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La luna inalcanzable

Por: Alejandra Fonseca

2013-05-31 04:00:00

 

Mayan, ancestro de los indígenas, se convirtió en espíritu al morir y llegó al cielo por su buen comportamiento en la Tierra. Adoraba a la Luna. Pero Raja, que también habitaba el cielo, de igual manera estaba enamorado de la Luna y quería atraparla para tenerla por siempre y que su luz sólo lo alumbrara a él cada segundo de la eternidad.

La Luna, al ver a los dos enamorados de su belleza y que ambos querían poseerla, salía resplandeciente durante su ciclo de luz, y al ver la rivalidad entre las dos almas, dudaba de cuál de los dos podría elegir. Ella se sabía adorada con gran devoción. Raja buscó una estrategia para ganar la partida y decidió engañar a Mayan: Le dijo que a la señora Luna le encantaban las flores más coloridas de rojo, que con ellas podía conquistarla y así sólo y por siempre podría brillar para él.

Mayan, con confianza y sin presentir que estaba siendo víctima de un engaño, se preparó para regresar a la Tierra de donde había partido hace años. Sigiloso y con extremo cuidado para no ser descubierto, emprendió el viaje. Tenía que concentrarse en conseguir las tan preciadas flores, las más coloridas en rojo, mismas que le entregaría a la Luna cuando estuviera completamente llena, tal como Raja se lo había dicho. Difícil era su misión: había que ir a la montaña más alta y ahí recolectar las flores rojas más hermosas para obtener el amor de la Luna. Mientras, Raja aprovechaba el tiempo improvisando día a día nuevas estrategias para enamorar a la Luna, con poemas, cartas, regalos, cánticos. Pero la Luna, aunque agradecida por todos sus detalles, no le daba mayor importancia, sólo vivía para vestirse cada noche para salir, según su ciclo.

Llegó la noche cuando la Luna estaba llena, y Mayan, con miles de hermosas flores rojas y grandes, la esperó. La señora Luna, distraída, nunca las vio, y Mayan, decepcionado y triste, aún no sabía que no podía regresar al cielo, ya que un espíritu que decida volver a la Tierra tenía que quedarse penando por siempre en ella. Mayan se dio cuenta en ese momento que todo había sido una trampa de Raja para deshacerse de él. Y ya, sin remedio pero con fe, continuó buscando incansables maneras de enamorar a la Luna, sin importar tener que empezar de nuevo cada vez.

Después de años de constante lucha y horas y horas de pensar, por fin llegó a su mente la genial idea de contarle a la Luna lo que había pasado con Raja. Y le escribió:

“Querida Luna:

“Como has visto yo siempre te amo. Ilusionado te quería dar las mejores y más bellas flores rojas que supe te enamorarían, bajé a la Tierra pero todo fue una trampa y me he quedado aquí llorando por ti. Espero entiendas mi amor: No puedo seguir aquí, lo único que quiero es regresar a mi hogar, contigo.

Mayan, tu eterno amor”.

Mayan leyó la carta en voz alta a su querida señora Luna. La Luna entendió y lo regresó a cielo, donde él pertenecía.

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