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Para normalizar las normales

Por: Juvenal González González

2012-10-25 04:00:00

 

Por la ignorancia se desciende a la servidumbre, por la educación se

asciende a la libertad.

Diego Luis Córdoba

 

El maestro juega un papel fundamental en la conservación y transmisión de conocimientos a través de las generaciones. Al tiempo, la calidad de la educación en un país, es directamente proporcional a la calidad de sus maestros. A partir de esas premisas, entre otras, se han construido todos los sistemas educativos conocidos en el planeta. Hasta hoy.

Evidentemente ninguna política educativa es concebible sin el concurso de los maestros. Así lo han asumido los más diversos Estados y regímenes de gobierno, con independencia de sus convicciones ideológicas.

Cuando en 1917 los revolucionarios se bajaron de los caballos y cambiaron las armas por plumas para redactar la nueva Constitución, la educación fue uno de los más relevantes y debatidos temas, cuyas conclusiones quedaron plasmadas en su artículo tercero. La educación sería, a partir de entonces; laica, gratuita y obligatoria. En un momento hasta llegó a ser “socialista” pero fue una definición que pronto le suprimieron a la magna carta.

Para que el Estado pudiera cumplir el mandato constitucional, en un país donde la mayoría de la población era analfabeta, se requerían miles de maestros que no había, así surgieron las escuelas normales rurales en 1927. Luego se expandieron a lo largo del país, por lo menos una en cada entidad federativa, bajo la modalidad de internados y becas, dado que los alumnos eran de escasos recursos, la mayoría hijos de campesinos pobres y sin tierras.

La política educativa del nuevo Estado, inspirada en la Constitución de 1917, el liberalismo juarista y la vocación independentista y antiimperialista de México, formó un ejército de educadores comprometidos con el desarrollo nacional y con las comunidades donde prestaban sus servicios, abatidas por la ignorancia y la pobreza. Por eso se convirtieron en víctimas favoritas de los cristeros, quienes los desorejaban y colgaban sin misericordia alguna. Los maestros rurales forjaron un verdadero apostolado, cuya vida y ejemplo sirvieron de guía a las generaciones que construyeron el México del Siglo XX.

Paradójicamente, con la modernidad capitalista comenzó el distanciamiento entre los normalistas y el régimen que los había creado. Histórica e ideológicamente los normalistas y maestros se identificaban con los obreros, los campesinos, los desposeídos y sus luchas por mejorar sus condiciones de vida y trabajo, para eso los formaban, esa era su razón de ser. Los gobiernos, en cambio, abandonaban paulatinamente los principios e ideales revolucionarios, para favorecer a las nuevas clases pudientes. Ellos mismos se convertían en nuevos ricos y asociaban sus intereses con las empresas privadas, nacionales y extranjeras.

A finales de los 50 y principios de los turbulentos 60 del siglo pasado, se intensificó la represión a los movimientos de resistencia al desarrollo capitalista a costa de los beneficios sociales y laborales (¿le suena?) principalmente los sindicatos. Ferrocarrileros, mineros, petroleros, telegrafistas, médicos y maestros, entre otros gremios, sufrieron graves agresiones a sus organizaciones, sus personas y sus derechos.

Muchos líderes fueron encarcelados o asesinados y sustituidos por otros afines y serviles al gobierno y los patrones, surgiendo así, el tristemente célebre charrismo sindical y los sindicatos de salva. Se fortaleció el corporativismo e intensificó la afiliación masiva de los sindicatos al partido oficial (PRI) que monopolizaba el poder político y la “representación popular”.

Las secciones rebeldes del Sindicato de Trabajadores de la Educación (SNTE), particularmente la novena del DF, fueron sometidas y su carismático líder, Othón Salazar, enviado a prisión. Las normales rurales, otrora orgullo nacional, fueron acusadas de producir maestros disidentes y “conflictivos” y castigadas con brutales recortes presupuestales.

Los normalistas, organizados en la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM) desde 1935, fueron protagonistas de heroicas luchas en defensa de sus centros de estudios y el artículo tercero. Una y otra vez, fueron reprimidas con violencia creciente.

Represión genera rebelión y no a la inversa, afirma y demuestra el doctor Enrique Condés Lara (Represión y rebelión en México, Ed. Porrúa–UAP 2007). Así, la FECSM juega un destacado papel en el movimiento estudiantil de 1968 y de sus luchas egresan Genaro Vázquez y Lucio Cabañas para formar sendos movimientos guerrilleros en la Sierra de Guerrero, seguidos por muchos de sus compañeros. Otros más participarán en la Liga Comunista 23 de Septiembre y en cuanta organización guerrillera surgió durante la “guerra sucia” y aun después.

Con la modernización capitalista de los 50 llegó la “modernización educativa” y, con ella, un ataque frontal a las normales rurales, que ya eran vistas con recelo por los gobiernos federal y estatales. Desde entonces subsiste un conflicto intermitente que, como las mareas, forma parte del paisaje. Pero cuyo peligro siempre está latente. Michoacán en turno está a la vista.

¿Existen salidas y soluciones dignas? ¿Se puede “normalizar” la vida de y en las normales?

No se pierda el siguiente capítulo en este mismo espacio la próxima semana.

Cheiser:Contra todos los pronósticos, el mío incluido, el Senado rebotó el proyecto de ley laboral (patronal) a la Cámara de Diputados. Las votaciones y el sorpresivo viraje del PRI expresan un acuerdo tácito (virtual como hoy se dice) entre López Obrador y Peña Nieto. En vísperas del Día de Muertos, los “vivos” andan inquietos.

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