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Muchos dichos y pocos hechos

Por: Manuel De Santiago

2012-03-01 04:00:00

La memoria de de las personas es flaca y la de los pueblos es escuálida, de plano. La velocidad a la que corre la vida citadina actual y el cúmulo de información que recibimos diariamente hace difícil ponderar y jerarquizar la importancia y los efectos de los asuntos sociales. Si a esto le agregamos los graves problemas económicos que se padecen y el hecho que en el seno de las familias ya no se inculcan principios y valores consistentes, porque se vive en la inmediatez y en el pragmatismo más vulgar dedicados apenas a la sobrevivencia, los ideólogos del poder político y los profesionales del rito se dan vuelo promoviendo los nacionalismos a ultranza, los espejismos sobrenaturales y las múltiples “jaladas” de la pseudociencia.

Qué fácil resulta hacer creer a la gente en cualquier cosa, por absurda que parezca. Sólo hay que tener ciertas dotes de convencimiento y de prestancia para hacer esta tarea manipuladora. Debo decir que la credulidad no es exclusiva de las personas con baja escolaridad, porque hay una idea común de que la ignorancia trae aparejada la ingenuidad, pero sé de casos en que personas que poseen niveles de escolaridad altos y aun son expertos en las disciplinas de las llamadas “ciencias exactas”, pero son de un candor rayano en la irracionalidad; están dispuestas a creer en cualquier tontería documentada, con tal de que estos “documentos” procedan de otros embusteros ensalzados por sus propios seguidores incondicionales y manejen un lenguaje enrevesado, pseudocientífico.

Entre muchas especies que andan circulando entre la gente que manda mensajes electrónicos (“correos”) están las relativas a la salud y en ese tema me topé con una “jaladota” de descomunales proporciones que es la del “agua estructurada”, descubrimiento hecho por un disque doctor japonés llamado Masaru Emoto que creo que de verdad e’moto, por los disparates que dice. Por lo pronto el señor obtuvo su “grado académico” en una universidad “patito” de la India y además por correspondencia. El caballero, que se ha hecho rico por la bola de crédulos que le siguen y compran sus libros, afirma, basado en microfotografías, que se puede cambiar la estructura del agua cuando le rezas, cuando le dices cosas bonitas o le pones a “escuchar” música bella. ¡Me lleva la chin…ita! con esas idioteces para engañabobos que quieren creer a chaleco, porque alegan como argumento eficiente que la ciencia no tiene todas las respuestas; pues claro que no las tiene, porque el conocimiento científico no es brujería, sino que es el resultado de un proceso racional y experimental. ¡Faltaba más!

Si la internet es un caudaloso río de tonterías, también es un vehículo de conocimientos fundados y útiles. Hay que saber buscar y poder discriminar entre la información correcta y las tarugadas. No se trata de cantidad, sino de calidad. No porque los datos sean difundidos en muchos sitios deben ser verdaderos; a menudo la gente responsable se toma más tiempo en ofrecer una información adecuada, pero estos son los muchos dichos de la era contemporánea… faltan los hechos comprobables.

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