia. Difícil labor cuando ni el puntero ni sus colegas se dejan ayudar y mucho menos cuando vemos escándalos interesantes como el de Chiapas y el juego caprichoso de la televisora del Ajusco al comprarse un gobernador en la figura del candidato del Verde–Pri, como ha denunciado Sergio Aguayo; o que The Economist afirma que en nuestro país se podrían comprar líneas editoriales de medios impresos y televisoras como dice Leonardo Curzio; o como nos recuerda María Amparo Casar las primeras planas de los diarios de la OEM de Vázquez Raña un día después de la visita de Peña Nieto a la Ibero, diciendo que le fue poco más que súper nice, nada más fuera de la realidad; o como remata Lorenzo Meyer en el mismo programa de Primer Plano de este lunes: si Tv Azteca se quiere comprar un Estado, Televisa se quiere comprar un país.

En estos días, platicando con mis alumnos de periodismo rememoraba la novela de Vicente Leñero Los Periodistas que narra la intervención del gobierno echeverrista al diarioExcélsior en 1976 y la salida de Julio Scherer con muchos de sus colaboradores entre los que se encontraban Miguel Ángel Granados Chapa y el mismo Leñero. La foto legendaria de ellos caminando sobre Reforma nos hacía sentir piel de gallina a nosotros, bisoños estudiante de comunicación cuando nos imaginábamos como protagonistas de una historia semejante, como mártires del periodismo más romántico. Nos sentíamos en verdad esperanzados al admirar a esos grandes periodistas. Ese golpe indudable al periodismo y a la libertad de expresión, hoy nos parece lejano cuando presenciamos semejantes escándalos mediáticos. El caso presentado por The Guardian en Inglaterra y corroborado en el noticiario de Carmen Aristegui por una ex colaboradora de Carlos Loret de Mola nos llena de indignación ante la confirmación de un secreto a voces que desde la elección de 2006 se venía haciendo evidente. Veo en el semblante de mis alumnos una mezcla de ilusión, incertidumbre e indignación, sobre todo aquellos que al igual que lo hice yo, sueñan con pertenecer en algún momento al periodismo y hacer historia también. ¿Qué les puedo decir? ¿Acaso caer en el cinismo vil y chayotero en que entran muchos colegas? Definitivamente no, pero es necesario que se enfrenten a esa realidad para que la puedan criticar, para que no la asuman como algo normal en la porquería de mundo en el que vivimos. Y aunque no se crea, que alguien grite “fraude” a los cuatro vientos en Noruega o Finlandia sonaría absurdo, e incluso hasta sería noticia; en México, es una voz que ni se duda –la corrupción es nuestromodus vivendi y que ya ni siquiera es noticia.

En otros espacios he dicho que debemos dejar la ingenuidad de lado; también me he sumado a los reclamos de periodistas y sociedad en contra de la violencia sistemática en que se ven envueltos ciudadanos e informadores en el país. Hoy me manifiesto en contra de la práctica soez de compra–venta de líneas editoriales como afirma Curzio. En un remoto 1976, se prepara el golpe a un medio que no es amable con el poder, que no se pliega a las necesidades de los que lo detentan. Eso sucedía en los años del priismo más duro, más autoritario; en el México del presidencialismo más recalcitrante, donde, como habla José Agustín en su Tragicomedia Mexicana, los presidentes se avientan novias cachorronas y famosas, encueratrices de película de medio pelo: la Montenegro o la Serrano. En este fragmento de Los Periodistas de Leñero, vemos cómo Scherer vislumbra el golpe que se avecina: “Son los primeros signos. Después se acumulan otros. Los reporteros llegan a tu oficina y se quejan: no los reciben, los tratan mal, los jefes de prensa rehúyen la plática, los políticos critican a Excélsior, con insólita frecuencia: que los artículos editoriales muy agresivos, que las cabezas muy sensacionalistas, que la información valorada con muy mala voluntad, que a dónde pretende llegar Excélsior tan desatado en los últimos tiempos, ¿qué les pasa?... Ya. Signos tras signos se construye la evidencia. No hay vuelta de hoja. ¿Qué se puede hacer? Nada. Tranquilizar a los reporteros si acaso. Adelante y seguimos igual. No retrocedes porque si ahora bajas la guardia quedarás indefenso para siempre. Ni una palabra a los articulistas. Adelante”. Hoy lo que encontramos ya no es la presión del poder a los medios; es al revés. Ahora los medios se asumen como el poder y uno que se puede mercar. Los candidatos y mandatarios agachan la cerviz en sumisión o franca negociación. Ya ni siquiera los golpes desde el poder crean héroes; más bien cómplices y socios comerciales… Ni hablar, Orson Welles fue profeta y el ciudadano Kane el eterno resucitado ¿y ahora, qué le digo a mis estudiantes?

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