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La Edad Media había nacido

Por: Marcos Winocur

2012-12-26 04:00:00

En fin, la Edad Media había nacido. No por azar dio por llamarse de ese modo: “Media” como un proceso de acumulación del cual no fue capaz la Antigüedad. Una vez más se partía de cero, pero sería la última. No se recompondrá un imperio a la manera antigua, sino será el feudalismo europeo. Y éste antes que ningún otro, llegará a tiempo para dar a luz al capitalismo.
Pero no nos anticipemos. Mientras tanto, se ha operado una recuperación de la condición humana. El subalterno, en tanto devenido siervo, ha dejado de ser cosa y es digno de ser evangelizado, su vida le pertenece en derecho y tiene de hecho acceso a la constitución de familia propia. Ahora bien, está adscripto a la tierra, y con ella como su accesorio de fuerza de trabajo, se vende, se arrienda.

Instrumento de trabajo y fuerza de trabajo, fundidos en la personalidad del esclavo, recobran identidad. El siervo recupera para sí la fuerza de trabajo. Pero, ni bien a ella accede, se ve compelido a su cesión a perpetuidad a favor del señor feudal. Ello trae aparejada una doble consecuencia:

a) El señor no debe retribución, salvo el beneficio de protección.

b) Los bienes del siervo pertenecen a su señor.

El siervo pudo, sin embargo, acuñar esta fórmula: “pertenezco a mi señor, que mi señor me dé de comer”. Naturalmente, sucedía lo contrario: el siervo daba de

comer a su señor. La fórmula hacia referencia a los malos tiempos, a las épocas de magras cosechas y de hambre apuntado, en circunstancial excepcionales, a un reaseguro: los graneros bien provistos del señor.

Lo que nos interesa es cómo la fórmula pone en evidencia la importancia concedida a la protección, que por lo demás, no se limitaba a la espada del señor. Vemos aquí resurgir, tras la nueva formulación del compromiso histórico, el instituto jurídico de la contraprestación. La capacidad contractual, perdida a manos del esclavismo, vuelve a ser actuada.

No obstante la desigualdad de las partes, señor y siervo, la prestación era mutua. Do ut des, te doy para que me des, la sentencia del derecho romano, pasaba de la cúspide patricia a concernir al subalterno, lo cual, por cierto, no ocurría con el esclavo: una cosa carece de capacidad contractual.

En esos términos se formulaba el compromiso histórico. Desde luego, la Edad Media, en particular la tardía, arroja otros personajes sobre el escenario. Pero, como lo señalan Ruggiero Romano y Alberto Teneti:

...aquellos grandes comerciantes, aquellos poderosos banqueros y otros geniales empresarios son, muy a menudo, epifenómenos, o, por lo menos, lo son si se les considera en relación proporcional con la verdadera y sustancial trama económica de su tiempo: la agricultura.

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