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El sida sigue rondando en nuestros

Por: Rafael H. Pagán Santini

2013-01-24 04:00:00

 

Han trascurrido más de 30 años desde que murió la primera persona con sida en la ciudad de San Francisco. No que no hubieran muerto otros anteriormente pero la identificación de la causa como inmunodeficiencia adquirida fue señalada aproximadamente en 1981. Aunque actualmente se cuenta con tratamientos espectaculares y con un conocimiento de la patología del sida excepcional, al día de hoy siguen muriendo muchachos jóvenes que al enterarse de la infección se deprimen y no reciben el tratamiento adecuado.

Al igual que hace 30 años, muchos jóvenes homosexuales sienten vergüenza de padecer una condición de salud como esta. Podríamos decir que tienen una percepción equivocada de la realidad, que su constructo mental está erróneamente elaborado, pero ellos así se sienten, y no están lejos de la realidad. El discrimen social hacia los homosexuales y en especial hacia las personas infectadas con sida continua tan vivo como siempre. Los que viven en carne propia su orientación sexual no mayoritaria socialmente y los que padecen esta condición de salud atestiguan el discrimen.

Durante los primeros intentos de desarrollar programas sociales de prevención se incluyeron consignas recalcando la responsabilidad individual de los sexualmente activos. Se les aceptaba que tuvieran sexo entre “ellos”, pero si se infectaban era porque fueron irresponsables. De ahí surgió el concepto de los “inocentes”, los niños nacidos infectados por causa de la irresponsabilidad de sus padres. Los culpables y los inocentes, los primeros por ejercer su sexualidad libremente y los segundos por no tener ni idea de los que les había pasado.

Al día de hoy sigue siendo una responsabilidad del Estado la educación, la promoción y la prevención de las enfermedades. Bajo ninguna circunstancia se la puede adjudicar responsabilidad a alguien que careciendo de conocimiento se infecte de un virus. El conocimiento social se trasmite de generación en generación si éste se comunica y se enseña. Pero si la información continúa siendo un tabú, algo que se sabe existe pero de lo que no se puede hablar, es imposible que el adolescente se prevenga de algo que intuye pero no comprende.

La experiencia brasileña, el mezclar tratamiento con prevención, fue todo un éxito en Brasil, pero en los lugares donde se sustituyó el discurso preventivo por el de promover la prueba de VIH junto al tratamiento ha sido un fracaso; los jóvenes se siguen infectando. Los padres de la salud pública decían: “un dólar de prevención vale más que mil dólares de tratamiento”; en muchos lugares del mundo se cacarea el ofrecimiento de tratamiento, pero éste está divorciado del mensaje preventivo.         

Hoy se cuenta con el primer medicamento que además de reducir los niveles del VIH sanguíneos previene la infección de éste. La Agencia Federal de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos aprobó el medicamento Truvada como primera píldora para ayudar a prevenir la infección del VIH causante del sida. Aunque este medicamento ha sido utilizado en el tratamiento del VIH desde 2004, Truvada puede utilizarse para la profilaxis previa a la exposición del virus.

El principio terapéutico detrás del tratamiento preventivo consiste en inhibir la replicación del virus desde el momento en que éste entra al organismo, lo que impediría que se lleve a cabo una infección permanente y a su vez permitiría al sistema inmunológico poder destruirlo. Truvada consiste en la combinación de dos medicamentos: el tenofovir y emtricitabine. La prevención del sida está indiscutiblemente vinculada al uso del condón. La efectividad del condón se extiende, además del VIH, a las principales enfermedades transmisibles sexualmente, como lo son la gonorrea y la clamidia. Además, es una barrera efectiva para evitar el embarazo.

Junto con las dos armas preventivas anteriores se cuenta con la evidencia de cómo la circuncisión puede reducir el riesgo de infección del VIH. Además, se ha presentado evidencia que indica que las mujeres con parejas circuncidadas corren menos riesgo que otras de contraer cáncer cervico–uterino debido al virus de papiloma. La explicación que se tiene sobre este respecto es que la parte interna del prepucio contiene cierto tipo de células que son más propensas de ser infectadas.

Las vacunas preventivas (con una eficacia superior a 80–90 por ciento) son los instrumentos más eficaces para controlar las enfermedades infecciosas y, eventualmente, incluso erradicarlas del planeta, como ha sido el caso de la viruela. Las vacunas son el primer instrumento con que cuenta la salud pública para la prevención de enfermedades infecciosas alrededor del mundo, son fáciles de administrar y sus efectos son duraderos. Como una de las herramientas más poderosas, la accesibilidad a una vacuna contra el VIH es una de las grandes prioridades de esta década. La capacidad del VIH, única en su tipo, de evadir y suprimir la respuesta inmune, su extraordinaria diversidad genética, las modificaciones de sus proteínas y la capacidad de establecer una infección sistémica en días, así como de inducir la disfunción y la muerte de células inmunes, han establecido un desafío sin precedente en el desarrollo de una vacuna.

Los fármacos antirretrovirales reducen el número de partículas de virus en circulación, pero no logran eliminar totalmente al virus del cuerpo, pues el virus se mantiene presente y se refugia en “santuarios o reservorios”, obligando al sistema inmunitario a un continuo estado de alerta. Actualmente se recomienda la utilización de la terapia antirretroviral desde el inicio de la infección con el fin de preservar el sistema inmune en capacidad de responder a la infección y así no esperar a tener que restaurarlo una vez que el virus ha matado las células inmunes. Sin embargo, lo anterior causa diversos síntomas adversos. Los efectos secundarios de los medicamentos pueden crear problemas cardiovasculares, renales o hepáticos que pueden ser peor que la infección.

La causa de la infección del sida en el siglo XXI sigue siendo el discrimen, la intolerancia hacia las personas que tienen sexo con otras de su mismo sexo, la falta de responsabilidad en programas de prevención y sobre todo el silencio que se guarda ante la muerte innecesaria de un ser querido. 

 

Si desea más información sobre esta columna puede escribir al correo electrónico

rhpmedicus@yahoo.com.mx

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