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¿Y qué es el teletrabajo?

Por: Samuel Porras Rugerio

2013-01-30 05:28:02

 

Decíamos que… el trabajo, como categoría del derecho, posee una acepción específica que encontramos en la legislación que se ocupa de él. La Ley Federal del Trabajo, en su artículo 8 ha señalado: “…se entiende por trabajo toda actividad humana, intelectual o material, independientemente del grado de preparación técnica requerido por cada profesión u oficio.” El trabajo es descrito mediante una generalización: ‘toda’ actividad humana.

Como consecuencia, en tal ley no existe alusión alguna al “trabajo” resultado de esa actividad pues se encarga, únicamente, de regular los procesos de contratación y repulsa de dicha actividad encarnada en los trabajadores; es decir, fija las condiciones de adquisición y desecho de la fuerza de trabajo. El resultado del esfuerzo físico o intelectual de los trabajadores, es decir, los bienes o servicios producidos por ellos quedan fuera de esta legislación, pues ya como “productos” están sujetos a las leyes civiles como “propiedad privada” y a las leyes mercantiles como objetos de comercio, como mercancías. La ley hace ajeno a los trabajadores el resultado de su esfuerzo y creación.

Que la ley laboral incluya esta descripción del “trabajo” ¿significa que regula “toda” actividad humana intelectual o material? Por la amplitud significativa de la expresión la respuesta es, no. Tal descripción, en el contexto de la citada ley, sólo cumple la función de antecedente lingüistico para el establecimiento de la estructura lógica de la normativa laboral. Si bien dicha ley es rotulada como “del trabajo”, cuando uno se introduce en su contenido lo que encuentra es una descripción de las formas en que se relacionan los empresarios con los trabajadores, sindicatos y el Estado.

Por cuanto hace a los seres humanos que intervienen en esa relación laboral, vemos a dos sujetos activos: “trabajador es la persona física que presta a otra, física o moral, un trabajo personal subordinado.”; y, “patrón es la persona física o moral que utiliza los servicios de uno o varios trabajadores” (artículos 8 y 10); una circunstancia de tiempo: “jornada de trabajo es el tiempo durante el cual el trabajador está a disposición del patrón para prestar su trabajo” (artículo 58); y una contraprestación: “salario es la retribución que debe pagar el patrón al trabajador por su trabajo” (artículo 82). Estas disposiciones indican que la legislación laboral regula, no la actividad laboral en sí misma sino las relaciones entre seres humanos que surgen con motivo de ella. Relaciones de la producción. Es necesario precisar que la persona moral o jurídica  es una creación del derecho, pues en realidad se trata de “un grupo de individuos tratados por el derecho como una unidad, es decir, como una persona que tiene derechos y deberes distintos de los de los individuos que la componen”

En las expresiones “trabajo personal subordinado”, “utiliza los servicios” o “está a disposición del patrón” se advierte que la Ley Federal del Trabajo  acota su campo de regulación exclusivamente al trabajo personal subordinado. Este tipo no agota las posibilidades de prestación del trabajo pues existe también el trabajo personal que no es subordinado, sino independiente; mismo que, por esta razón, queda fuera del alcance de esta ley. En ambos casos la calificación de quien desarrolle el trabajo, es decir, la preparación técnica requerida por cada profesión u oficio, no es factor determinante para que el trabajo se preste de manera subordinada o independiente. El manejo de las nuevas tecnologías para el desempeño del trabajo implicará mayores niveles de ejecución e importancia del trabajo desde luego, pero parece claro que tal manejo puede hacerse por cualquier individuo que posea una profesión u oficio que lo relacione con aquellas.

¿Cuál es, entonces, la condición que debe cumplirse para que el ‘trabajo’ adquiera la categoría de teletrabajo? Nosotros opinamos que la condición para que opere ese tránsito o conversión,  está en el uso habitual de las nuevas tecnologías para el desempeño del trabajo, cualquiera que este sea. Con tales elementos podemos establecer una aproximación propia: teletrabajo es la actividad humana, física o intelectual, que desempeñándose con el uso habitual de las nuevas tecnologías, puede ser prestado, jurídicamente, conforme a sus dos posibilidades de realización: de manera subordinada o independiente; las mismas formas en las que se desempeñan las profesiones u oficios.

Tener presente esta consideración evitará incurrir en posteriores confusiones. Las propias previsiones de la exposición de motivos en el sentido de: aprovechar los avances de las tecnologías de la información y comunicación para prever que el pago de salarios se pueda realizar a través de medios electrónicos, por lo que podrán efectuarse a través de depósito en cuenta bancada, tarjeta de débito, transferencias o cualquier otro medio electrónico.(…) Prever la utilización de herramientas tecnológicas, para facilitar la impartición de justicia laboral, lo que permitirá agilizar y transparentar la tramitación de los juicios, aumentar la productividad y eficiencia y, en general, modernizar a las Juntas de Conciliación y Arbitraje; exhibieron el absurdo de ubicar al teletrabajo como simple trabajo a domicilio.

La trascendencia social del teletrabajo radica en ser el ariete con que el empresariado trasnacional, utilizando a los Estados, rompe a escala planetaria las declaraciones políticas fundamentales sobre las que se sustentaron los principios tradicionales y las reglas del derecho laboral que emanaron del proyecto social del Estado de bienestar; dicho fenómeno ha roto las reglas y ritmos de la producción que trajo la revolución industrial e instala otras como resultado de los avances de las nuevas tecnologías cuyo efecto más notorio es el incremento de la producción con reducción de tiempo de trabajo humano. Esta es la esencia del teletrabajo.

–¡Híjole, aún  no termina el tema!  –¡Uuuh, esto ya parece película de Rambo! –Ni modo. Así lo exige la ciencia… y el espacio.     

 

1Kelsen, Hans, Teoría general del derecho y el Estado, 3ª. ed., trad. Eduardo García Maynez, México, UNAM, 2010, Colecc. Textos Universitarios, p.113.

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