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Frijolitos regenteados

Por: Alejandra Fonseca

2013-01-11 04:00:00

Todo empezó porque los dos tenían hambre. Son un matrimonio joven bien avenido aunque  a veces el demoño se posesiona del que se afloje. Ella tuvo que salir a atender algunas cosas y le pidió a su marido que la esperara para comer juntos algo. Era día de reyes y había dos grandes roscas para partir y un buen chocolate caliente para beber en la cena, además de piñatas que romper con frutas y dulces. El accedió afable, sin trastrocamientos, pero mientras ella estaba ausente, la familia se dispuso a comer unas tortas compuestas de jamón para pasar contentos la espera.

Los cuñados, concuños, tíos, tías, primos, sobrinos, la suegra y la abuela empezaron a abrir las bolsas, paquetes y latas para preparar las tortas: jamón, mayonesa, chilitos serranos en escabeche, frijolitos negros refritos –especialidad de la casa–, y unas tortas de agua recién sacadas del horno. 

Todo mundo agarró su torta y la partió a la mitad. Hubo quien le quitó el migajón y hubo quien se lo dejó para hacer la torta más gorda todavía. Dos tías y la abuela empezaron a organizarse para departir el pan y la sal, para que hubiera orden y a todos tocara una buena torta bien preparada en la primera ronda y que no hubiera quejas. Así, cada uno fue pasando su torta para que se la hicieran al gusto y estuviera contento. Y así se le fue atendiendo uno a uno.

Al joven le llegó su turno de opinar sus gustos. En su contento las mujeres le preguntaron cómo quería su torta. El muchacho, en su olvido, con su pecho sano, su hambre y antojo, rodeado de trogloditas hambrientos satisfaciendo su hambre, dijo franco, sincero, sin recuerdo alguno de promesa cierta, que la quería con muchos frijolitos… y así se la hicieron.

Al poco chico rato, llegó la esposa. Lo miró desde la entrada a la cocina degustando feliz una torta recompuesta y rebosante de frijolitos, y recontento platicando muy alegre con el tío. La mujer se descompuso toda. Se salió de la cocina y en el comedor se sentó en el rincón a medio llorar y a medio aguantarse; a medio hablar y a medio callarse. A medio correr y a medio quedarse.

Al darse cuenta el tío del escenario, éste gritó: “¡No te enojes, la culpa la tiene la tía que regentea los frijolitos. Ella fue la que le ofreció su torta y él no tuvo manera de rechazarla. Es muy insistente ya la conoces que hasta necia se pone la tía!”.

La otra lloraba con frigidez en franco enojo y lo miraba con recelo de reojo. No sabía si explotar delante de todos o perdonarlo delante de todos. No se definía si abalanzársele con todos sus reproches y garras o darse la media vuelta e irse en pleno berrinche. La tía, azuzada por el regenteo frijolero, que se le acerca a la jovencita y con una torta repleta de frijolitos negros refritos en un plato, que le dice, “Si el pedo fueron los frijolitos, aquí tienes, pero ya no la hagas de pedo, m’ija”.

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