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Boateng

Por: Juvenal González González

2013-01-10 04:00:00

Todos los cerebros del mundo

son impotentes contra cualquier estupidez que esté de moda.

Jean de La Fontaine

 

En Italia existe un equipo de futbol de cuarta división (con afición de quinta) llamado Pro Patria (que irremediablemente remite al Duce Mussolini). La semana pasada ese patriotero equipo fue anfitrión del ilustre Milán para disputar un partido “amistoso”.

En el célebre equipo milanés, como en todos los grandes equipos del mundo, alinean varios jugadores negros, mismos que fueron víctimas de la afición local que los hostigaba con insultantes gritos y cánticos racistas. En un momento dado el brillante mediocampista alemán de origen ghanés, Kevin–Prince Boateng, se hartó de los incesantes insultos del “respetable” y pateó un balonazo hacia la tribuna más agresiva y se retiró de la cancha.

Solidarios con su compañero, el resto del equipo también se retiró del partido y el hecho se convirtió en noticia mundial. No es la primera vez, y por desgracia tampoco será la última, que la barbarie racista se hace presente en el deporte y las canchas, pero sí la primera que uno de los agredidos se retira de la contienda seguido por el resto del equipo, en manifiesto rechazo a tales conductas.

La gallardía de Boateng recuerda la gesta de los negros atletas norteamericanos levantando el puño enguantado al recibir sus medallas en los Juegos Olímpicos de México en 1968. No son anécdotas, son páginas de la larga y sinuosa historia contra la discriminación y la intolerancia. Importante destacarlo porque en diversas partes del mundo, sobre todo en Europa, los partidos de ultraderecha se han venido fortaleciendo y, con ellos, toda una panda fascistoide cada vez envalentonada y agresiva.

Hoy no son los judíos los responsables de todos los males y la crisis sistémica, ellos se han convertido en los héroes de la película, nunca mejor dicho. Ahora son los africanos, asiáticos, sudacas, chicanos, musulmanes, et al, el oscuro objeto de la discriminación y las embestidas nacionalistas, raciales y políticas.

Los genes esclavistas y colonialistas son más resistentes de lo que suele pensarse. Son el caldo de cultivo ideal para los demagogos de la “superioridad” y la “pureza” étnicas. Es por ello que en coyunturas como la actual, sus afiliados y aliados se multiplican como hongos y se cuelan por cuanta rendija encuentran y ocupan cualquier espacio que la permisiva democracia les deja.

Y la experiencia demuestra que las medidas coercitivas son ineficaces y hasta contraproducentes para combatirles. Es la educación, siempre la educación, la manera correcta y eficaz de abatir la ignorancia y los prejuicios que subyacen en toda ideología atentatoria contra los derechos humanos.

Por eso es fundamental ganar la batalla por la educación universal, laica, gratuita y obligatoria en todos los niveles. Dejarla en manos de mercaderes es un suicidio social. Y lo mismo aplica para la batalla por los medios, complemento indispensable de una política educativa integral.

De lo contrario, como vemos todos los días, se cae en el síndrome de Penélope: lo que se teje en la escuela aula se desteje en el hogar. Inútil hablar de “reforma educativa” si los medios, muy especialmente la televisión, están sujetos a los intereses de mercachifles de la estulticia y la estupidez; el individualismo y la avaricia; el inmovilismo y la enajenación.

Solo a manera de ejemplo analice lo siguiente: el gobierno y ciertos sectores de la población invirtieron e invierten grandes esfuerzos y recursos, para hacer vigentes el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) y la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación. En sus postulados se afirma que: “El origen étnico o nacional, el sexo, la edad, la discapacidad, la condición social o económica, la condición de salud, el embarazo, la lengua, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil y otras diferencias pueden ser motivo de distinción, exclusión o restricción de derechos.”.

Mientras tanto, volviendo a los estadios de futbol, se ha puesto de moda que al portero rival, cada vez que despeja, un coro monumental le grite ¡puto!, ante la algarabía burlona de chicos y grandes y la absoluta complacencia cómplice de todos los medios. Así, en un abrir y cerrar de ojos se van al caño los promocionales, las campañas y todo lo hecho para generar una conciencia social de respeto a las diferencias sexuales.

Y tirando de esa hebra se va a encontrar que lo mismo aplica para todos los valores cívicos, éticos, solidarios, comunitarios, igualitarios y libertarios. Lo que dicen padres y maestros, lo que se dice en las aulas y los libros, nada o muy poco tienen que ver con lo que ocurre en la vida cotidiana.

O sea, un verdadero pacto por la educación es mucho más que buenas intenciones, un bello discurso y una linda foto. A poco no.

Cheiser:Para eso me gustaba. El rico y famoso Gerard Depardieu solicitó y obtuvo la ciudadanía rusa. Renunció a la francesa para evitar pagar 75 por ciento de impuestos sobre sus ganancias por arriba del millón de euros anuales, que pretende aplicar el gobierno de Francois Hollande para sortear la crisis financiera de Francia. No hay duda, el dinero y la avaricia no tienen patria. Ni matria. 

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