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El insomnio y la higiene del dormir

Por: Rafael H. Pagán Santini

2013-04-25 04:00:00

 

Dos terceras partes de los individuos que reportan padecer de insomnio tienen un conocimiento muy pobre de las diferentes opciones de tratamientos disponibles. Peor aún, una quinta parte de estos utiliza productos que su efectividad no ha sido probada o ingiere alcohol intentando mejorar su condición. El insomnio es una condición que afecta a las personas de todas las edades pero es más común entre las personas mayores. La literatura define al insomnio como un problema para conciliar el sueño, mantenerlo o de alteraciones relativas a la duración de este, donde la calidad del sueño es pobre y tiene como resultado la alteración del buen funcionamiento diurno, al margen de haber tenido la oportunidad y las circunstancias adecuadas para dormir.  

Entre los médicos de cuidado primario, la intervención más comúnmente utilizada ha sido el tratamiento farmacológico. La eficacia a corto plazo de este tipo de intervención ha sido probada en numerosos estudios. Sin embargo, en una revisión de meta–análisis sobre el tratamiento para dormir en adultos mayores con insomnio se encontró que, tanto el grado del efecto como el beneficio clínico eran muy pequeños. El Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos ha señalado que, si bien el tratamiento farmacológico puede ser útil en situaciones de insomnio agudo, el uso a largo plazo envuelve el riesgo de dependencia y tolerancia.

El insomnio ha sido clasificado en primario y secundario. Se desconocen las causas del insomnio primario, aunque la evidencia disponible sugiere que existe un estado de hipersensibilidad a la respuesta de estímulos que hacen que la persona se despierte o se mantenga somnolienta en estado de alerta.

La terapia cognitiva conductual comprende un grupo de técnicas que abordan los factores del insomnio crónico, sin importar las causas. Entre estas se encuentra la terapia de control de estímulo que asume que el insomnio es una respuesta de mala adaptación a factores tales como la hora de dormir, el medio ambiente que rodea el cuarto de dormir (por ejemplo, el utilizar la cama como lugar de lectura regular o de ver televisión, en vez de un lugar para dormir), y que requiere un proceso de re–asociación de la cama como lugar para dormir. Otra técnica que se utiliza es la terapia de restricción en el dormir. Esta terapia está basada en la premisa de que las personas con insomnio pueden aprender a aumentar su tiempo de dormir por medio de la privación temporal del dormir que reduce voluntariamente el tiempo que la persona pasa en la cama.

La terapia de relajación se incluye en este grupo de técnicas, está basada en la hipótesis de que el insomnio es producto de la hipersensibilidad a respuestas de estímulos. Esta terapia tiene dos componentes: uno físico que consiste en relajar progresivamente los músculos del cuerpo y otro componente mental donde se aprende a meditar, a desarrollar imágenes mentales y auto–hipnosis. El componente cognitivo de estas terapias envuelve la educación de la persona sobre las necesidades del dormir, la corrección de expectativas incorrectas, y la discusión sobre ansiedades y pensamientos catastróficos, incluyendo la percepción exagerada de las consecuencias del no poder dormir.

Además, la terapia cognitiva conductual incluye la educación sobre la higiene del dormir. Esta terapia aborda los factores extrínsecos que pueden perpetuar el insomnio, tales como los ruidos en el cuarto y los niveles de luz. En la terapia se analizan los disturbios del medio ambiente como por ejemplo, la presencia de mascotas en el cuarto, el ronquido de la pareja, la temperatura del cuarto, la presencia de un reloj, la falta de ejercicio o el ejercicio muy cercano a la hora de dormir y el uso de alcohol, cigarrillo o cafeína antes de dormir.

Entre las terapias farmacológicas para el insomnio se encuentra la hormona–antioxidante melatonina. En el ser humano se produce una síntesis constante de melatonina que disminuye abruptamente hacia los 30 años de edad. Después de la pubertad se produce una calcificación llamada “arenilla del cerebro”, que recubre la glándula pineal, pero ésta sigue mandando melatonina. El déficits de melatonina casi siempre van acompañados de los siguientes efectos psíquicos: insomnio y depresión.

La liberación de melatonina es un proceso de foto–transducción, que se estimula en la oscuridad. En humanos, la melatonina es producida por la glándula pineal siendo parte del sistema de señales que regulan el ciclo circadiano. Normalmente, la producción de melatonina por la glándula pineal es inhibida por la luz y estimulada por la oscuridad. Por esta razón la melatonina ha sido llamada “la hormona de la oscuridad”. Muchos consumidores de melatonina han experimentado un mayor realismo y frecuencia en sus sueños, y mejora la calidad del mismo.

Otro tipo de tratamiento son los hipnóticos (sedantes, tranquilizantes menores y los fármacos contra la ansiedad), los más utilizados son las benzodiacepinas. La mayoría son bastante seguros pero pueden perder su eficacia una vez que la persona se acostumbra a ellos. El principal problema de este tipo de medicamento es que una vez se suspende el uso de ellos pueden producir síntomas de abstinencia y si se dejan de tomarlos, puede empeorar el problema original del sueño (insomnio de rebote) y empeora la ansiedad. Los nuevos medicamentos contra el insomnio son agonista de los receptores de la benzodiacepinas. 

El patrón del sueño no es uniforme, sino que tiene varias fases diferentes. Durante un sueño nocturno normal hay cinco o seis ciclos. El sueño empieza por la fase 1 (el grado más superficial, en que la persona se despierta fácilmente) y avanza hasta la fase 4 (el grado de profundidad mayor, en que la persona se despierta con dificultad). En la fase 4, el tono muscular, la presión arterial y la frecuencia cardiaca y respiratoria están disminuidos al máximo. Además de estas 4 fases existe un tipo de sueño acompañado de movimientos oculares rápidos (REM) y de actividad cerebral.  

 

 

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rhpmedicus@yahoo.com.mx

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