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CICE 2012 y la interacción

Por: Israel León O’farrill

2012-09-13 04:00:00

 

Sandra Massoni y Rafael Alberto Pérez, ambos creadores de una nueva teoría estratégica, coinciden en que la articulación de las percepciones es aquello que definiría a la comunicación y ésta, a su vez, es el lugar de “encuentro, de hibridación y transformación”, condición natural de un mundo que se mueve. En efecto, en su libro, Hacia una Teoría General de la Comunicación Estratégica, ellos sugieren que el sujeto cambie de postura y pueda “asumir el paradigma de lo fluido. De ver el mundo como una colección de objetos estáticos que podemos tomar, manipular, clasificar y después devolver a su espacio físico a entenderlo como un conjunto de procesos y sistemas dinámicos que fluyen sin cesar. Se trata de tomar conciencia de que «...tratamos con objetos que en realidad son procesos»”. Ya muchos otros autores, desde múltiples posturas han hablado de la interacción como algo fundamental para comprender a la sociedad, para explicar a las culturas y poder observar la realidad como un entramado complejo de procesos donde se insertan los individuos. Un universo construido por los propios sujetos con manifestaciones simbólicas, tangibles, estructurantes de su entorno y que finalmente pueden ser visualizadas a través de su accionar. Nadie actúa sin haber sido marcado por su entorno, cultura y tiempo; y que, como bien diría Clifford Geertz, el ser humano, al ser un animal “inserto en tramas de significación”, bien puede estar predeterminado su accionar en función de esos mismos entramados. Es ahí donde quiero poner el acento: en el accionar y en el fluir natural de los procesos. 
Ambos autores, junto con un nutrido grupo de especialistas y estudiosos de la Comunicación Estratégica han intercambiado puntos de vista y posturas teóricas en estos días en el Complejo Cultural Universitario y en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UAP en el primer Congreso Internacional de Comunicación Estratégica, convocados por la Facultad en la celebración de su XV aniversario. El Congreso tiene como título “Innovación para el desarrollo” que fuera de ser una frase hueca, adquiere un sentido fundamental en reflexiones como las que más arriba he expuesto. No se trata de la innovación per se como tanto pregonan adoradores del discurso del mercadeo más ramplón; tampoco se trata de un desarrollo sustentado en un progreso mal entendido –de pisos de cemento, pizarrones inteligentes y tanta acción confundida con política pública, muy al estilo de los últimos doce años en nuestro país– que trae como consecuencia injusticias y soluciones a medias. Siguiendo estos argumentos, se trataría de un proceso creado por individuos, vivido por individuos y que tiene lógica en el entorno de esos individuos. Es pertinente decir que los especialistas que participan de este Congreso responden a sus propias formaciones, a sus matrices teóricas, entornos y realidades y de ahí lanzarán sus propuestas; igualmente, aquellos que aprovechen o no lo que acá se ha dicho, comentado y discutido, también lo harán a partir de las mismas premisas. Fascinante proceso que se verifica en todo encuentro académico, razón última y purísima que les da sentido. 
Sin embargo, en el entorno mismo de este congreso, se manifiestan vientos de un conservadurismo cercano a la inmovilidad, a la inacción; actitudes que distan de lo académico y se retuercen en la estulticia y la mezquindad en una suerte de festín en el que el platillo principal es el encono, el engaño y la manipulación. Resulta lamentable que no sea el debate académico lo que a momentos se discuta en pasillos y recesos, sino el cotilleo en torno a figuras que de tan presurosas por definirse como los auténticos representantes de toda una comunidad sin siquiera trabajar para serlo, se atropellan unas con otras y acaban por llevarse entre las patas el esfuerzo de una buena cantidad de personas que no han hecho otra cosa que trabajar. En esencia representan lo contario a los puntos centrales de esta entrega: su interaccionar, fluir y articulación están soportados en la inacción, el capricho y la desarticulación. Menester es reconocer el esfuerzo de una comunidad académica, integrada por estudiantes, docentes y administrativos que ha logrado conjuntar esta temática, central en los estudios de comunicación recientes, en un Congreso cuyo impacto es inmediato y que a corto y mediano plazo será referencia. Para ellos, mi reconocimiento en estas líneas. Nuestra Universidad es actor fundamental en el fluir del estado y de la región; la articulación que provocamos como comunidad con el entorno académico y su posible impacto social a través de este Congreso es lo que nos da razón de ser. Por tanto, más allá de grillas y bajezas, nuestro accionar se debe al trabajo serio, comprometido, siempre teniendo presente que lo hacemos para impactar a la sociedad como guías de los jóvenes que mañana serán los que fluyan en sus propios procesos dinámicos. Este Congreso internacional es un marco estupendo para la reflexión académica y el intercambio en esos términos. No obstante,  nos debe quedar claro que no es el único que nos espera, pues la Comunicación como disciplina tiene múltiples aristas que han de ser discutidas próximamente en más eventos de este tipo. En todo caso, es prioritario que por fin entendamos el papel notablemente social que encarna nuestra Universidad que es pública y que lleva un compromiso con los poblanos y con la región, y no con personas y grupúsculos acomodaticios y oportunistas. Academia ante todo, esa es la apuesta.
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