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La depresión después del éxito

Por: Rafael H. Pagán Santini

2013-04-11 04:00:00

He escuchado decir que el “éxito es el mejor tratamiento para la depresión”. Sin embargo, en algunas ocasiones, después de un intenso esfuerzo, al alcanzar nuestra meta, nos deprimimos. El cambio en el estado de ánimo refleja una alteración emocional. Clínicamente, hablar de estados emocionales se refiere a los estados de ánimo, el cual, al ser evaluado, debe describir por lo menos un periodo de varias semanas o más. Cuando los cambios son transitorios y no recurrentes por lo general se refieren a cambios afectivos. Por ejemplo, este sería el caso de la euforia, la alegría, el placer, la sorpresa, la ira, la ansiedad, la desilusión, la tristeza e incluso en algunas ocasiones la depresión. Tres de estas respuestas –la euforia, la depresión y la ansiedad– pueden estar tan alteradas, ser consistentes y constantes que terminan en un desorden de carácter afectivo–anímico.

Una de las características más importantes que distingue al ser humano de otras especies es su capacidad para regular sus emociones. Esta capacidad provee una flexibilidad importante al repertorio del comportamiento, junto con un riesgo significativo. Más que en ninguna otra especie, nuestro comportamiento está bajo cierto grado de control voluntario. Sin embargo, parece que el mismo substrato que confiere esta competencia de flexibilidad también puede venir a ser disfuncional y llevarnos a regulaciones emocionales anormales que resulten en psicopatologías1.

La función primordial de la emoción es la de coordinar los sistemas de respuestas y su regulación tiene ésta misma finalidad2. Podemos decir que las emociones son estados mentales consientes, representaciones mentales, que en principio, pueden ser reportadas. Ontológicamente, la experiencia de la emoción puede ser considerada como un estado placentero o desagradable, lo cual, además, posee un contenido experimental, como sentir un despertar, y una relación o significado situacional3. Gran número de estos estados emocionales son el resultado de interpretaciones de situaciones sociales y de la evaluación de las consecuencias de estas mismas.

Las emociones sirven para facilitar el comportamiento adaptativo y la toma de decisiones en respuesta a eventos salientes. Las que son pobremente reguladas o se encuentran fuera de contexto pueden impedir un buen funcionamiento4. La incapacidad para disminuir los estados emocionales negativos, y muy probablemente la incapacidad para aumentar, mantener y estimular los estados emocionales positivos, son una señal de vulnerabilidad ante desórdenes anímicos. 

De acuerdo a Gross y Thompson, el proceso de regulación emocional puede ser automático o controlado, consciente o inconsciente. Un continuum observable dentro de las variedades en la regulación emocional es el proceso de lo totalmente automático e inconsciente a lo voluntario, esforzado y consciente. La regulación de las emociones está involucrada con cambios en su dinámica, o en su latencia, en su magnitud o duración, y con cambios en la respuestas  fisiológicas, comportamental, así como en el dominio de la experiencia de ésta. La regulación de la emoción puede eliminar, intensificar, o simplemente mantener la emoción, dependiendo de las metas del individuo. Además, puede cambiar el grado en el cual los componentes de la emoción se cohesionan mientras la emoción se desarrolla, tal y como ocurre cuando se dan grandes cambios en la experiencia emocional y en la respuesta fisiológica de ésta en la ausencia de un comportamiento facial5.

En condiciones de un intenso esfuerzo o de adaptación a una exigencia ambiental externa, la respuesta es  “de lucha o huida”, esto se conoce como la respuesta al estrés. Cuando los estímulos que recibimos diariamente en nuestro cuerpo son lo suficientemente fuertes para producir una respuesta en nuestro cerebro (hipotálamo) se les llama “estrés”. Aunque en el lenguaje popular se habla de estímulos estresantes aquellos que generan un estado incómodo. De acuerdo con la definición operativa, estrés es cualquier estímulo que actúe, directa o indirectamente, sobre las neuronas del hipotálamo, haciendo que esta parte del cerebro libere la “hormona liberadora de corticotropina” (CRH). Esta hormona a su vez actuará como un desencadenante para que se produzcan otras hormonas, teniendo producto final la liberación de cortisol por las glándulas suprarrenales. El conjunto de respuestas estimuladas por el estrés se le conoce como “reacción de lucha o huida”.

Durante este periodo, en especial si hay dolor, el cuerpo también produce endorfinas. Estas sustancias actúan como analgésicos endógenos evitando el estado consiente de la incomodidad o del dolor. Estas sustancias son parte de la respuesta del eje hipotalámico–hipófisis y se producen principalmente durante el ejercicio, la excitación, el dolor, el consumo de alimentos picantes o el consumo de chocolate, el enamoramiento y el orgasmo. Lo más interesante es que son similares a los opiáceos en su efecto analgésico y de sensación de bienestar. Estas dos respuestas involucran al sistema regulador de las emociones. Son respuestas donde participan hormonas y neurotransmisores alterando todo el estado afectivo–anímico. 

El eje hipotálamo–hipófisis–adrenal consiste en: el hipotálamo, que contiene neuronas neuroendocrinas que sintetizan y secretan vasopresina y la hormona liberadora de corticotropina (CRH). La CRH y la vasopresina estimulan la secreción de la hormona adrenocorticotropa (ACTH), también conocida como corticotropina. A su vez, la ACTH actúa sobre el córtex adrenal, que produce hormonas glucocorticoides, principalmente cortisol en humanos, en respuesta a la estimulación por ACTH. Los glucocorticoides a su vez retroactúan sobre el hipotálamo y la hipófisis (para inhibir la producción de CRH y ACTH) en un ciclo de retroalimentación negativo.

La alteración hipotalámica en la depresión consiste en una secreción excesiva de corticotropina (ACTH) por la hipófisis, induciendo, a su vez, una secreción excesiva de cortisol por la corteza suprarrenal. El aumento de la secreción de cortisol es el resultado de la hipersecreción de hormona liberadora de corticotropina del hipotálamo. La liberación de CRH es estimulada por la noradrenalina y la acetilcolina, lo que produce el estado de ansiedad en el individuo.

Una vez el estímulo o la condición de un intenso esfuerzo han concluido, las endorfinas son metabolizadas y eliminadas del espacio entre las neuronas. De existir agotamiento físico, incomodidad o algún estado inflamatorio éste se va a sentir, lo que estimulará la secreción de noradrenalina y a su vez la aparición del estado de ansiedad. Este círculo morboso es especialmente intolerable en las personas que padecen una disfunción en la regulación emocional, de ahí los síntomas clásicos de la depresión. La apatía, la incapacidad para experimentar placer, la pérdida generalizada de interés por las cosas, entre otras, probablemente sean un mecanismo de defensa para evitar el efecto anímico que el éxito acarrearía de tenerse en una persona depresiva.

1James J. Gross (ed), Handbook of Emotional Regulation, (2007), The Guilford Press, New York, Chapter 3.

2 Levenson, R.W. (1999). The intrapersonal functions of emotion. Cognition and Emotion, 13, 481–504.

3Lisa Feldman Barrett, Batja Mesquita, Kevin N. Ochsner, James J. Gross, (2007), Annu.Rev. Psychol., (58): 373403.

4Davidson, R.J. (2000). Affective style, psychopathology, and resilience: Brain mechanisms and plasticity. American Psychology, 55, 1196–1214. 

5Ibid (pp 8).

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