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Por: Alejandra Fonseca

2012-03-23 04:00:00

Lo dijo en tono confidencial. Y lento. Lo escuché despacio. No era la primera vez que me lo aconsejaban. Pero siempre lo tomé como algo de otros, no para mí. Siempre me dije: ¿Para qué, si sólo se vive una vez y lo mejor es vivir una vida auténtica? Pero esta vez sí lo escuché como algo que tenía que considerar cercano.

Aprendí a hablar con verdad. De lo que pienso y siento. De lo que veo. Me hace sentir bien cuando lo hago. Con quien me pregunta y conmigo misma. Me ha metido en muchos problemas, sobre todo cuando lo suelto a bocajarro. Porque es algo que las personas no sabemos valorar: ni al decirla ni al escucharla. Causa conflictos. Por sutil que se quiera ser, en ocasiones se es cruel, feroz. Hasta salvaje. Pero también es compasiva, sensible, dulce. Depende de lo que se tenga como verdadero de una misma.

A susurros o gritos, en diálogo o pleito, en monólogo alterno o monólogo silencioso íntimo y personal, lo verdadero siempre es mejor. Transforma condiciones y también se transforma por las circunstancias, pero si es verdadero, no puede volar a lo opuesto.

Una persona que habla con su verdad no es correcta. Es verdadera, pero no correcta. Ser correcta conlleva un dejo de fingimiento. De diplomacia. Quizá de astucia y sagacidad. Es valioso para no herir susceptibilidades pero inútil para vivir un momento auténtico.

En la vida se vale no lastimar, sobre todo a quienes amamos y quienes nos aman. Es un principio. Y si la tesitura es elegir entre lo verdadero que se piensa y lo verdadero que se siente, siempre se elige lo más sensible, lo más sentido, lo más vital. Lo inexorable. Lo infalible que es lo que se siente. Pero no es lo mismo cuando se elige entre lo verdadero y lo falso. Y se prefiere lo falso. Ahí es donde habría que aprender a mentir.

El opuesto de una frase correcta, es una frase errónea. Pero el opuesto de una verdad profunda, puede muy bien ser otra verdad profunda. Ser de sentimientos verdaderos es una verdad más profunda, que aprender a mentir que es muy útil en este mundo hostil.

“¿Qué haces después de mentir?”, pregunté a quien me lo aconsejó. Levantó las manos y las abrió con las palmas hacia arriba, a la altura de sus hombros, en señal de no saber. Quedó pensativo, y me dijo: “Puede que tengas razón. Te quedas con las manos vacías.”

*Niels Bohr

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