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"La caída de la estantería"

Por: Silvino Vergara Nava

2013-05-17 04:00:00

 

“La Teoría es la práctica

de la vida”

 

Michel Foucault

 

Con la reforma al artículo 3º. de la Constitución, los amparos promovidos en contra de dicha reforma educativa, el día del maestro, fechas de la inminente finalización de cursos y toma de decisiones de escuelas o universidades, así como de estudios y profesiones, habría que hacerse la pregunta: ¿dónde esta la investigación en México? Sobre todo la investigación en derecho, pues sostenía Gayo en Roma en sus “Institutas”; “todo Pueblo regido por leyes y por costumbres se vale, en parte de un ius –derecho– que le es propio y, en parte, de un ius –derecho– que le es común con el conjunto del genero humano” (Rabinovich–Berkman, Ricardo D. Principios generales del derecho latinoamericano Astrea, Buenos Aires, 2006) entonces, el derecho que corresponde a todo el genero humano, lo tenemos de sobra en la actualidad con el tema de los derechos humanos, las instituciones internacionales que lo protegen y  fomentan su cumplimiento y exportación, sin embargo, ¿donde se encuentra la investigación respecto al derecho que nos es propio?, pues no se pueden resolver muchos de los conflictos en México como se resuelven en Paris o en Nueva Delhi, y los conflictos que debe resolver el derecho –y no la política– siempre van a existir, como lo puntualiza Fernando Savater: “una sociedad sin conflictos no sería sociedad humana, sino un cementerio o un museo de cera.” (Savater, Fernando, Política para Amador Arrel, Madrid, 2012), sin embargo, en la ciencia del derecho –y en las ciencias sociales– existe una generalizada falta de interés y estímulo en la investigación, tanto en las universidades como en las organismos del Estado, instituciones culturales, y educativas, por ello es que se debe reflexionar sobre la evidente distinción entre educación e investigación, no siempre los profesores son investigadores, ni los investigadores son profesores.

Además, en el medio académico actual el desinterés por la investigación es mayúsculo, como que, si en la Universidad de Harvard –institución que por cierto cuenta con una investigación del ministro Japonés Yasuhiro Nakasone que concluye que, al bajo nivel educativo de EUA, en comparación con Japón, se debe al elevado porcentaje de negros, puertorriqueños y mexicanos. La Jornada 12 de mayo de 2013– no se hacen más tesis como regla general para la titulación de los grados académicos, concluyamos: no hagamos tesis para la titulación, y a esta catástrofe habrá que considerar el pronunciamiento de Raffaele di Giorgi referente al conocimiento jurídico: “este complejo de inferioridad se deriva del hecho de que mientras las ciencias sociales, de matriz positivista y analista, habían afinado sus instrumentos metodológicos con base en las aportaciones de las ciencias naturales, de la lingüística y de la lógica, la teoría del derecho seguía atrapada en las aporías del pensamiento hermenéutico” (De Giorgi, Raffaele, Ciencia del derecho y legitimación Universidad Iberoamericana, 2007). Así, ese derecho que le corresponde a cada estado, región, comunidad no se ha desarrollado, por el contrario lo hemos limitado, por lo pronto con el enorme estimulo en la ausencia de su investigación, pues las tesis para la titulación son sumamente complejas en su elaboración, objetivos muy preparados, “problematizar el tema”, crear una hipótesis, el protocolo, buscar un asesor, mientras, nos hace recordar Eduardo Galeano; “En 1848, Kart Marx y Friederich Engels escribieron las 23 páginas del Manifiesto comunista, que empezaba advirtiendo: Un fantasma recorre Europa... Y esta resultó ser la obra que más influyó sobre las revoluciones del siglo XX” (Galeano, Eduardo Los Hijos de los días, siglo XXI, Montevideo, 2012) posiblemente, el problema adicional es nuestra falta de capacidades para la investigación, sin duda la tecnología tiene mucho que ver al respecto, como lo comprueba Giovanni Sartori; “No hay duda que los noticiarios de la televisión ofrecen al espectador la sensación de que lo que ve es verdad, que los hechos vistos por él suceden tal y como el los ve, y sin embargo no es así”. (Sartori, Giovanni, La sociedad Teledirigida Santillana, México 2011). Hoy vivimos en una época sumamente compleja, exceso de información de cualquier materia; el derecho no es excepción y al grado del infinito, por ello sugiere Fernando Savater; “el problema ya no es recibir información, pues hoy todo el mundo tiene más información de la que puede asimilar, el problema es orientarse de tal manera que la información sirva para algo y no simplemente para ahogar a la persona” (Savater, Fernando, La aventura de Pensar editorial Debolsillo, México, 2010) En el derecho es evidente que interesa unificar y globalizar las legislaciones, desaparecer esa parte del derecho local, como lo sella el profesor italiano Alessandro Baratta “la tendencia es clara: gestión punitiva de la pobreza, mercado económico de toda flexibilización, criminalización cada vez mayor de la disidencia y reducción del Estado” (Baratta, Alessandro, Anthropos 2004) por ende, necesitamos de un cambo que estimule la investigación propia, la que se requiere para el Estado mexicano, la que permita resolver los conflictos locales, y no permitir que se resuelvan por la simple política, las técnicas económicas, y no el derecho, como paradójicamente lo determina el penalista de la Alemania de la segunda guerra mundial, Edmund Mezger: “la dogmática penal ha estado apartada de los intereses jurídico penales. Su más joven y mundana hermana, la política criminal, la ha tenido en la sombra” (Muñoz Conde, Francisco Edmund Mezger y el Derecho penal de su tiempo Tirant lo blanch, Madrid, 2003) así, sin lugar a duda es el momento de fomentar la investigación, precisamente para provocar la caída de la estantería, que es en palabras de Eugenio Raúl Zaffaroni: “lo que sucede en la ciencia cuando se rompe el marco dentro del cual todos pensaban y se propone otro diferente...” (Zaffaroni, Eugenio Raúl La cuestión criminal Planeta, Buenos Aires, 2011) Es evidente que nuestras universidades e instituciones educativas lo deben de provocar, pues la crisis del sistema jurídico actual, la falta de legitimación de las instituciones jurídicas, la desigualdad palpable en la población, los inminentes fracasos de los juicios orales, así como de la legislación proveniente del derecho penal del enemigo, son hechos notorios que están agotando la propia existencia del Estado, sin permitir que alguien proponga una solución.

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