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La reforma laboral: una clase dominante miope

Por: José C. Valenzuela Feijóo

2012-09-27 04:00:00

 

La tasa de plusvalía es una categoría económica central e incide, directa o indirectamente, en el conjunto de la actividad económica, especialmente en sus aspectos más importantes. Se mide como un cuociente en que abajo, en el denominador, aparece la porción del ingreso nacional que reciben los asalariados que operan en actividades productivas. Y arriba, en el numerador, la parte restante y que, de modo inmediato, queda en manos de los capitalistas. Supongamos que el ingreso nacional es igual a 600 y que los trabajadores productivos, vía salarios, reciben 200. En este caso, los capitalistas se quedarán con los 400 restantes y la tasa de plusvalía será igual a 2= (400/200).

La tasa de plusvalía es el principal determinante de la distribución del ingreso. Si se eleva, la distribución se torna más regresiva. Si cae, la distribución mejora. En México, históricamente, la tasa de plusvalía ha sido muy alta. Hacia 1980 (fines de la industrialización sustitutiva) se acercaba a 3.0. O sea, del Ingreso nacional, 25 por ciento le correspondía a los asalariados productivos y 75 por ciento restante era apropiado, inicialmente, por los capitalistas. Con el advenimiento del neoliberalismo, la tasa de plusvalía experimenta un salto descomunal y hacia 2005 giraba en torno al 6.0. En el mundo, muy pocos países –si es que existe alguno– han conocido tamaño brinco.

¿Qué significa una tasa de explotación tal alta? En términos más gráficos, si la tasa es igual a 6.0, significa que por cada hora trabajada el obrero se queda con el equivalente a menos de nueve minutos (8.6 minutos) y que los 51 minutos restantes son apropiados por los capitalistas. Este es el primer gran escándalo de la economía neoliberal.

El segundo gran escándalo es el uso que se le da a esa parte apropiada por el capital. De ese excedente, apenas 14 por ciento se aplica a la inversión y todo el resto (86 por ciento) se despilfarra (usos improductivos), incluyendo aquello que se va al extranjero. Luego, como la inversión es tan exigua, el crecimiento del producto resulta inevitablemente anémico.

¿Por qué la inversión es tan baja y el despilfarro tan elevado? En alto grado esto es causado por el nivel excesivamente alto de la tasa de plusvalía. En términos generales, entre tasa de plusvalía y tasa de acumulación se observa una tendencia cambiante. Si partimos de una tasa de plusvalía baja (digamos de uno a dos), su elevación provoca un impacto positivo en la tasa de ganancia y la acumulación se eleva. Pero cuando sigue subiendo (digamos de tres o cuatro hacia arriba), el impacto es el inverso: la acumulación cae. ¿Por qué? Porque los menores costos que implica una tasa de plusvalía más elevada se ven más que contrarrestados por las menores ventas que provoca el empobrecimiento obrero relativo. El empresario percibe la estrechez del mercado y, en consecuencia, recorta sus gastos de inversión. ¿Qué sentido tendría aumentar las capacidades de producción si las ventas no crecen a buen ritmo?

La ley laboral empujada por el gobierno panista es despiadada. Esto, en el sentido de representar un ataque más a las ya muy deterioradas condiciones de trabajo y de vida de la clase trabajadora. Si intentamos sintetizar el impacto de las múltiples medidas que se proponen, podemos señalar que provocará una nueva reducción en el valor de la fuerza de trabajo; es decir, se vuelve a elevar la tasa de plusvalía. Y esto, con cargo a las rutas más retrógradas que maneja el capital: disminuir el salario real y alargar la jornada de trabajo. Una primera estimación, nos dice que la tasa de plusvalía puede subir desde seis a alrededor de siete.

En primera instancia, una mayor tasa de plusvalía eleva la tasa de ganancia. Pero esto supone que todo lo demás no cambia, supuesto incorrecto. De hecho, tenemos que lo que el capitalista gana con la reducción salarial lo pierde –con creces– por el lado de las ventas. Cuando la tasa de plusvalía es tan alta como sucede en México, éste es el caso. La falta de ventas deprime la rentabilidad empresarial y, sobremanera, desestimula inversión. Y si la inversión cae, la productividad y el crecimiento del producto caen o se estancan. Las declaraciones de una reforma que elevará la productividad, revelan o una ignorancia supina o una hipocresía mayor. La productividad depende básicamente de la densidad de capital (activos fijos por hombre ocupado) y esta densidad se eleva sólo si la acumulación se dinamiza. Algo que la reforma justamente castigará.

Tenemos, en consecuencia, que una tasa de plusvalía demasiado elevada resulta disfuncional al mismo sistema capitalista. Y si en el país ya era groseramente elevada, con la reforma laboral lo será aún más. Una burguesía lúcida, suele percibir este problema y, por lo mismo, opta por rutas de desarrollo muy diferentes.

¿Qué decir de una clase social que toma medidas que parecen favorecerla pero que, al final de cuentas, la perjudican duramente? Lo más suave (para no hablar de idiotez) es que estamos en presencia de capitalistas miopes, casi ciegos. Incapaces de manejar una visión de conjunto y de largo plazo.

Vaya una última observación. Si la reforma va, es porque algunos la impulsan y sí se ven favorecidos. ¿Quiénes? El capital con gran capacidad exportadora. Si la empresa vende afuera toda su producción, los salarios menores la benefician por el lado de los costos. Y por el lado de la demanda, busca afuera los compradores, amén de que la coyuntura internacional no da para cuentas muy optimistas, señalemos que los beneficiados no van más allá de 200–300 familias, apenas uno por mil de toda la clase capitalista. En corto, 99.9 por ciento de la clase capitalista se ve perjudicada. También aquí, la alienación política y la consiguiente miopía resultan descomunales. 

 

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