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Tzictli

Por: Alejandra Fonseca

2012-03-30 04:00:00

Preguntó al aire: ¿por qué cuando alguna gente mastica chicle, y lo truena, le dicen que parece tortillera?

El aire contestó: “tiene su mérito. No es tan fácil tronar el chicle. Y sí, así lo tronaban las personas que hacían y vendían tortillas hace algunos años y por eso se identificó con ellas. A estas mujeres las podías encontrar en los mercados, sentadas en el piso, casi en línea por algún pasillo, donde se les asignaba un lugar. Portaban rebosos alrededor de sus hombros y sus canastos llenos de tortillas envueltas en trapos bordados de colores puestos sobre un banquito para despachar. Venían desde sus pueblos a vender, y mientras esperaban al cliente, estaban ahí, sentadas masticando chicle.

“Cuando era niño, –dijo el aire–, me fascinaba verlas. Era como un arcoíris de mujeres con una melodía que salía de entre sus dientes en una consonancia de movimiento de mandíbulas. El tzictli tiene su encanto: es ocioso. Hace de tu tiempo perdido, un tiempo holgado. Mueves las mandíbulas, aprietas y sueltas los dientes al masticar, y ahí está el detalle. La lengua tiene su labor: mueve al chicle de un lado al otro de tu boca para que a todos los dientes les toque un tajo del mastique. Pero no eran las únicas que lo tronaban en ese entonces ni ahora: pero de ese entonces se les quedó el nombre.

Y confesó el aire: “yo siempre quise aprender a tronar el chicle. Me gustaba mucho como sonaba. Se me hacía algo chispeante. Pero nunca pude aprender. Me sale sólo a veces, por accidente. Y le intento seguido. Soy chiclero, sobre todo después de comer.

“Déjame decirte que a las niñas de ‘sociedad’, cuando alguna lograba tronar el chicle, porque era un logro, se lo prohibían. Decían las mamás y las tías que si masticabas chicle se te caía la vagina. Por lo que, si se te caía o no la vagina, porque no lo tronaran, se lo prohibían, sobre todo para que no las confundieran con tortilleras. Era absurdo, pero así era.

“Te digo que –continuó el aire– ¡tronar el chicle es todo un logro! Tiene su técnica, la tengo estudiada: al masticar chicle, la goma por el meneo de los dientes y la lengua se llega a doblar. Hay quien lo sabe hacer a propósito, no por accidente. ¡Las “tortilleras” eran duchas para eso, sabían hacerlo! Entonces dentro del doblez queda atrapado un poco de aire entre capa y capa que se pega al masticarlo por la orilla, y luego, hay que masticar pero en el centro de la goma con fuerza para que la burbuja atrapada truene bonito. ¡Es sensacional!

“Y el secreto más grande, –confió el aire. No es nada fácil porque para que truene bonito y se oiga, tienes que masticarlo con la boca abierta. Ese es el meollo del asunto. Y ese era la principal cuestión de decir que al tronar el chicle parecías tortillera. Porque tenías que hacerlo con la boca abierta y tener las mandíbulas fuertes. Y las señoras de ‘sociedad’ educaban a sus hijas para que masticaran con la boca cerrada.”

Al terminar su discurso contestatario y explicativo, el aire se fue en una burbuja de chicle para ver quién lo podía liberar con un buen y bonito tronido de chicle.

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