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Lo verdaderamente humano

Por: Rafael H. Pagán Santini

2013-06-19 04:00:00

 

Cada día hay que tener más cuidado al señalar cuáles son las características exclusivamente humanas. Desde un punto de vista biológico, todos los animales poseen el mínimo o “núcleo” de lo hoy llamaríamos un “yo”. El núcleo del yo representa el nivel más bajo que puede ser considerado como consciente, es un tipo de inmediatez, limitada a lo que es inmediatamente presente, una consciencia irreflexiva. El Yo mínimo o núcleo, por lo general, es segmentado en el yo–agente (el yo que actúa), el yo–experimentador (el yo que experimenta) y el yo–sujeto (el yo que puede actuar sobre otras entidades en el entorno). En el caso de los animales este “núcleo o yo mínimo se produce cada vez que el procesamiento de un objeto modifica el proto–yo. El concepto de proto–yo, acuñado por Antonio Damasio, es la recolección de patrones de actividad neuronal de corto plazo, el cual representa el estado actual del organismo. El proto–yo recibe señales neurales y hormonales de los cambios viscerales, por ejemplo, cuando un objeto es visualmente sentido y el lente y la pupila del organismo deben ser ajustados. Aunque no es considerado un estado consciente, éste constituye el precedente biológico del “yo”.

El yo, desde el punto de vista biológico, es la respuesta emergente que el cerebro produce a las señales corporales que surgen del sistema sensorial y motor de un agente individual1. Estas señales predominantemente motoras sirven para distinguir el sentido de agencia corporal de las señales evocadas por el movimiento de otros animales o agentes corporales. El sistema motor se mantiene constantemente activo a través del desarrollo propioceptivo del sentido corporal. La integración de las señales provenientes del sistema sensorialmotor con las de memoria genera un sentido de yo–experimentador de un mundo sustituto.  

Hasta hace poco se pensaba que el animal posee una individualidad biológica pero no un verdadero yo, no es consciente de sí mismo. Aunque, los animales tienen un “recuerdo presente”, mantenido por la actividad en tiempo real del núcleo dinámico, no posee el concepto de pasado y presente. Estos conceptos emergieron sólo cuando las capacidades semánticas, la habilidad para expresar sentimientos y referirse a objetos y a eventos por medios simbólicos, aparecieron en el curso de la evolución2. Sin embargo, recientemente se demostró que los chimpancés tienen conciencia de sí mismos, como los seres humanos.

Los chimpancés logran diferenciar las acciones originadas por ellos y los acontecimientos idénticos, pero que escapan totalmente a su control. Muchos científicos habían señalado ya la capacidad de ciertos animales, en particular los grandes simios, de reconocerse en un espejo. La prueba más utilizada es pintarles una marca en el cuerpo que no pueden ver sin mirarse en un espejo y comprobar si tratan de borrarla o no. Eltest del espejo probaba las capacidades cognitivas de los monos, pero la controversia persistía sobre los mecanismos que les permiten identificarse, dada la imposibilidad de compararlos con los de los humanos. La prueba de los cursores en la pantalla de una computadora demuestra que los chimpancés analizan los efectos de sus acciones sobre el mundo exterior. En los humanos, la “agentividad”, o capacidad de reconocerse como un agente independiente procede sobre todo de la facultad de relacionar el resultado esperado de una acción con el resultado efectivamente producido. Estos resultados sugieren que los chimpancés y los humanos comparten los mismos procesos cognitivos fundamentales que fundan su conciencia de sí.

La consciencia es una experiencia subjetiva de las funciones cognitivas. En otras palabras, la conciencias es una experiencias del “sí mismo” en el pensar. Debido a que el “sí mismo” no es una función cognitiva en sí, carece de un sustrato neuronal. Por lo tanto, la consciencia debe considerase como un fenómeno concomitante del pensar, de la cognición. La experiencia consciente emerger de cualquiera de las funciones cognitivas. Es por esta razón que al estudiar su sustrato neuronal encontramos que la arquitectura cortical de la consciencia es la arquitectura de las funciones cognitivas: percepción, memoria, atención, lenguaje e inteligencia3.

La conciencia de orden superior, conciencia que posee el ser humano, descansó sobre el substrato neuronal que sustenta su capacidad simbólica. La capacidad simbólica inherente sólo pudo entrar en acción y ponerse en práctica hasta que apareció un medio para organizar el pensamiento. El lenguaje, creado por el ser humano, fue el medio del que se sirvió el cerebro para sentar las bases del pensamiento simbólico. El lenguaje implicó formar símbolos intangibles en la mente, y permitió combinar símbolos en formas novedosas. Además, permitió elaborar la pregunta “¿qué pasa sí?”, lo que a su vez permitió relacionar el mundo en una forma diferente y sin precedente4. La consciencia de orden superior, involucró las interacciones sociales. Cuando la lingüística en plena capacidad basada en la sintaxis apareció en los precursores de los Homo sapiens, la consciencia de orden superior floreció, parte como el resultado del intercambio en una comunidad de parlantes. Sólo así la conciencia de estar consciente fue posible.

Sin embargo, la consciencia de orden superior, conscientes de que estamos conscientes, además descansa sobre el sistema de emociones primordiales. Estas emociones incluyen: la sed, el hambre, el dolor, la necesidad de aire, la necesidad de minerales, el despertar sexual y el orgasmo, la sensación que acompaña el impedimento de la función visceral (micción, defecar), el deseo de dormir después de periodo de privación de este, cambios en la temperatura del cuerpo, entre otros5. Estos elementos subjetivos, también identificados como instintos generalmente están programados genéticamente y mantienen la constancia físico–química del medio interno del cuerpo, proceso conocido como homeostasis. Obviamente, el salvaguardar la constancia físicoquímica del cuerpo está regulado por un sistema hormonal complejo, ésta también se mantiene a través de un sistema que crea sensaciones imperiosas, que luego genera el deseo y la intención de buscar aquello de lo que cuerpo carece, tales como el agua, la sal, los minerales, el aire, entre otros.

Las emociones primordiales han sido identificadas como sensaciones que se entrometen en la conciencia. En algunos casos a estas emociones se las asocia a deseos inconscientes, la parte primitiva, desorganizada e innata de la personalidad, cuyo único propósito es reducir la tensión creada por pulsaciones primitivas relacionadas con el hambre, lo sexual, la agresión y los impulsos irracionales. Sin menos cavar el efecto psicológico que el mal manejo de estas emociones pueda traer al ser humano, es necesario señalar que, éstas han emergido hacia la conciencia durante un largo proceso evolutivo porque son aptas para la sobrevivencia del organismo. En este sentido, las interacciones con el medio ambiente son un aspecto esencial de la experiencia consciente. Para poder sobrevivir en un ambiente natural complejo, el animal deberá aprender y retener en la memoria que estímulo predice (o que previamente haya sido asociado con) una recompensa, tal como comida, y cuál ha sido identificada como un castigo, tal como la que un depredador puede traer6. No podemos negar que los humanos somos herederos evolutivos del reino animal.

 

1Edelman GM. Y Tononi G., A Univers of Conscousness, Ed Basic Books, 2000, NY, USA.

2Ibid. Edelman.

3Fuster, Joaquín M., Cortex and Mind, (2003) Oxford University Press, USA.

4Tattersall I., (2004), What Happened in the Origin of Human Consciousness? The Anatomical Record (Part B: New Anat.) 276B:19–26.

5Denton, D. A. (2006). The primordial emotions: The dawning of consciousness. Oxford University Press.

6Hammer M. The neural basis of associative reward learning in honeybees. Trends Neurosci 1997; 20:245–52.

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