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Paso peruano

Por: Jaime Ornelas Delgado

2013-01-08 04:00:00

La participación en un congreso latinoamericano que habrá de celebrarse en Santiago de Chile, me permitió hacer una escala en Lima, Perú, con el propósito de recabar alguna información sobre la situación de ese país bajo la presidencia de Ollanta Humala, con miras a escribir un trabajo sobre América Latina. 

Lima es hoy la imagen de un país próspero, que crece reprimarizando su economía en tanto sus exportaciones, particularmente de oro, plata y cobre principalmente a China y de gas a países del continente,  incluido México, le han permitido sortear la crisis y crecer a tasas superiores a 6 por ciento, tasa que los funcionarios hacendarios panistas en México ni siquiera supusieron que existían.

Lo lamentable en Perú es que, como ocurre en diferentes países de América Latina, la población tiene flaca memoria y algunos peruanos con los que puede hablar, ninguno de ellos universitario, atribuye a Fujimori la relativa prosperidad que se observa en el país, pues derrotó a los “bandidos del Sendero que impedían la prosperidad del Perú.”  

¿Por qué ocurre esto? En Perú, y sin duda en toda Latinoamérica, con la imposición del neoliberalismo se puso en marcha un mecanismo ideológico–mediático–propagandístico, que por su perversión sigue engañando a muchos. El dichoso mecanismo, funciona de la siguiente manera: la pobreza, la desigualdad, la injusticia, la exclusión y la marginación tan características en la región nunca se atribuyen al capitalismo o a los gobiernos neoliberales, sino por ejemplo a la cultura originaria o a “la negligencia y falta de iniciativa”, considerados defectos genéticos de quienes vivimos en el Sur, y en el colmo todos los males del subdesarrollo se le cargan, como fue el caso del Perú, a los movimientos revolucionarios. (Que en el caso particular de Sendero Luminoso no lo era, sino que la propaganda gubernamental lo hizo pasar como tal para tener un enemigo al cual culpar de la falta de bienestar que el gobierno de Fujimori y el capitalismo no podían proporcionar al pueblo peruano.)

Se tenía entonces al culpable, Sendero Luminoso (que nunca estuvo cerca de alcanzar el poder, aunque así lo hiciera hacer creer el gobierno peruano y la respectiva profusa propaganda); esto permitió dos cuestiones determinantes: primero, iniciar una campaña de nacionalismo extremo que criminalizaba al movimiento social en aras de la grandeza del Perú, la otra cuestión, fue perseguir a los militantes socialistas y comunistas, que incluso rechazaban y confrontaron las acciones de Sendero Luminoso, hasta exterminarlos, sosteniendo contra ellos la idea que el socialismo era algo exótico por ajeno a la idiosincrasia del pueblo peruano, en consecuencia la vía era el neoliberalismo nacionalista y autoritario.

Ya consolidado el neoliberalismo, y prestigiado por haber perseguido y aniquilado a Sendero Luminoso y detenida su irracional violencia, el capitalismo siguió mostrando su impotencia para lograr el bienestar de la población, hasta que se presentó un crecimiento explosivo de la demanda proveniente de China de muchos de los productos primarios disponibles en la selva, en la costa y los Andes que se le entregan al capital extranjero que los depreda justificando esta política entreguista con un discurso nacionalista que acude a la “grandeza del Perú”.

Así, los peruanos, o por mejor decirlo, la clase media limeña, precisamente esa que “entre lo que cree ser y lo que es/media una distancia medio grande” (Benedetti dixit), vive hoy una transitoria y muy vulnerable prosperidad que la tiene hundida en el pantano del consumo obsesivo y la ciega ante la pobreza de millones de peruanos que no sólo se debaten en la miseria, sino que también luchan en defensa de sus recursos naturales contra el capital extranjero. 

En fin, Lima es una ciudad que se ve próspera, y los peruanos saben que mientras China siga creciendo y se sigan explotando los recursos primarios, al pequeño sector de la población aliado a la estrategia neoliberal le seguirá yendo bien. Aunque, Perú parece seguir el mismo camino que llevó a Estados Unidos y a España a la crisis: un boom en la construcción, expansión excesiva del crédito para vender lo que se construye, finalmente la insolvencia de los compradores y la crisis, así de simple. Probablemente, la combinación de la expansión de las exportaciones de productos primarios (oro, plata, cobre, etcétera) con el crecimiento de la industria de la construcción y del PIB, retrase la crisis pero de ninguna manera podrá evitarla.

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