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Con Javier Sicilia va mi voto razonado por una república amorosa

Por: Anamaría Ashwell

2012-02-03 04:00:00

 

Es febrero y en Cholula cayeron talados viejos, enormes árboles, algunos vitales que cumplían un centenario bordeando la vieja carretera, adornando el antiguo camino real hacia Tonanzintla y de allí a Acatepec. Los alcaldes de las dos Cholulas autorizaron la tala porque el gobernador Rafael Moreno Valle (según me dijeron vecinos) ha prometido modernizar esta ruta turística, abriéndole paso a los automóviles, atrayendo con ello “progreso” y “beneficios” para los cholultecas. Cualquiera con un poco de reflexión hubiera pensado que para transformar a las Cholulas en “pueblos mágicos” y atraer turismo, sus calles estrechas, su arbolado maduro, el paisaje arquitectónico que muestra su antiguo abolengo hubieran sido su atractivo mayor. Pero el “progreso” esta vendido a los cholultecas con vías modernas para el automóvil, con escenografías a la medida de Televisa y con desprecio por el legado y la historia incómoda, compleja de su mundo prehispánico. Las Cholulas serán “mágicas” barridas de su antiguo arbolado, o lo que quedaba de éste; esos árboles que siempre estorbaron a estas ideas gastadas y superficiales de la modernidad. La misma que llevó a Oaxaca Carréon (2002–2005) a talar 10 jacarandas maduras en el zócalo de San Pedro para ampliar el estacionamiento de coches; que llevó a J.P.Jiménez (2005–2008) a talar el arbolado centenario de la 12 Poniente y a F.Covarrubias (2008–2011) a destruir, con permiso del INAH Puebla, una zona arqueológica del pos clásico indígena cholulteca (porque la tala anterior en la partes altas contribuyó a inundar las zonas bajas donde San Pedro colinda con San Andrés y para remediar lo que ellos mismos provocaron la ciudadela pre–hispánica se volvió un drenaje de agua negras y el alcalde de San Andrés construyó en el cruce, a cambio de las estructuras originales, una pirámide nueva con varilla y cemento). Ahora, D. Parra (2011–2014) y M. Huepa en San Andrés apuestan a más talas y los últimos ejemplares de árboles centenarios en zonas urbanizadas desaparecen mientras todos aplauden el tráfico y la contaminación vehicular que dominará el antiguo pero ahora “moderno” paisaje del mágico corredor turístico cholulteca. Todos son y han sido gobernantes provenientes de una misma cultura política local (alternándose entre el PAN y el PRI y algunos actualmente metamorfoseándose de “izquierdas” para impulsar sus carreras con López Obrador);  y todos han alentando la contaminación, el agotamiento de acuíferos y la dramática deforestación de los suelos cholultecas mostrándose indiferentes a la vez a la leyes que protegían su patrimonio edificado (en 1991 Dirk Bühler aún registraba 466 edificios del siglo XVI en San Pedro de los cuales quedan hoy, quizás, seis. Ver mi ensayo“La Pelea por Cholula” Revista Bulevar. 2005). Una misma élite política aunque hoy fracturada que busca gobernar, como dice J.Sicilia, mediante el autoelogio, la autocomplacencia, con promesas vacías, y para seguir administrando las desgracias que llaman “modernización” en Cholula como sucede en todo el territorio nacional. Desde el año 2000 de la mal llamada transición democrática ciudadanos informados venimos advirtiendo, denunciando, criticando incasablemente, acciones de gobiernos federales así como a gobernadores y alcaldes locales que desperdician recursos, implementaron políticas de seguridad nacional asesinas, muestran corrupción en el manejo del erario público, promueven la  degradación ambiental, patrimonial, y a los políticos mismos que gobiernan manoseando el estado de derecho y nunca en favor del bienestar colectivo. Y el sentir ciudadano que desconfía de todos los políticos y los partidos ha ido en aumento porque crecientemente vimos que la democracia tan vociferada en México había resultado, como dice Javier Sicilia, solo en el negocio de los partidos, de los medios de comunicación, de corporaciones privadas y públicas y de unos cuantos políticos hegemónicos. J. Sachs y F. Fukuyama señalaron hace tiempo el dilema de una sociedad que vive criticando la ineficacia de sus gobernantes; describieron lo que sucede en países (señalaron a América Latina en general) cuyos ciudadanos critican, desconfían y demuestran corrupciones sin que los gobernantes ni las instituciones se rectifiquen. Los gobiernos en toda América Latina, como en México, se encuentran entrampados, escribieron, en un círculo vicioso que economistas llaman “la trampa de bajo equilibrio” en la cual la corrupción ciudadana también aumenta porque todos viven convencidos que si el gobierno es corrupto, ineficaz e inmoral por qué ellos deben comportarse de otra manera. ¿Por qué pagar impuestos, explica Sachs, si el gobierno despilfarra o lo gasta en corruptelas? Con este razonamiento la calidad de los gobernantes decae, las instituciones de gobierno se debilitan o se corrompen y todos quedamos entrampados, contribuyendo, en sostener un Estado sin recursos, talentos ni transparencia. Y así llegamos, nosotros en Cholula sin los árboles centenarios, a esta contienda electoral presidencial de 2012 y con un solo y posible candidato, AMLO, escindido él mismo de esa clase política que monopoliza largo tiempo la administración de las desgracias nacionales. Y sacudidos por una crisis ética de proporciones intolerables: son más de 60 mil muertos (según el periódico Zeta de Tijuana cuya autoridad moral en estos cálculos es incuestionable) que reclaman madres, padres, hijos y amantes porque la asesina estrategia de seguridad nacional del gobierno de Felipe Calderón provocó una guerra que los sacrificó y que nunca, nunca, se puede ni se va a ganar a balazos.

