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El inconsciente

Por: Rafael H. Pagán Santini

2013-05-02 04:00:00

 

Al igual que el concepto de voluntad y del yo transcendental, el concepto de inconsciente es un constructo social que carece de sustrato neuronal. Además, de acarrear grandes debates, el término inconsciente adquiere nuevos significados dependiendo del grupo disciplinario que se apropie de él. Antes de iniciar nuestro artículo deseo señalar que no trataremos el estado donde se pierde la conciencia, ya sea por estar anestesiado o en coma. Aunque ordinariamente no manejamos estas definiciones conceptúales, en el momento de refiriéndonos a un estado inconsciente versos el actuar inconscientemente, la población en general entiende la diferencia. Basta señalar que en este artículo nos referiremos al inconsciente como el “lugar o ente psíquico desconocido para la conciencia”, concepto generalmente aceptado por la psicología.

Al día de hoy la neurociencia no cuenta con una técnica capaz de ser aplicada a los procesos identificados como inconscientes, todos los estudios se han hecho de forma indirecta. Esto ha obligado a presentar hipótesis de trabajo que orienten en la identificación del sustrato neuronal de la inconciencia, sin obtener mayores éxitos. Siguiendo esta misma línea de pensamiento indirecta, el inconsciente sería, pues, precisamente lo opuesto a la consciencia. La consciencia, la cual emana de las diversas funciones cognitivas: adquirir, codificar, almacenar, recordar y manipular la información sobre la naturaleza de su entorno, consiste en un estado unificado que integran múltiples componentes o microconsciencia (de color, forma, sonido, movimiento, olor, etcétera). Normalmente, la experiencia consciente resulta de la operación y la interacción de varias de estas funciones cognitivas. Ésta se nos presenta siempre como un todo integrado, de tal modo que, somos conscientes o no lo somos, pero nunca, salvo en casos excepcionales, tenemos la impresión de tener más de una consciencia al mismo tiempo.

La consciencia, pues, es un estado de la mente que surge mediante los mecanismos de resonancia, sincronización e integración funcional de la actividad neuronal de diferentes regiones corticales y subcorticales. Es importante tener en cuenta que la consciencia no es información directa adquirida mediante la percepción y el procesamiento de información. Este procesamiento tiene lugar en el cerebro y ocurre de forma totalmente inconsciente. Lo que la consciencia aporta, a su modo, es el resultado, el producto final de ese procesamiento1. Por consiguiente, el inconsciente es un procesador de información el cual entrega su producto a las áreas correspondientes del cerebro para hacer consiente su resultado. La información procesada proviene de la percepción, los conocimientos adquiridos, los valores innatos y de las respuestas parciales subjetivas que permiten valorar la información.

La actividad neuronal que se lleva a cabo inconscientemente procesaría la información que se retiene en la memoria en convergencia con las percepciones nuevas y los valores innatos del individuo. Por memoria debemos entender la capacidad de retener información sobre uno mismo o sobre el propio medio ambiente. Esto es la asociación e integración de la información en y a través del espacio y el tiempo. Además, debemos incluir en nuestro concepto de memoria todo el conocimiento que adquirimos, recuperamos y utilizamos sin estar conscientes de ello. Esto incluye las destrezas motoras así como el conocimiento perceptivo, el cual la mayoría de las veces se utiliza inconscientemente. En resumen, la definición de memoria debe de incluir un enorme trasfondo de experiencia que el organismo ha almacenado a través de su vida en el sistema nervioso para adaptarse al medio, ya sea si este es consciente o no2.

En este sentido tenemos que incluir el aprendizaje, sin el cual la memoria sería un evento parcial. El aprender significa producir una referencia básica a través de los patrones neuronales construidos e incorporados a lo largo de las diversas etapas comprendidas en la vida3. El aprendizaje es ante todo un proceso de adquisición de conocimiento originado por la experiencia. Pero, además, el cambio que produce la adquisición debe ser más o menos permanente; si no hay permanencia, no hay aprendizaje y la permanencia implica memoria. De acuerdo a Fuster, el conocimiento es la memoria de hechos y la relación entre estos hechos, los cuales al igual que la memoria se adquieren a través de la experiencia. Una distinción entre la memoria autobiográfica y el conocimiento reside simplemente en la presencia o ausencia de una limitación temporal, el contenido de la memoria tiene esta limitación mientras que el conocimiento no. La memoria nueva tiene fecha y se somete a un proceso de consolidación antes de ser almacenada permanentemente o convertirse en conocimiento. El conocimiento establecido es sin tiempo, aunque su adquisición y contenido pueda ser fechado. El conocimiento, para ser utilizado posteriormente, se ha de almacenar en el sistema cognitivo, donde sus cinco funciones (percepción, memoria, atención, inteligencia y lenguaje) comparten el mismo sustrato celular así como sus conexiones neuronales.   

El psicoanálisis contempla al inconsciente como la expresión psíquica de las pulsiones y deseos, el id–ello, la cual se encuentra en conflicto con las instancias morales. En palabras comunes, el instinto animal se enfrenta al ser racional. Sin embargo, si tomamos el comportamiento moral de un individuo vemos que su primera reacción es intuitiva. De acuerdo a Jonathan Haidt4, la intuición moral se refiere al proceso rápido, automático usualmente con carga afectiva, en donde una sensación de bueno–malo o de desagrado o agrado (sobre las acciones o el carácter de una persona) aparece conscientemente sin un apercibimiento, sin haber cursado ningún tipo de indagatoria, sin sopesar evidencia o inferir alguna conclusión. La intuición se genera a partir de imágenes explícitas relacionadas con un resultado negativo, pero en lugar de producir cambios perceptivos del estado corporal inhiben los circuitos neuronales reguladores del cerebro. Con la inhibición de la tendencia a actuar, o la promoción efectiva de la tendencia a inhibirse, se reducen las probabilidades de una decisión potencialmente negativa. Este mecanismo encubierto, es el medio por el que llegamos a la solución de un problema (o hacemos un juicio, nuestro) “sin razonar” con respecto de él5. Por lo que, un juicio intuitivo es una rápida representación mental de la serie de posibles situaciones y de las consecuencias vinculadas a tal juicio. Los mecanismos neuronales que producen la intuición son un medio para construir “predicciones”. Todo este proceso se lleva a cabo inconscientemente.

Por lo que podemos decir que el inconsciente no es otra cosa que la actividad neuronal que se lleva a cabo sobre la información innata, remota y actual, esto incluye las pulsaciones y deseos biológicos. La respuesta consciente incluye el aprendizaje que se ha tenido sobre esa memoria y en caso de una respuesta patológica se piensa en disfunciones orgánicas adquiridas o heredadas genéticamente. El inconsciente no es un ente o un lugar psíquico en sí mismo, es el proceso por el cual se codifica la información, recogiendo todo lo que esté a su alcance para el procesamiento a fin de ofrecer una respuesta que garantice la sobrevivencia del individuo. 

 

 

 

 

 

1Rev Neurol 2009; 49 (5). 251–256.

2Joaquín M. Fuster, Cortex and Mind, (2003) Oxford University Press, USA.

3Martel G, Millard A, Jaffard R, Guillou JL. (2006), Stimulation of hipocampal adenylyl cyclase activity dissociates memory consolidation processes for response and place learning. Learn Mem; 13: 342–8.

4Haidt J., (2007), The New Synthesis in Moral Psychology, Science 316, 998.

5Damasio A., (2002), El error de Descartes, Ed. Crítica, Barcelona.

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