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Estética versus salud

Por: Rafael H. Pagán Santini

2012-06-28 04:00:00

En reiteradas ocasiones se ha publicado lo riesgoso a largo plazo de la dieta baja en carbohidratos. Es innegable que con este tipo de dieta en pocas semanas se puede reducir de peso de manera considerable; sin embargo, la evidencia actual confirma que este tipo de dieta puede incrementar a largo plazo el riesgo de enfermedades cardiovasculares, como infarto y derrame cerebral.

Debemos tener clara que uno de los objetivos primordiales de la reducción de peso es la de evitar enfermedades. En los últimos años, los grandes avances médicos en la prevención y el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares han contribuido a la reducción de la tasa de mortalidad en éste tipo de enfermedades; sin embargo, aunque la tasa de mortalidad global ha disminuido, la incidencia de infartos del miocardio y muerte por insuficiencia cardiaca no lo ha hecho. Además, en las mujeres la incidencia total ha aumentado. La mortalidad por enfermedades cardiovasculares en México mantiene una tendencia creciente desde la década del 1950. En esta década la tasa de mortalidad fue de 2.1, mientras que en el 2000 se registró una tasa de mortalidad de 69 por 100 mil habitantes. Se espera un aumento aún mayor en la prevalencia como consecuencia de la epidemia de obesidad que se asocia directamente a la diabetes y ésta a su vez a las cardiopatías.

Al tratar de bajar de peso se debe tomar en consideración el hecho de que el peso corporal y su composición tienden a mantenerse estables en la mayoría de la gente por periodos de tiempo (años) significativos. Existe cierta evidencia que indica que el peso corporal es regulado fisiológicamente, lo que contiene una serie de puntos de ajuste en el peso corporal que hace que se preserve en los individuos a través de la vida. El aumento o reducción del peso lejos de los puntos de ajuste o de la línea base fisiológica resulta en alteraciones metabólicos que resiste al mantenimiento del nuevo peso, lo que promoverá el ganar o perder peso para restablecer los límites anteriores.

La obesidad resulta de la combinación de factores económicos, ambientales, culturales e individuales, así como también de la constitución genética del individuo. Por lo que exige cambios no tan sólo a nivel del comportamiento individual, sino también en la política pública, en el medio social y en las normas culturales. No se pueden seguir ocultando las prácticas de mercadeo agresivo que la industria alimenticia tiene sobre los alimentos altamente calóricos y de poco valor nutricional. La epidemia de sobrepeso y obesidad infantil amenaza con tener consecuencias a largo plazo que afectará directamente lo financiero, la capacidad de ofrecer servicios médicos y los servicios psicosociales del país.

De acuerdo con Enrique Morales Villegas1, la ingesta de comida denominada rápida (fast food) en combinación con el sedentarismo es la principal causa de obesidad visceral. La obesidad visceral a su vez es el reflejo de la deformación y aumento (hipertrofia e hiperplasia) del tejido adiposo intra–abdominal. Dichos cambios en el tejido adipocitario es una manifestación amplificada de su papel funcional que es captar ácidos grasos libres (AGL), reconstituirlos en forma de triglicéridos y en su caso hidrolizar éstos para la liberación de AGL como fuente energética. Dicha transformación celular tiene un límite y un costo funcional. La comida rápida, según Morales, es obesogénica por las siguientes características: es alta en densidad energética, es alta en contenido de grasa, es alta en su índicecarga glucémica, contiene el efecto fructuosa, es baja en contenido de fibra y su contenido de calcio es bajo.

Para que una dieta tenga beneficios a largo plazo ésta debe incluir la actividad física, no sólo como herramienta para aumentar el consumo de energía, sino como promotor de cambios estructurales que facilitarán la utilización de los sustratos energéticos. La intensidad del ejercicio determina que energético proveerá de energía al músculo en trabajo. Los ácidos grasos libres en el plasma son los energéticos predominantemente utilizados en ejercicios de baja intensidad. Mientras la intensidad del ejercicio aumenta la dependencia recae en el glicógeno muscular y en la glucosa plasmática. A la utilización de los carbohidratos como fuente de energía se añade el factor del estado de entrenamiento en que se encuentre el individuo. Los cambios anatómicos tales como el aumento en la red capilar, el aumento en la densidad mitocondrial y en las enzimas oxidativas, así como el incremento en triglicéridos musculares, producto de la adaptación al entrenamiento, aumentan la capacidad oxidativa del individuo. Estos cambios también facilitan la utilización de las grasas como fuente de energía. En relación a la pérdida de peso, aunque los resultados del entrenamiento mejoran la capacidad de oxidación de los carbohidratos al aumentar el transporte de glucosa y la sensibilidad a la insulina, es la intensificación en la utilización de grasa la que mayor ayuda al control del peso corporal.

Es innegable que la dieta baja en carbohidratos y rica en grasas y proteínas reduce, en primera instancia, los valores relacionados con los factores de riesgo cardiovasculares clásicos. Este tipo de dieta presenta una mejora a corto plazo en los niveles del colesterol, los triglicéridos y la presión arterial. Aun así, muchos cardiólogos han dado la voz de alerta con respecto a esta dieta. El grupo de investigadores dirigido por Foo SY2, al medir el número de plaquetas adheridas a la pared arterial, observó que existían más del doble en aquellos animales que habían sido alimentados con una dieta rica en grasas. Estudios posteriores han revelado que las dietas baja en carbohidratos y rica en grasas y proteínas pueden interferir en la reparación de la pared arterial al disminuir el número de células endoteliales progenitoras y al aumentar los niveles de ácidos grasos no estratificados.

Recientemente se publicó en la Revista Médica Británica (BMJ), los resultados de una investigación que se siguió durante 15 años a casi 44 mil mujeres en Suecia. En esta investigación se encontró que aquéllas que seguían regularmente estos regímenes mostraron en promedio 28 por ciento más riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. Una buena dieta puede resolver nuestro problema estético pero no necesariamente nuestro problema de salud. Al adelgazar exclusivamente por medio de dietas, ya sea esta baja en carbohidratos, baja en grasa o baja en contenido calórico, la respuesta del cuerpo va ha ser la de reducir el nivel de masa corporal. Esta reducción en la masa corporal incluye tanto la masa magra (músculo) como la grasa. La masa magra es la que constituye nuestros músculos, algo que no debemos perder.

Si desea más información sobre esta columna puede escribir al correo

rhpmedicus@yahoo.com.mx

1 Enrique Morales Villegas (2009), Síndrome X vs síndrome metabólico: Entendiendo sus coincidencias y sus

diferencias hacia una “nueva cardiología”, Vol. 76 Supl. 4/OctubreDiciembre 2006:S4, 173188, ww.archcardiolmex.org.mx

2 Foo SY, Heller ER, Wykrzykowska J, et al. (2009), Vascular effects of a lowcarbohydrate high–protein diet. Proc Natl Acad Sci U S A

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