La propuesta política de AMLO en esta contienda electoral, cuando resurgió después de la derrota de 2006, la resumió con una invitación a construir con él una “república amorosa”. Sicilia tiene razón al cuestionar la palabra “amorosa” asociada a la república y sería más certero insistir en una “república virtuosa”; pero “amorosa” o “virtuosa” lo que se pugna es por una sociedad que orienta a sus gobernantes hacia la construcción de un modelo de sociedad que desplaza esa racionalidad de maximización utilitaria (como le llaman los economistas) en la cual el beneficio social se genera solo cuando cada individuo persigue sus intereses particulares mientras percibe como obstáculos todas las normas, leyes o reglas que no le permiten maximizar sus ganancias. Y pugna por un viraje en la moral pública en la que ya no se maximiza ni reverencia el derecho del individuo a sacar su ganancia, a salirse con la suya, una que le permite dar rienda suelta a sus ambiciones personales o de grupo, a costa de escamotearle al bienestar colectivo y al estado de derecho. Una nueva moral pública más propiamente virtuosa que es de construcción lenta, como explica Sicilia y que no pasa por una discusión solo ideológica y mucho menos por una contienda electoral coyuntural como la actual. Sicilia tiene la razón, a mi entender, cuando explica que en esta emergencia nacional no existe el mínimo suelo para articular, hacer viable, esa nueva ética pública solo desde los resultados de estas elecciones. Menos aún cuando en estas elecciones se busca acotar la corrupción, la violencia y las desigualdades sociales prometiendo AMLO quizás lo inalcanzable (“Prometer no empobrece” como escribe críticamente Carlos Elizondo Mayer–Serra en Reforma – 19 enero) para poder ganarse a un electorado que igual que los políticos se muestra avasallado por una deficiente educación y sometido a la propaganda mediática escupida por el duopolio televisivo. Menos aún cuando vemos que la república amorosa o virtuosa tiene que ser incluyente con políticos oportunistas de rancio abolengo autoritario, actores centrales del viejo régimen, que buscan llegar al poder sobre las espaldas de esta propuesta, como dice Sicilia, para simular un servicio a la gente que sufre aunque en verdad solo para obtener provecho propio. Pero en 2010 AMLO no suscribió la alianza electorera en Puebla y algunos leímos en su postura la convicción (no el error pragmático y político que muchos analistas le atribuyeron) que no se trataba de ganar elecciones al saurio PRI–ista a cualquier costo y mucho menos aliado con los artífices de esta emergencia nacional que disparó el número de muertos en el país a niveles insoportables. Entre los “ciudadanos de cada día” como nos llama Sicilia AMLO adquirió por eso cierta estatura moral. Ahora, compartiendo algunas observaciones de R. Bartra (El País – 16 Dic), las reticencias de Sergio Aguayo, en total concordancia con Javier Sicilia, impotente ante acciones de gobierno que destruyen “modernizando” mi ciudad, es decir mi casa,  pienso que debo salir a votar esperanzada con esa república amorosa porque es urgente dar algún paso hacia la construcción de un país con virtud en el cual, como dice LeBaron, los ciudadanos, sin temor, podremos empezar a retirarle al gobierno el monopolio de un poder que ha ejercido de manera corrupta y criminal.

Además, opino con Sicilia que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, derruir el Costo–CM del Casino de la Selva, esclarecer los crímenes de las asesinadas de Juárez, sacar a la minera de San Xavier del cerro de san Pedro, liberar a todos los presos de la APPO, hacerle juicio a Ulises Ruiz, cambiar la estrategia de seguridad y resarcir a las víctimas de la guerra de Calderón... detener la excavación del sub suelo del Viaducto Moreno Valle en zona de monumentos, respetar leyes de patrimonio, resarcir los daños al erario público por gastos exorbitantes en obras para el automóvil y publicidad personal del gobernador Moreno Valle, hacerle juicio a M.Marín, detener la tala de árboles maduros y reorientar el gasto público hacia los municipios indígenas de Puebla donde se concentran los más pobres entre los pobres de toda la República Mexicana.

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