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Eurodrogas

Por: Israel León O’farrill

2013-06-06 04:00:00

 

En recientes fechas apareció el informe europeo sobre Drogas, Tendencias y Novedades que aparece este año, pero que recoge información obtenida en los años 2011 y 2012. El documento, elaborado por el Observatorio Europeo de Drogas y Toxicomanías informa que “en 2012 fueron notificadas por primera vez 73 nuevas sustancias psicoactivas por los Estados miembros a través del Sistema de alerta rápida de la UE”, cifra alarmante de por sí y que, de acuerdo al organismo, marca una modificación considerable en el consumo de drogas por parte de los habitantes del continente europeo. Según datos obtenidos por la incautación de las drogas, las sustancias que van en decremento entre los gustos de los pachecos europeos, son la heroína, la cocaína, las anfetaminas y el éxtasis, que aunque lleva un discreto repunte, no es suficiente como para considerarlo en franco retorno. La resina de la cannabis (hachís) y la planta (mariguana) siguen teniendo fuertes ventas en Europa, aunque la tendencia es que la mariguana supera alhachís en algunos países, producto de la producción interna en su mayoría y del tráfico desde África, no así con las nuevas drogas que en su mayoría vienen de Asia. El estudio también nos dice que “85 millones de europeos en edad adulta han consumido alguna droga ilegal en su vida, lo que supone la cuarta parte de la población adulta”.

Como se reporta en el informe, “el mercado actual de las drogas parece ser más fluido y dinámico y basarse menos en una serie de sustancias a base de plantas enviadas desde larga distancia a los mercados de consumidores en Europa. La globalización y los avances en la tecnología de la información son factores importantes al respecto. Están cambiando las pautas de consumo de drogas en los países de renta baja y media, y esto también puede tener consecuencias para la problemática de las drogas en Europa en un futuro. Internet presenta retos cada vez mayores, tanto como mecanismo para la difusión rápida de las nuevas tendencias como en su condición de mercado anónimo en rápido auge de alcance global. Internet crea una nueva interconexión entre el consumo y la oferta de drogas. No obstante, ofrece también oportunidades de búsqueda de vías innovadoras en la administración de tratamiento y en las intervenciones de prevención y de reducción de daños”. Dentro de esta larga cita –que coloco tal cual, pues no tiene desperdicio– se detallan algunos de los aspectos más importantes. Primero que nada, las pautas cambian, lo que nos hace ver que los europeos reciben ofertas diversas y las prueban, con lo que se adentran a nuevos escenarios donde hay poco que decir pues poco se conoce de los efectos de esos narcóticos. Por otro lado, la utilización de las nuevas tecnologías para el comercio y la construcción de la cultura alrededor de estas nuevas sustancias; de igual manera, según informan estos especialistas, para encontrar maneras de prevenir su consumo y de informar sobre sus efectos de manera más diligente.

No obstante, como ellos mismos reconocen –y que sin duda el reporte evidencia– pareciera que el mundo de la producción, distribución y consumo de los estupefacientes les lleva la delantera y lo más preocupante, es que el mercado no decrece, sino que simplemente se diversifica. Durante el tiempo que estudié en España, allá por 2003 y 2004, lo que estaba de moda eran los popers (solventes), la farlopa (coca) y los tripis (ácidos), aunque el indudable ganador y socialmente aceptado era el hachís. Lo curioso es que en la ciudad de Salamanca, donde habité, existían varios cafés y bares de porretas –consumidores de hachís– que eran conocidos por todo mundo y que las autoridades deliberadamente dejaban operar. Es evidente que lo que buscaban era dejarle a la población el “soma” que le permitiera seguir con su vida sin ocasionar mucho problema. La cantidad de droga que circulaba por las calles y bajo la vista ciega de las autoridades era demencial. Supongo que lo que ha variado es el tipo de la droga y no así el consumo –que vaya usted a saber, amable lector, la cantidad que se consume ahora que los españoles tienen el pretexto de la crisis económica– y las terribles consecuencias que se le añaden. Por supuesto, esos países están mucho más avanzados en materia de legislación que nosotros, pero poco han logrado reducir los problemas que tienen en este sentido. Ello deriva de que son pocas las drogas legales y muchas más las que no lo son. Además, conocí a pocas personas que sólo consumieran mariguana o hachís, la mayoría combinaba con otras sustancias y siempre con alcohol. La pregunta que nos llega en este momento no es ¿qué hace que alguien se inicie en el consumo de drogas? –pues entendemos que el estereotipo marca que habrá un sinnúmero de circunstancias trágicas y terribles–, sino, ¿qué hace que mude hacia estas nuevas sustancias diseñadas en laboratorios químicos de alto nivel –hay una sustancia sintética que imita los efectos de la cannabis– y que, a sabiendas de su alta peligrosidad y nulo conocimiento de sus efectos a la larga, decida consumirlas sin cuestionarse nada? Quien consume, muy en el fondo conoce la respuesta… mientras,  parece que a Europa le llueve sobre mojado. ¿Veremos acaso las capitales europeas nuevamente pobladas de yonkis? Y nosotros, ¿dónde estaremos en este nuevo esceneario?

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