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Los celos, una emoción en debate

Por: Rafael H. Pagán Santini

2013-05-09 04:00:00

Tradicionalmente los celos se han identificado como un comportamiento negativo asociado al crimen pasional. Sin embargo, éstos son una respuesta emocional tan natural como cualquier otra emoción. Al igual que otros comportamientos humanos, éstos atentan contra el bienestar del individuo y sus congéneres cuando el sustrato neuronal que los sustenta es disfuncional, como en casos de Alzheimer, o se encuentra alterado por la presencia de sustancias tóxicas como el alcohol. Los celos son una respuesta emocional compleja que surge cuando una persona percibe la amenaza de la pérdida de algo que la persona valora. Esta emoción, denominada celos, involucra componentes afectivos, cognitivos y de comportamiento1. Aunque se pueden identificar diferentes cosas, personas o condiciones que pueden ser objeto de celos, comúnmente se denomina así a la sospecha o inquietud de la pérdida de la persona con la que se tiene una relación sexual–amorosa ante un rival imaginario o real.

El alto índice de criminalidad asociado a la violencia doméstica e indirectamente relacionados con eventos de origen por “celos”, enmascara una condición natural que puede variar desde lo socialmente considerado como normal a lo patológico. Sin embargo, si añadimos la multitud de sustancias psicoactivas que la población en general ingiere y por consiguiente afectan directa o indirectamente esta emoción heterogénea, se hace cada vez más difícil identificar la normalidad del comportamiento celoso. Las definiciones clásicas identifican el beneficio evolutivo de esta emoción con la procreación y el cuidado de la prole. La evidencia biológica–evolutiva reforzada por los estudios antropológicos no necesariamente apoya esta postura. Los celos surgen, hablando de relaciones sexual–amorosa, ante cualquier percepción de pérdida de una persona que el individuo valora, la monogamia heterosexual no ha sido la norma evolutiva.

Desde un punto de vista psicológico, se pueden distinguir dos tipos de celos que ayudan a comprender el extremo patológico de esta emoción: los celos reactivos y los celos sospechosos2. Los celos reactivos se disparan como consecuencia de una transgresión real, en particular cuando la relación sexual es alterada en el aspecto crítico de la exclusividad. En cambio, los celos sospechosos ocurren sin ninguna traición evidente u otro evento significativo, se disparan por pistas inespecíficas o menores. De acuerdo con Donatella Marazziti et. al.3, los celos reactivos principalmente están relacionados con las características de la relación que se tiene como pareja, mientras que los celos sospechosos están más relacionados con las características del individuo que se encuentra experimentando los sentimientos asociados a los celos, tales como: inseguridad y baja autoestima. Los celos reactivos generalmente se caracterizan por ira, miedo y tristeza, a la vez que los celos sospechosos se caracterizan por un alto nivel de ansiedad, dudas, desconfianza e inseguridad.

Según estos investigadores, en los sujetos que presentan celos sospechosos la intensidad de la preocupación y de la ansiedad sobre el comportamiento de su pareja es excesivo, ante la ausencia de claves reales, las claves neutras disparan construcciones cognitivas complejas que llevan al individuo a buscar pruebas de infidelidad y a mantener un monitoreo constante del comportamiento de la pareja. Los celos sospechosos, por lo general, se basan en percepciones ambiguas de eventos que podrían amenazar la relación amorosa de la pareja más que de información objetiva.

A diferencias de estos dos tipos de celos, los cuales podríamos considerar los extremos dentro de la normalidad social, celos con evidencia y si evidencia, existen otros tipos de celos considerados como patológicos, algunos con evidencia clara de su origen y otros no. Éstos se agrupan dentro del término delirio, del latino “delirare”, que significa salir del surco al labrar la tierra. La palabra ha evolucionado para significar la creencia que “se sale” de la norma establecida por el grupo de pertenencia social. Si bien este término ayuda a clasificar el tipo de comportamiento, no orienta en lo absoluto a comprender el origen de la creencia falsa; simplemente se entiende que las creencias del individuo son el resultado de una enfermedad.

En el caso de los celos se han identificado varios tipos de delirios; por ejemplo, el delirio celotípico, también conocido por el síndrome de Otelo: es la forma más delirante y más frecuente, especialmente si el que delira en la pareja es el hombre. El delirio celotípico aparece de forma brusca y se origina frecuentemente en un hecho anodino, pero que para el individuo resulta revelador de la infidelidad de su compañera. Un saludo de su esposa a un hombre desconocido hasta ahora, un retraso en llegar al hogar, un cigarrillo apagado en la puerta de la casa, etcétera, son suficientes para ordenar todos los recuerdos de forma significativa en la dirección del delirio. Se siente traicionado, tratado con deslealtad y perfidia, deshonrado y burlado por su esposa. En este síndrome el rival cobra especial relieve: quiere saber quién es, como le conoció, en qué le supera, poniendo de manifiesto esta morbosa curiosidad los mecanismos inconscientes de proyección. Somete a la esposa a interminables interrogatorios analizando contradicciones que alimenten su convicción.

En el caso del delirio celotípico alcohólico, el rencor se centra en la esposa desentendiéndose de “el otro”, contrario a lo que ocurre en el Síndrome de Otelo. Los alcohólicos con delirio celotípico son enfermos peligrosos, especialmente cuando se hallan en estado de embriaguez aguda. En su odio a la mujer, llegan con relativa frecuencia al uxoricidio o a la producción de graves lesiones. A propósito de un caso clínico, se aborda sobre el origen de las ideas de celos en los bebedores el carácter patológico del alcoholismo y las consideraciones médico–legales.

En otra condición donde intervienen los celos patológicos es en la enfermedad de Parkinson, en este caso no por la propia enfermedad sino por el tratamiento. Cuando se utilizan medicamentos que simulan la acción de la dopamina (agonistas) en personas con Parkinson estos desarrollan delirio celotípico. Estos medicamentos parecen tener la habilidad de inducir estados aberrantes sobresalientes4. La dopamina tiene muchas funciones en el cerebro, incluyendo papeles importantes en el comportamiento y la cognición, la actividad motora, la motivación y la recompensa, la regulación de la producción de leche, el sueño, el humor, la atención y el aprendizaje. Este neurotransmisor actúa en el sistema estriado–mesolímbico. Este sistema está involucrado en la conversión de estímulos neutros en uno atractivo o aversivo, por lo que es un componente fundamental en la atribución de estados sobresalientes. En este proceso los eventos y pensamientos llegan a tomar atención y son dirigidos influenciando el comportamiento al ser asociados con recompensas o castigo. El delirio celotípico durante el tratamiento con levo–dopa parece ser el resultado de los estados aberrantes sobresalientes que el sistema estriado–mesolímbico produce al recibir una sobrecarga de dopamina. Este descubrimiento ha dado luz sobre la posible causa del delirio celotípico así como del origen de la emoción de celos. 

1Mullen PE. Jealousy: the pathology of passion. Br J Psychiatry. 1991; 158: 593–601.

2Rydell RJ, Bringle RG. Differentiating reactive and suspicious jealousy. Soc Behav Pers. 2007; 35(8): 1099–1114.

3Marazziti D., Poletti M., Dell’Osso L, Baroni S., Bonuccelli U., 2012, Prefrontal cortex, dopamine, and jealousy endophenotype, CNS Spectrums, page 1 of 9. & Cambridge University Press 2012 doi:10.1017/S1092852912000740.

4Nagy H, LevyGigi E, Somlaiu Z, et al. (2012) The effect of dopamine agonists on adaptive and aberrant salience in Parkinson’s disease. Neuropsychopharmacology. 37(4): 950–958.

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