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Chagas y los parásitos

Por: Israel León O’farrill

2012-07-12 04:00:00

Ya que las redes sociales y grupos diversos –entre los que se cuentan los gloriosos #132– se están encargando de denunciar la compra de votos y la estulticia de la inminente y soñadora pareja presidencial, he de abordar un tema que merece atención. En junio pasado el editorial de la PLoS Neglected Tropical Diseases, una publicación de la Public Library of Science en Estados Unidos dio cuenta de una epidemia silenciosa que está afectando a Latinoamérica –especialmente a la región centroamericana– llamada la enfermedad de Chagas, propiciada por el Tripanosoma Cruzi, un parásito que se hospeda en el intestino de la Triatoma Infestans, insecto comúnmente conocido en nuestro país como la “chinche besucona”, pues suele picar alrededor de la boca de sus víctimas para extraer sangre. Al hacerlo, desplaza materia fecal misma que expulsa junto con el parásito y queda cerca de la zona afectada; al rascarse el sujeto, introduce el parásito en la herida y el torrente sanguíneo. Dicho mal –que en algunos reportajes aparecidos en publicaciones importantes de ese país como el New York Times o la revista Forbes se dice que se equipara ya a los inicios del VIH– afecta a cerca de 10 millones de habitantes de la región y según esta última revista, podría haber entre 300 mil y un millón de casos en Estados Unidos. De acuerdo al editorial de Plos, 30 por ciento de los 10 millones de casos podrían desarrollar problemas cardiovasculares y gastrointestinales relacionados con el parásito que generalmente llevan a la muerte. Dicho mal es prácticamente incurable y su tratamiento para controlarlo es costoso y sumamente tóxico. La chinche medra en zonas de alta marginalidad donde las condiciones de higiene son precarias y la atención médica mínima. Por tanto, resulta ser una enfermedad relacionada con la pobreza y los deficientes o nulos programas de salud: en pocas palabras, una enfermedad característica de regiones como América Latina, incluido México.

Hace años –no recuerdo bien si fue en 2005 o 2006–, me enteré de que existía esta enfermedad, pues supe que se realizaría un estudio sobre la chinche y el parásito en nuestro país a través del financiamiento de un laboratorio norteamericano. El estudio habría de ser desarrollado por especialistas de varias instituciones en México y de otros países en Centroamérica para desarrollar medicamentos más efectivos para el control de la enfermedad. La preocupación radicaba en que no sólo es transmisible por la intermediación de la chinche, sino por transfusiones sanguíneas y por herencia. Ello, por supuesto, alarmó a las autoridades estadounidenses por la migración latina a ese país, y varios laboratorios vieron en el caso un excelente nicho de mercado. Bien, hasta aquí todo suena interesante; sin embargo, he de decir que el medicamento sería desarrollado a partir del estudio conducido en América Latina, pero para su venta exclusiva en tierras del Tío Sam, no en los países donde dicha enfermedad es una epidemia. Es decir, seríamos sujetos de estudio, pero no beneficiarios de sus resultados. Lo anterior debiera escandalizarnos y hacernos voltear la mirada hacia la voracidad de los intereses internacionales y de la dudosa mediación de nuestro Estado, supuesto garante de nuestra salud.

Por si fuera poco, estamos vulnerables a la rapacidad de laboratorios y especialistas de otras latitudes que amasan enormes fortunas con la explotación de la enorme biodiversidad que tenemos y que, descaradamente y con la anuencia de las autoridades, patentan a nivel internacional sin que podamos hacer nada. Es justo lo que denuncian diversas comunidades indígenas en Chiapas en el llamado Museo de la Medicina Tradicional que se encuentra en San Cristóbal de las Casas, ahí se da cuenta de la cantidad de plantas y yerbas que han sido “pirateadas” por empresas y laboratorios para usufructo de unos cuantos y ya no de las comunidades primordiales. Pero no sólo eso, recientemente leí que fue patentado por una empresa argentina un procedimiento antiparasitario encontrado en el pozol, bebida elaborada con maíz  en varias regiones de México –como en Chiapas y Campeche– y que, por tanto, sólo podría ser explotado por los detentores de la patente a menos que se quiera pagar derechos… ¡por un producto tradicional de nuestras comunidades!

Es necesario que vigilemos este tipo de investigaciones y que se incrementen los presupuestos para la investigación científica y tecnológica para que no sólo seamos conejillos de indias; es necesario también el desarrollo de una cultura de la salud, sustentada en la prevención, la investigación y el crecimiento del sector de producción de fármacos nacional; es necesario, finalmente, que se respeten los conocimientos tradicionales y que los adaptemos a la enseñanza de la medicina y su ejercicio. Debemos poner el ojo justo donde otros lo están haciendo. ¡Ahhh, pero lo olvidaba! El grupo que hoy toma el poder dará vales de medicinas para engordar las ya de por sí obesas arcas de los “simis” y sus dueños en el Partido Verde, negocio redondo… Y mientras, el Chagas, sus parásitos –así como los de las grandes corporaciones, partidos políticos y secuaces– seguirán prosperando.

 

P.D. Por primera ocasión en cuatro años, me tomaré unas vacaciones, por lo que no aparecerá mi artículo semanal hasta principios de agosto. ¡Hasta la próxima!

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