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"¡Ay, ya!"

Por: Alejandra Fonseca

2012-05-11 04:00:00

Su romance fue de antología. Duró un año. Exacto. En calendario. Ambos lo sabían. Fueron valores entendidos. Un día él llegó a un bar. Estaba citado para conocer a otra mujer que le presentarían. No a ella. Pero ella estaba ahí, sentada en un sillón rosa, esperando. La miró de lejos y atrapó su mirada. Sus rasgos indígenas llamaron poderosamente su atención. No se cansó de verla, aunque ella, distraída en una revista de diseño, no lo notó.

Es una mujer elegante y atractiva. Se arregla hasta para trabajar en su casa. Es alegre y no se amedrenta de lo difícil de la vida u hostil del mundo. Siempre ve lo bueno. Pero lo costó. Fue feliz y estuvo muy enamorada de su marido: “Pero a él se lo olvidó que tenía hijos. Y se fue un día y ya no dio dinero”.

Sacó a sus hijos adelante como pudo: “A veces no teníamos para comer. Entonces me las ingeniaba para hacer algunas costuras o diseñar algo para las casas de mis amigas pudientes. Y de ahí salía para el día. Así me la fui llevando día tras día. No tenía tiempo de ocuparme más que de mi familia. No tuve tiempo de deprimirme ni de guardar resentimientos. Tuvimos que salir adelante como fuera”, contenta confiesa con una sonrisa en su rostro. Pero con los hijos graduados e independientes, y ella viviendo sola, un buen día dijo: “¡Ay, ya!”, y se dedicó a vivir la vida como si ésta fuera un paraíso.

Ese día su amigo la había citado para encargarle remodelar su bar. Fue ahí que ese atardecer se sentó en el sillón rosa y hojeaba la revista. Ella no conocía al extranjero que la miraba a través del salón,  ni mucho menos había la intención de serle presentada. Coincidió que quien los citó a ambos era el mismo. Sin el fin que sus caminos se cruzaran y mucho menos que se dejaran huellas indelebles.

Cuando llegó la mujer a quien le presentarían al extranjero, éste amablemente dijo, “no, gracias”, y buscó de manera sagaz conocer a la mujer del sillón rosa. Cuando la tuvo enfrente le dijo: “Me gustas mucho. Voy a estar un año en México. Quiero tener una relación contigo. Es todo lo que puedo ofrecerte: un año.” Esa noche ella lo pensó. ¿Qué podía perder? Y al día siguiente aceptó la propuesta.

“Viví el romance más hermoso de mi vida, –confiesa. Este hombre me trató con un amor y entrega que yo no conocía. ¡Fuimos tan felices juntos! Sabíamos que nuestra relación tenía fecha de caducidad. Y no hay plazo que no se cumpla. La noche que sabíamos sería la última lo esperé con la sala llena de velas. Cuando entró y vio, salió para irse a la azotea y ahí no dejó de llorar.., –dice con tristeza disfrazada de anécdota. Después de él, no puedo aceptar menos de lo que tuve con él…”, añade con lágrimas que asoman en sus ojos. Y voltea su rostro para decirse a sí misma en voz alta: “¡Ay, ya!” y se echa a reír.

El “¡Ay, ya!”, esconde su paraíso…

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