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De panzazo

Por: Israel León O’farrill

2012-03-01 04:00:00

El tema de la educación siempre será especial para mí por muchas razones. Primero que nada, debido a que soy profesor universitario y estoy totalmente convencido de mi vocación docente. Para mí, la universidad no es una opción para mi fracasada vida profesional –que no lo es, por supuesto–; es una obligación autoimpuesta. Pienso que es un elemento fundamental para hacernos mejores personas en todos los sentidos; trasciende el ámbito institucionalizado y se instala en el tejido más fino de la sociedad. Por tanto, no sólo es usufructo de escuelas y programas; de modelos y técnicas; repito: no es una opción, se vive con ella.

Como consecuencia de lo anterior, fui a ver el documental de Juan Carlos Rulfo y Carlos Loret de Mola, De panzazo (2011) con suspicacia, producto de sus propios realizadores. He de decir que no me equivoqué: el documental, fuera de abordar el tema de la educación con seriedad, se centra en un solo nivel y apunta sus baterías en la persona de Elba Esther Gordillo. Superficial, rayando en el reportaje ramplón cuando no en el “publirreportaje” al servicio de alguno de los partidos políticos o de la misma televisora de la que Loret de Mola se convierte en vocero oficial. Por supuesto, de manera deliberada excluye a la televisión mexicana y su activo papel como parte del problema. Pese a que se piensa que la televisión no ha de educar sino entretener, bueno, dentro del entretenimiento educa… el problema es cómo lo hace. Viene, como he comentado en numerosas ocasiones, una de las elecciones más importantes que ha vivido el país, y en ese contexto se estrena el documental; por supuesto, es una ingenuidad pensar que no lleva una agenda política, sobre todo cuando se proyecta este año y cuando el centro del golpeteo es el SNTE y su eterna líder. Llano, simplón, apenas dibuja unas pinceladas de un problema que en verdad es serio y que tiende sus raíces hondo… no basta ubicarlo en la historia para calarlo: hay que experimentarlo, hay que abarcarlo. No basta con exhibir a la teacher y mostrarse bien audaces porque “le decimos sus verdades en la cara, ¡ja!”…

En efecto. El documental, que pretende seguir las huellas de los trabajos de Moore –con gráficas animadas y todo el rollo– sobrecarga su contenido en la educación primaria y secundaria seguramente porque hasta hace unos meses, ese era el nivel que por ley el Estado debía garantizar; deja fuera, empero, la educación preescolar, que cada vez es más importante y demandada y que pasa por crisis diversas y complejas, propias de su quehacer; deja también fuera la educación superior y los posgrados que apenas reciben menciones en gráficas para ilustrar el punto de la deserción por un lado y por el otro, el de los salarios. Este último punto, con unos números sumamente inverosímiles, pues a la gran mayoría de las personas con licenciatura no les pagan 14 mil pesos… No menciona el ahogo de la universidad pública por recortes presupuestales cada vez más sanguinarios, y tampoco habla de la embestida brutal que viven las licenciaturas en busca de su excesiva profesionalización. No dice que las universidades han sido tomadas por asalto por administradores que se preocupan más por los servicios y bienes y poco por lo académico, que es el quehacer universitario. Y por supuesto, nada se habla de las universidades privadas que se pierden en modelos de “excelencia” y que ofrecen formación igual o peor que las públicas, pero a costos elevadísimos. Puebla es un ejemplo excelente en este sentido, pues es una ciudad con una oferta educativa que linda con el absurdo y en la que pululan los farsantes… El problema de los posgrados se ve poco, pero afectará en un futuro, pues se están privilegiando posgrados vertiginosos y “profesionalizantes” por encima de la investigación; debería preguntarse el documental: ¿qué pasará con el desarrollo de nuevas tecnologías, el estudio de los fenómenos sociales, de las humanidades, de los estudios en torno a la ciencia?  Seguimos sin chistar modelos planteados desde una OCDE –que por cierto, no se cuestiona en el documental– o del FMI que nada tienen que ver con nuestra realidad.

Por si fuera poco, nada se habla de la educación intercultural, reto en extremo sensible en nuestro país, que oficialmente es multicultural, pero que deliberadamente es excluyente. Para muestra, vale la pena leer el excelente reportaje de Karina Avilés sobre el drama mazateco en la región de Tenango en Oaxaca, –publicado en este mismo diario el martes pasado–, donde hay comunidades indígenas monolingües que carecen de todo tipo de oportunidades –entre ellas, de ser educados en los planes y programas de la SEP– por no hablar castellano. ¡Vamos!, ni siquiera pueden recibir el apoyo de “Oportunidades”, pues no entienden y no pueden seguir las instrucciones de los manuales. He escuchado, por parte de alumnos y algunos colegas –no sin  estupor– que, quizá por ser minoría, no deberían recibir presupuestos. Integrarse o morir… Al salir del cine nada me sorprendió la pregunta de un padre a su hija adolescente: “¿te fijaste cuánto gana alguien con licenciatura?” Ya no es importante la formación, sino el dinero que puedas producir con ello. No, definitivamente el problema de la educación no es menor; flaco favor le hacemos analizándolo de manera superficial, muy a lo Televisa...

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