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Ni amor ni amistad

Por: Juvenal González González

2013-02-14 04:00:00

No me digas que no hay ninguna esperanza. Juntos estamos parados,
divididos nos caemos.
Pink Floyd

 

De conformidad con el calendario comercial exportado por el american way of life, hoy se festeja el “día del amor y la amistad” para beneplácito de los comerciantes de toda laya, desde los floristas hasta los hoteleros; para gusto de algunos y envidias de otros. Espero que usted sea de los primeros.

Pero más allá de unas horas de celebración, lo que prevalece en el mundo de nuestros días está bastante alejado de tan bellos y nobles sentimientos como el amor y la amistad. La quimera del oro ha convertido al planeta en un monstruoso tianguis donde todo se compra y se vende. Lo importante no es ganar, sino acumular.

Acumulación que ha llegado a niveles demenciales. No hay ninguna explicación racional y coherente de para qué diablos quiere la gente amasar tan descomunales fortunas. Ni tampoco cómo ha sido posible que las sociedades contemporáneas se hayan hecho tan inmunes e insensibles que toleran tales niveles de desigualdad entre poseedores y desposeídos.

Lo cierto es que la vorágine por ganar dinero rompe y corrompe cualquier pacto de convivencia humana medianamente civilizada. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) y diversos organismos internacionales dan cuenta un día sí y otro también del verdadero desastre que devasta a la población del único planeta habitado del sistema solar, por lo decir lo menos.

Así, la Oficina de Drogas y Crimen de la ONU, acaba de publicar un informe que señala que las mujeres y las niñas representaron 75 por ciento de las víctimas del tráfico de personas en el mundo entre 2007 y 2010. Precisa que entre 55 y 60 por ciento de quienes cayeron en las redes criminales son mujeres y 27 por ciento menores de edad (dos de cada tres casos niñas).

El reporte asegura que el principal objetivo del tráfico humano es la explotación sexual. Que 58 por ciento de los casos registrados tenían esa causa y que la mayor frecuencia se da en Europa, Asia Central y América.

La otra gran causa es el trabajo forzado que registra un 36 por ciento. Delito que se ha duplicado en los últimos cuatro años, particularmente en África, Medio Oriente y el sudeste asiático.

Con respecto al tráfico para la extracción de órganos se informa que entre 2007 y 2010 se detectó en 16 países, con víctimas de 136 nacionalidades procedentes de 118 estados.

También se informa que el tráfico de personas se ha criminalizado en 134 países; sin embargo, en 16 por ciento de ellos no se registra ninguna sentencia por ese delito a lo largo del periodo analizado.

Evidentemente el tráfico de personas, principalmente de mujeres y niñas con fines de explotación sexual, es un negocio espléndido y de poco riesgo para la delincuencia, ya que con la complicidad de las autoridades se lleva a cabo frente a los ojos de todo mundo con total impunidad.

La Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Trasnacional, aprobada en 2000 y suscrita, ni modo que no, por el gobierno mexicano, define el tráfico de personas como “la contratación, transporte, ocultamiento o recibo de personas, por medio de amenazas o del uso de la fuerza u otras formas de coacción, de secuestro, de fraude, de engaño, del abuso de poder o de una posición de vulnerabilidad o de la entrega o percepción de pagos o de beneficios a fin de obtener el consentimiento de una persona que posea control sobre otra persona con fines de explotación”. Ahí se establece que el término “explotación” comprende la explotación sexual, los trabajos forzados, la esclavitud, la servidumbre y la extirpación de órganos.

En México existe una vasta legislación sustentada en estos principios y conceptos. Marco legal que se ha reforzado al elevar a rango constitucional el respeto a los derechos humanos. Pero, como ha reconocido el propio presidente Peña, en nuestro país las leyes se quedan sólo en el papel.

Peor aún, los gobiernos anteriores (y el actual parece seguir por el mismo camino) invirtieron e invierten una enorme cantidad de recursos en el combate al tráfico de drogas en el afán de seguir la línea prohibicionista dictada por el gobierno estadounidense, cuando el consumo de drogas (prohibidas y permitidas) es una decisión individual que, en todo caso, los gobiernos deberían respetar.

En cambio, el tráfico de personas es forzado, atenta contra los derechos humanos fundamentales; humilla la dignidad de las víctimas, destruye vidas, familias e ilusiones; arraiga los peores instintos de dominación, somete a mujeres y niñas a las peores vejaciones fomentando la discriminación y la violencia de género, entre otras muchas lacras.

Es urgente que la sociedad tome conciencia sobre estos hechos y el gobierno redefina sus prioridades. Mucho se habla de que para resolver los problemas de violencia e inseguridad se debe ir a las causas de fondo. Pues la causa fundamental es el desgarramiento del tejido social originado en la explotación, desigualdad, injusticia, corrupción e impunidad.

El verdadero amor y la amistad valedera no pueden sino basarse en las viejas y olvidadas consignas: libertad, igualdad y fraternidad. O como ves.

Cheiser: Para quienes admiramos y gustamos de la cultura popular es un agasajo constatar la proliferación de los huehues carnavalescos por todos los barrios poblanos. Aunque no faltan los pirrurris que se quejan por el cierre de algunas calles y la obstrucción al tránsito de sus bellos autos. Pobres, allá ellos.

 

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