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Despidos injustificados y aniversario de una lucha sindical

Por: Huberto Juárez Núñez

2012-12-07 04:00:00

 

Para Verónica Carreón, Sara Ortega, Rufina González y

Araceli Bárcenas

 

En el contexto de la paz laboral impuesta por las gerencias de las transnacionales de la industria automotriz en México y en esta región, el 7 de diciembre del año 2011, tres trabajadoras de la filial de la empresa norteamericana Flex–N–Gate en Puebla fueron retiradas de sus puestos de trabajo, llevadas a la oficina de recursos humanos y ahí notificadas que estaban despedidas. Los argumentos de la gerencia se limitaron a decir que ya no había trabajo para ellas y les ofrecieron un cheque de 38 mil pesos como compensación por 14 años trabajados ininterrumpidamente, años de labor con récord perfecto de asistencias y por consiguiente de premios mensuales y anuales por desempeño y productividad.

Parecía que el hecho no tenía más complicaciones, un suceso que ocurre frecuentemente en los clusters automotrices del país, pero había un detalle que empezaba a explicar el hecho de que “repentinamente” se terminara el trabajo para operadoras ejemplares, además, en una planta proveedora que cerraba la producción a tambor batiente al unísono de sus grandes clientes (VW, Ford, Fiat, GM, Nissan), la delegada sindical ahí estaba haciendo acto de presencia, pero (¡oh, paz laboral!) no para actuar en defensa de quienes en la forma decía representar, no, ahí estaba para presionar a las trabajadoras para que sin más trámites aceptaran la miserable liquidación que se les ofrecía –tal como recién lo había hecho con otro grupo de trabajadores encabezados por un operador de montacargas– y con esto, garantizar para su jefe, el dueño en esos momentos del Contrato Colectivo de protección patronal, que el problema nuevamente se resolvía con los procedimientos de rigor.

Algo extraordinario sucedió (si es que así se puede decir en un país que presume de tener Estado Derecho), las trabajadoras se negaron a aceptar su liquidación, se negaron a firmar su renuncia, hablaron de su derecho al trabajo, de su expediente laboral limpio, de la inexistencia de causas que justificaran su separación del trabajo y confrontaron a su delegada a quien reclamaron su actitud servil. Ese día salieron de la fábrica sin dinero y con la incertidumbre que significa la pérdida del empleo; además, en la víspera de las fiestas de fin de año, todo les parecía cruel, injusto y doloroso. Pero el dolor lo transformaron en coraje contra la injusticia cometida; el coraje se volvió conciencia de luchar no sólo por su reinstalación; comprendieron que con su reingreso (en caso de lograrse), las cosas no iban a cambiar en esa fábrica si el mal de raíz seguía presente.

En los días que siguieron para ellas no fue la mejor Navidad ni el más festivo año nuevo, pero fueron días preparación para un proyecto de organización fincado en los lazos de camaradería que por muchos años había establecido con sus compañeros. La primera solidaridad que encontraron fue la de los trabajadores de los medios, la prensa escrita, la radiofónica, la electrónica, cubrieron con mucho profesionalismo su denuncia.

El resto de la historia ha sido pública: con mucho esmero formaron una red de sólidas relaciones con los trabajadores líderes en las áreas de trabajo, discutieron incansables, una y otra vez con sus compañeros la necesidad de armarse de valor para echar al charro sindical y construir un interlocutor sindical propio, despertaron muchas conciencias (incluyendo la que propició la solidaridad de organismos sindicales regionales, nacionales e internacionales) y tejieron una malla de resistencia y acción que respondió eficazmente al despedido de una cuarta compañera (segunda semana del mes mayo) quien con su trabajo y capacidad persuasiva para la organización fortaleció al movimiento desde adentro. Todo ello, permitió el éxito del paro laboral del 20 de junio, la firma del primer convenio con la gerencia y finalmente, una representación sindical propia que el pasado 4 de noviembre fue reconocida por la Federación de Trabajadores del Estado de Puebla–CTM y que ahora es el Comité Ejecutivo que administra el Contrato Colectivo en el centro de trabajo.

A cuatro semanas de la nueva relación laboral, las cosas mejoran para los trabajadores de Flex–N–Gate. No sin dificultades, pues hay inercias gerenciales que son difíciles de vencer, la nueva dirección sindical está empeñada en lograr el cumplimiento de las clausulas contractuales y las disposiciones de ley que garantizan bilateralidad y/o derechos para los obreros, pero es cierto, la gerencia reacia desde el primer Convenio a reinstalar a las compañeras, ha estado posponiendo una y otra vez su reincorporación al trabajo.

Ese es el hecho; en este aniversario de un acto injusto que creó una lucha y estableció un nuevo equilibrio laboral en FNG–Puebla, hay cuatro compañeras que siguen despedidas. Ante eso el Comité Ejecutivo ha sido prudente, esperando una decisión positiva de la gerencia, pero también ha sido público su compromiso de respetar el acuerdo de la Asamblea General Constitutiva del 4 de noviembre, en el sentido de luchar por todos los medios para tener de regreso a las compañeras.

 En el ánimo de los trabajadores gravita en este momento la consigna que las cuatro compañeras acuñaron como llamado de lucha: “si luchamos podemos perder, pero si no luchamos, ya perdimos”.

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