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El pop corn y la historia del maíz

Por: Rafael H. Pagán Santini

2013-01-10 04:00:00

 

Una de las notas más jocosas del año pasado fue el enterarnos de que los peruanos de hace 6 mil años comían pop corn. Parece ser que el maíz tostado que hoy en día se sirve en los restaurantes de Perú como aperitivo y que se conoce como “cancha”, tiene su origen milenios atrás. Alexander Grobmana1et al, presentaron evidencia arqueológica del consumo de maíz en Perú, tomada de las localidades de Paredones y Huaca Prieta, en la árida costa del país. Estas muestras atestiguan la presencia del maíz (Zea mays  ssp.mays) en la región norte de los Andes peruanos y datan por lo menos entre 6 mil 775 y 6 mil 504 años a.P. Aunque estas muestras de maíz son contemporáneas de otras obtenidas en las Cuevas de Guila Naquitz, Oaxaca, México, son sustancialmente diferentes. El maíz encontrado en Perú presenta un tamaño diferente de semilla y una variedad en su dureza diferente a la oaxaqueña, la que le permite tener la capacidad de reventar como palomita de maíz.    

Actualmente, en 125 países en desarrollo se cultivan más de 100 millones de hectáreas de maíz (Zea mays L.) y se encuentra entre los primeros cultivos en 75 de esos países2. La gran mayoría de los expertos en el área han coincidido en señalar el surgimiento del maíz entre 10 mil y 9 mil años a.P.3–4. Mientras que algunos han señalado un periodo de aproximadamente 4 milenios para el cambio genético, entre (6 mil y 10 mil a.P.), tiempo extremadamente largo para la domesticación (selección artificial) de una planta. El área geográfica donde supuestamente surgió el maíz se extiende desde la costa del Pacífico y casi hasta la del Atlántico, cualquier lugar entre Jalisco y Guerrero incluyendo Oaxaca, sin descartar Centro América. Por lo que nos hace pensar que, las modificaciones genéticas del teocintle pudieron ser multi–céntricas y con intervalos milenarios.

Estos nuevos descubrimientos, lejos de aclarar la historia evolutiva del maíz ponen en entre dicho mucho del análisis historio que se ha venido haciendo junto con la evidencia biológica del origen del maíz. A simple vista, podemos resaltar que no existe evidencia de la participación del ser humano en la modificación genética del teocintle para la generación del maíz. Autores como Ruth Dickau5 et al., señalan, citando a varios autores, “actualmente numerosos estudios muestran que la gente estaba experimentando con la horticultura y moviendo plantas domesticadas a través de los bosques para los años 9 mil 500 y 7 mil 500 a.P., y que la producción de alimentos concerniente a unos cultígenos particularmente productivos se dispersaron por el Neotrópico hacia el 5 mil 500 a.P.” Sin embargo, los datos arqueobotánicos de mayor relevancia provienen principalmente de microfósiles, por ejemplo, granos de almidón recuperados de numerosas herramientas de piedras y de dientes humanos, así como de fitolítos recuperados de las mismas herramientas o de sedimentos cercanos6. Esta evidencia no refleja lo que los autores señalan, sí hay presencia de maíz en la evidencia arqueológica, pero eso no quiere decir que en la era de piedra (Era Lítica) los cazadores y recolectores estaban experimentando en horticultural. 

Nos encontramos ante un dilema, la supuesta domesticación que presentan los autores no está relacionada a ninguna comunidad en específica. Se identifican vastos territorios donde habitaban personas en cuevas y abrigos rocosos, pero sin mencionar alguna comunidad que haya trabajado el teocintle para modificarlo. Todo indica que el ser humano actuó como otro factor más dentro de la presión ambiental en la selección natural y no el causante de la evolución del teocintle. Por lo que podemos inferir que, la modificación genética de esta hierba fue producto de la selección natural y no de la selección artificial. Además, es muy probable que dadas las fechas recientes en que ocurrieron las mutaciones que verdaderamente hacen al maíz comestible y dependiente del ser humano para su reproducción7–8, la domesticación se llevó a cabo sobre el maíz y no sobre el teocintle. Precisamente en periodos cuando los diferentes grupos nómadas comenzaban a asentarse. En Mesoamérica los asentamientos grupales y las bases incipientes para la organización estructural en comunidades pueden identificarse hasta de 5 mil años a.P. y no fechas tan lejanas como 10 mil años a.P., momento en que parece ocurrió la modificación genética del teocintle.

Para poder llevarse a cabo la domesticación de una planta el ser humano tiene que interactuar con el organismo que se está modificando y ese es el punto en conflicto, no existe evidencia de la relación del ser humano con este proceso que no sea casual. Como bien señala Alfredo López Austin y Leonardo López Luján9, “el cultivo implica la intervención deliberada del hombre en el ciclo vegetativo con el fin de producir alimentos. Esta acción, repetida secularmente, puede desembocar en la domesticación de las plantas; es decir, en una modificación genética que beneficia al hombre y crea una dependencia en los vegetales. Los beneficios de la transformación bilógica de las plantas son múltiples: rinden más y mejores granos y frutos; se adaptan a diferentes climas y suelos; no se dispersan los granos al madurar; se vuelven aprovechables partes de la planta que antes no lo eran, etcétera. De manera concomitante, la planta pierde sus capacidades de fertilización y dispersión naturales.”  

La evidencia presentada hasta el momento obliga a revisar la cronología de los asentamientos de las comunidades originarias. Es contradictorio encontrar evidencia molecular moderna señalando la presencia de maíz en Perú proveniente de México, ya que no hay evidencia de otro origen, que data de 6 mil 700 años a.P. y que no exista ningún grupo al que se le pueda adjudicar la paternidad del traslado. De ser correcto los datos moleculares que se nos presentan, hace 10 mil años en Mesoamérica existió un corredor comercial que se extendía hacia toda Suramérica incluyendo la densa y selvática Panamá. Hasta el momento la evidencia arqueológica mesoamericana no constata tales hechos. Los datos no cuadran.   

1Grobmana A, Bonaviab D, Dillehayc TD., Pipernod DR., Iriartef J., Holste I., (2011), Preceramic maize from Paredones and Huaca Prieta, Peru, PNAS. vol. 109, no. 5, 1755–1759.

2FAOSTAT 2010 Statistical databases and data–sets of the Food and Agriculture Organization of the United Nations (http://faostat.fao.org/default.aspx).

3Van Heerwaarden J, et al. (2011) Genetic signals of origin, spread, and introgression in a large sample of maize landraces. Proc Natl Acad Sci USA 108:1088–1092.

4 Ranere AJ, Piperno DR, Holst I, Dickau R, Iriarte J (2009) Preceramic human occupation of the Central Balsas Valley, Mexico: Cultural context of early domesticated maize and squash. Proc Natl Acad Sci USA 106:5014–5018.

5 Dickau R, Ranere AJ., Cooke RG., (2007) Starch grain evidence for the preceramic dispersals of maize and root crops into tropical dry and humid forests of Panama, PNAS, vol. 104, no. 9, 3651–3656.

6 Piperno DR., (2011) The Origins of Plant Cultivation and Domestication in the New World Tropics, Current Anthropology Volume 52, Number S4.

7Jaenicke V, et al. (2003) Early allelic selection in maize as revealed by ancient DNA. Science 302:1206–1208.

8Wilson LM, et al. (2004) Dissection of maize kernel composition and starch production by candidate gene association. Plant Cell 16:2719–2733.

9 López–Austin A., López–Luján, (1996–2012 séptima edición) El pasado indígena. FCE, México.

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