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"Se escudan en el escudo"

Por: Alejandra Fonseca

2012-12-14 04:00:00

Así lo dijo franca y llanamente la madre. Así redujo la historia, densa, difícil, dolorosa, larga y profunda en el tiempo transcurrido en ocho meses lineales.

Un perredista del Distrito Federal en México, un gobernador priista, unos ministerios públicos del Distrito Federal, unos policías ministeriales, unos policías federales y no sé qué tantas autoridades más, en una red de explotadores y tratantes de personas: en papeles de reclutadores, transportadores, padrotes, clientes, usuarios y cómplices de la explotación sexual de su hija que cuando fue raptada al salir de una iglesia cuando tenía 13 años.

Recluida y explotada sexualmente fue usada con sadismo, violencia, obligada a consumir cocaína para perder control y conciencia a petición de los clientes y en ofrecimiento de los padrotes. En un momento llegaron a pensar que estaba muerta y la tiraron en un basurero.

Ahora tiene la niña no–sé–cuántos años después de ocho meses lineales. Quizá envejeció infinitamente en ese tiempo porque se no puede calibrar la experiencia toda en edad. Quizá murió no–sé–cuántas–veces sin haber renacido por dentro, hasta que pasen los días, los meses y los años…

La niña perdió la cuenta del número de clientes, pero recuerda tres lenones que se la turnaron en la explotación como si fuera un trapo, todavía útil, para exprimirlo hasta la muerte si es que la madre se hubiera dado por vencida de recuperarla y recurrir a cuanta instancia de autoridad y poder tuvo a la mano, hasta que llegó a una asociación civil que la ayudó hasta el final. El último padrote la amaba y protegía con ese desamor que parece amor y te hace presa por su ambivalencia. La niña se creyó el engaño hasta que sintió que la vida le daba otra oportunidad por la vida que llevaba en su vientre, que pensó de su victimario, aunque quién sabe–de–quién será.

“Se escudan en el escudo”, dice su madre, la abuela del recién nacido ya, quien le agradece al bebé darle vida y sentido a lo vivido. “Nosotros somos vida; ellos, muerte”, dice como consuelo de los que “se escudan en el escudo” del poder, de la “justicia” del estado todo, del dinero venido del negocio de infinitas ganancias que se mueve, permea y se mete como humedad en las estructuras de la sociedad toda.

Esta humedad no es invisible pero tampoco es aceptada como agua a la que no se le permite hacer charco, para no ser reconocida.

“Se escudan en un escudo” que no puede cubrir las heridas, cicatrices y huellas que quedan en esta historia.

 

(Narración de un testimonio de la madre de una víctima de trata de personas en el DF)

alefonse@hotmail.com

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