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El corazón y el cerebro, irremediablemente unidos por la sangre

Por: Rafael H. Pagán Santini

2013-01-17 04:00:00

 

En materia de salud, una de las grandes sorpresas es ver a alguien saludable, de edad media (50 años), que ha seguido las recomendaciones propias de una vida sana, padecer un accidente vascular. Por lo general, esperamos que una persona que fuma, como grasa y sea sedentaria sea la que sufra dicha enfermedad. Sin embargo, no es raro ver cómo un esfuerzo excesivo o el estrés de la vida cotidiana hagan que se desarrolle un accidente vascular, ya sea cerebral o cardiaco.

Al revisar las arterias no debemos olvidar que las placas ateromatosas se forman a partir de estrías de grasa que se acumulan en la pared vascular, principalmente formadas por colesterol. Las células grasosas o adipocitos se van adhiriendo por debajo de la capa celular interna de las arterias. Cuando estas estrías se transforman en una placa fibro–grasienta las células musculares de las arterias migran hacia esa zona, dando inicio a un proceso inflamatorio que dará pie a la formación de las placas ateromatosas. Este proceso adherente puede comenzar desde la adolescencia, las lesiones progresan a placas en la etapa temprana de los adultos y culminan en oclusiones formadas por trombos que llevan a eventos coronarios o cerebrales en la parte media y final de la vida.

Otro factor que en muy pocos ocasiones se tiene en cuenta es la micro–circuiteria vascular, esto es, la circulación sanguínea que se lleva a cabo entre las arteriolas y las vénulas a través de los capilares. El daño que pudo hacerse durante años en estas minúsculas áreas no es visible con los equipos tradicionales de revisión vascular. Nunca se buscan las pequeñas áreas dañadas que por sí solas serían inofensivas, pero varias de ellas juntas y bajo presión pueden dar un gran susto. 

La enfermedad cerebrovascular, apoplejía o ataque al cerebro son nombres que se le dan a eventos, que aunque diferentes, resultan en una misma cosa, la muerte de las células del cerebro. Un ataque al cerebro ocurre cuando se “obstruye” o se “rompe” uno de los vasos sanguíneos que suministran sangre al cerebro. Cuando esto ocurre, una parte del cerebro no recibe oxígeno, lo que hace que las células del cerebro comiencen a morir.

Aunque el cerebro representa sólo 2 por ciento del peso corporal total, consume 17 por ciento del gasto cardiaco y 20 por ciento del oxígeno utilizado por el cuerpo. El flujo sanguíneo cerebral normal es de 50 ml/100g de tejido cerebral/min, lo cual quiere decir que un cerebro de peso promedio tiene un flujo sanguíneo cercano a 750 ml/min. Si el flujo sanguíneo llegara a disminuir hasta 10 ml/mg de tejido cerebral/minuto se produce acidez por falta de oxígeno, y las demás condiciones toxicas que se generan en las células del cerebro debido a la misma situación serían irreversibles, lo que las llevaría a la muerte.

Los ataques isquémicos pueden ser transitorios y estos ocurren cuando un coágulo de sangre bloquea temporalmente a una arteria, haciendo que una parte del cerebro no reciba un suministro suficiente de sangre. La isquemia, o disminución del riego a los tejidos, implica la muerte gradual de las células y puede llevar a la muerte de todo el tejido, situación que se denomina necrosis. Las señales de aviso son iguales que las de un ataque cerebral. La mayoría de los episodios de isquemia transitoria resuelve en menos de 24 horas. Este tipo de isquemia ocurre también en la retina y se le conoce como “ceguera monocular transitoria”, puede durar tan poco como 10 segundos.

En términos generales las afecciones arteriales que ocluye (bloquea) y debilita las paredes arteriales se denomina arteriosclerosis o endurecimiento arterial. Se caracteriza por engrosamiento de las paredes arteriales que evoluciona hacía el endurecimiento a medida que se forman depósitos de calcio. El engrosamiento y la calcificación hacen que se reduzca el paso de sangre a los tejidos. Si la circulación de la sangre se hace demasiado lenta, se produce isquemia.

La angina de pecho (sofocación de pecho) se presenta por deficiencia en el flujo de sanguíneo. La angina es un inicio sintomático de las manifestaciones de la enfermedad coronaria del corazón. Los síntomas se presentan con una sensación de dolor, malestar, constricción  o presión incómoda en el centro del pecho. Estos síntomas generalmente duran unos pocos minutos. La sensación asociada con la angina puede también extenderse a los bazos, espalda, cuello, mandíbula o estómago. Esta sofocación o dolor en el pecho se presentan cuando el suministro de sangre y oxígeno al corazón es insuficiente. Los síntomas de angina son provocados por los efectos de la arteriosclerosis, o sea la acumulación de placas en las arterias que van hacía el corazón. El malestar que se presenta en la angina de pecho es consecuencia de la insuficiencia del riego sanguíneo en el músculo cardiaco.

Cuando una persona realiza actividades que requieren de un esfuerzo físico, como subir escaleras o correr, cuando está en situaciones de alto estrés emocional o se expone a temperaturas muy calientes o muy frías puede presentar temporalmente los síntomas de una angina de pecho. En estas situaciones, la frecuencia cardiaca y la presión arterial aumentan, y el corazón requiere de un mayor suministro de sangre y de oxígeno. Pero en alguien que padece de angina, las arterias coronarias no pueden satisfacer completamente el incremento en la demanda por parte del corazón. Los síntomas de la angina de pecho son muy similares a los del ataque del corazón, pero entre estas dos condiciones de salud hay distinciones muy importantes. Los síntomas de la angina se presentan de forma temporal, y se deben a una disminución parcial en el flujo de sangre del corazón. Durante un ataque al corazón, el flujo de sangre al corazón se detiene por completo, y los síntomas son más intensos y prolongados.

La evaluación rápida de los síntomas neurológicos o cardiovasculares relacionados con la deficiencia en el flujo sanguíneo puede salvar la vida de esa persona. La efectividad del tratamiento para evitar daños mayores en el área afectada del cerebro o del corazón dependerá de que esta pueda llevarse a cabo en las primeras horas después del ataque. El reconocimiento temprano de los síntomas y signos de un accidente vascular evitará demoras innecesarias en el tratamiento.

 

Si desea más información sobre esta columna puede escribir al correo electrónico

rhpmedicus@yahoo.com.mx

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