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La disputa por la disputa

Por: Juvenal González González

2013-04-11 04:00:00

He ofendido a Dios y a la

humanidad porque mi trabajo no tuvo la calidad que debía haber tenido.

Leonardo Da Vinci

 

El título debía ser “La disputa por la educación”, pero no hay tal. Lo quehay, eso sí, es una serie de disputas relacionadas con la administración de los servicios educativos del país, que son más bien periféricos a los temas educativos propiamente dichos.

Para decirlo claramente, lo que realmente está en disputa es el control del sistema educativo. El gobierno quiere recuperar los espacios que, por interés o desinterés, perdió ante las mafias sindicales a lo largo de las últimas décadas. Espacios y canonjías que, por supuesto, los caciques del magisterio defienden hasta con los dientes.

Simplemente pregunte usted en que reside la “reforma educativa” promovida por Peña Nieto y en qué consistieron las modificaciones las reformas a los artículos 3º y 73 constitucionales. O bien, pregunte por qué “los maestros” se oponen a tales reformas y cuáles son sus propuestas. Con sorpresa, tal vez no tanta, se encontrará con un generalizado desconocimiento de unas y otras.

Porque, como dice el célebre aforismo del inolvidable Mario Benedetti, cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, nos cambiaron todas las preguntas. Efectivamente, respecto a la confrontación de “los maestros” con el gobierno, hay más preguntas que respuestas.

Mire usted, al principio la oposición más fuerte a la misteriosa “reforma” era encabezada, sin lugar a dudas, por Elba Esther Gordillo, mientras la disidencia sindical se mantenía discretamente al margen. Tal vez confiaban en que, como siempre, “la maestra” sacaría las castañas del fuego. No fue así.

Peña Nieto decidió cortar por lo sano y entambó a la intambable. Para que no hubiera dudas en torno a las causas del entambamiento, sustituyó a la entambada por su segundo de a bordo quien, como buen entendedor, pasó de opositor a apoyador de la “reforma” sin tocar baranda. El miedo no anda en burro, dicen.

Es entonces que la disidencia recoge la estafeta de “la maestra” y pasa a la ofensiva. Para desgracia de su causa, lo hace con los mismos métodos que viene usando desde tiempos inmemoriales, no solo gastados, sino harto desprestigiados entre la mayoría de la población; suspensión de clases, cierre de calles, toma de carreteras y todo eso.

Así, mientras el gobierno va con todo para recuperar las riendas del sistema educativo, “los maestros” no están dispuestos a salir de su zona de confort, perder los privilegios ganados y someterse a una autoridad distinta de la suya propia. Porque como están las cosas, los caciques sindicales controlan el reparto de plazas, nombran lo mismo delegados y dirigentes sindicales, que directores, supervisores y no pocos funcionarios de medio y alto niveles en la propia Secretaría de Educación Pública.

Añada las multimillonarias cuotas sindicales, las incontroladas y apetitosas plazas “comisionadas” (profesores que cobran sin trabajar), incalculables transferencias de dinero de esa dependencia a las arcas sindicales y cuentas personales de los líderes y cuanta pillería se les ocurra, y entenderá de donde salió el poder “la maestra” y la encarnizada lucha por ocupar la vacante.

Ante ese desbarajuste, la gran mayoría de maestros, que de la “reforma” está tan desinformada como el resto de la ciudadanía, queda sujeta al bombardeo propagandístico de unos y otros. Por supuesto que lo que más temen es perder su fuente de trabajo y, por lo mismo, la parte que más les preocupa es la que se refiere a la evaluación de su desempeño.

Los acostumbraron a trabajar a su aire, sin rendir cuentas a nadie. Bajo el nefasto argumento de que les pagaban muy poco, abandonaron su tradicional compromiso social y se abandonaron a sí mismos. Su falta de preparación, su desgano por actualizarse y superarse profesionalmente, su desapego a la lectura, su desinterés por conocer a sus alumnos y su entorno familiar y social, se refleja no solo en el bajísimo nivel académico de niños y jóvenes, sino en los alarmantes índices de deserción y atraso escolar.

Por su parte, el gobierno no se ha quedado atrás, no solo porque ha sido cómplice y causante directo del desvío magisterial, sino que ha incumplido sus obligaciones básicas en cuanto a la formación de maestros (abandonando a las normales), la construcción de nuevas escuelas (equipadas y acordes con las nuevas tecnologías educativas) y el abandono de las existentes; y lo más importante, se ha olvidado de los alumnos, sobre todo de los que provienen de familias pobres que son la mayoría, cuyas inadmisibles carencias son su principal desventaja.

Como se ve, la añeja crisis de la educación en México tiene diversos culpables, empezando por el gobierno y sus funcionarios, tanto como el sindicato, los maestros, directores y supervisores. Pero no hay que olvidar a los padres de familia a quienes nadie se ha preocupado por capacitar y ayudar a cumplir sus obligaciones, pero ellos mismos tampoco hacen gran cosa por asumirlas, dejando toda la responsabilidad a las escuelas.

Y por supuesto que tampoco debe pasarse por alto el papel de los medios, cuya responsabilidad es tan grande como lamentable. En su afán por lucrar con sus concesiones, han corrompido la convivencia familiar y social, envenenando mentes y conciencias.

Lo dicho, para hacer una reforma educativa digna de tal nombre, hace falta mucho más que discursos, declaraciones y fotos. O sea que como dicen por ahí, todavía le cuelga.

Cheiser: Margaret Thatcher, la “dama de hierro”, dejó de existir. La aristocracia inglesa le rinde honores porque fue la gran beneficiaria de su despotismo. Los millones de damnificados por causa de sus políticas y las miles de vidas sacrificadas de sus opositores son su verdadera herencia. Si la justicia divina existe, esa señora jamás descansará en paz.

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