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"Universidad-Fábrica" vs. "Universidad-Empresa"

Por: Susana Rappo

2012-02-10 04:23:15

En México, la Universidad de Sinaloa fue, en los 70, la más representativa en enarbolar el proyecto de “Universidad–Fábrica”, donde el discurso de Reforma Universitaria fue abandonado por algunos grupos en la medida que se radicalizaba el movimiento estudiantil. La Federación de Estudiantes Universitarios Sinaloenses de la UAS fue la corriente que mejor enarboló la tesis Universidad Fábrica y por lo cual se le denominó peyorativamente los “Enfermos”, haciendo alusión al texto de Lenin El izquierdismo: enfermedad infantil del comunismo. En dicho escrito se critican las posiciones políticas radicales de estudiantes rusos, los cuales defendían la acción directa como la única estrategia política posible para iniciar el cambio revolucionario de la sociedad. El “enfermismo” fue la respuesta y resultado a un modelo económico y político en descomposición, en un contexto de autoritarismo estatal y ejercicio violento hacia los sectores más radicales del movimiento estudiantil.

La tesis fundamental partía de considerar al estudiantado como una fracción del movimiento obrero, relegando los intereses particulares de los estudiantes en aras de una transformación social liderada por los trabajadores. Durante el periodo más radical el movimiento estudiantil en esa época se relacionó con grupos campesinos, obreros y comerciantes, entre otros, a quienes apoyó en sus demandas y luchas. Una parte de los recursos financieros universitarios era destinada para la acción política, aunque logrando obtener para las instituciones educativas mayores subsidios y mejores condiciones laborales a partir de creación de sindicatos.

El fracaso de la tesis “Universidad–Fábrica” se asocia a una visión dogmática de la realidad, al papel que las universidades debían jugar, a las luchas intestinas de las fuerzas de izquierda a su interior, así como a la imposición del neoliberalismo, que ha buscado e intenta consolidar el modelo de “Universidad– Empresa”, el cual  como si fuera una cadena productiva, concibe a la universidad como un centro de capacitación de trabajadores potenciales. La universidad como generadora de conocimiento ya no tiene importancia; el conocimiento como acumulación de saber no es significativo; su valor, dentro del modelo empresa, radicará ahora en el uso que se hace del mismo. La propuesta educativa del modelo “Universidad–Empresa” se denomina “Educación por Competencias”, la cual básicamente significa “Saberes de Ejecución”. En otras palabras, saber hacer, no conocer, y sí has de aprender algo es para usarse; de lo contrario, no es necesario saberlo.

El fin educativo de la educación por competencias es estrictamente económico, y en la mayoría de los países donde se aplica este modelo se sustenta en la teoría del capital humano. El objetivo de este modelo consiste en producir agentes económicos capaces de utilizar las nuevas tecnologías, desarrollar su saber de ejecución alrededor de la Tecnología de Información y Conocimiento (TIC). Según Jacques Delors, en el libro La Educación Encierra un Tesoro, de la Unesco, para alcanzar dicho objetivo la formación permanente de la mano de obra requiere de una inversión estratégica que entraña la movilización de varios agentes: el sistema educativo, los formadores privados, los empleadores y los representantes de los asalariados.

Así como se ha vendido la idea de que los alimentos transgénicos han de eliminar, o por lo menos mitigar el hambre mundial, los políticos–teóricos de la  Sociedad de la Información–Conocimiento han vendido la idea de un proyecto plural donde el acceso a la información–conocimiento llevará a las transformaciones sociales, culturales y económicas en apoyo al desarrollo y la sustentabilidad. La Unesco refuerza este modelo al señalar que los pilares de las sociedades del conocimiento son el acceso a la información para todos, la libertad de expresión y la diversidad lingüística; en este marco teórico se sustenta el componente del contenido informático de la educación por competencias. La orientación educativa por competencias, ante el supuesto del “extraordinario desarrollo de los conocimientos” y su acceso a él por medio de la TIC incorpora el concepto de educación permanente durante toda la vida, como se constata en el libro referido, como forma de mantener el acceso al trabajo.

La TIC asegurará la máxima flexibilización profesional de los futuros trabajadores, a fin de que éstos se sigan formando a lo largo de su vida. Como dice Renán Vega Cantor en Las competencias educativas y el darwinismo pedagógico, para que estén actualizándose perpetuamente, “de la cuna a la tumba”, renovando sus destrezas y habilidades para poder mantener su trabajo, competente hoy pero inútil mañana. Si el mercado laboral se ha hecho flexible, vocablo con el que se debe entender que los trabajadores ya no tendrán puesto fijo durante la vida, los sindicatos están extintos y predomina la lucha de todos para sobrevivir, la educación también debe ser flexible y adaptable a los requerimientos del mercado de trabajo.

Algo contradictorio pero revelador en esta utopía informática de orientación educativa por competencias es que mientras se entiende que la educación deberá transmitir, masiva y eficazmente, un volumen cada vez mayor de conocimientos teóricos y técnicos evolutivos, adaptados a la civilización cognoscitiva, porque son las bases de las competencias del futuro, señala Delors en el libro referido,  la interacción entre individuos en las sociedades ultratecnificadas probablemente sea mucho más factible entre los iletrados que entre las personas con bagaje intelectual. En el mundo de las competencias el conocimiento parece ser un obstáculo para las interacciones entre los individuos. Esta orientación educativa concibe a las relaciones interpersonales como el producto de la intuición, del discernimiento, de la capacidad de prever el futuro, y sobre todo algo muy importante para las competencias, el espíritu de equipo.

Hasta hace poco la educación era un vehículo para la movilidad social. Se estudiaba para obtener un buen empleo y por consiguiente un buen nivel de vida. Sin embargo, es un supuesto falso señalar que la actividad de educación y formación en todos sus componentes sea uno de los principales motores del desarrollo económico. La industria de la educación, como hoy se la entiende, vende como cualquier empresa un producto, y eso son los títulos. Por ese documento se pagan grandes cantidades de dinero, aunque el estudiante no tenga la menor idea de qué estudió. Las competencias, en relación al conocimiento, sólo exigirán saber ejecutar. Los estudiantes, si bien no son obreros, se están preparando para serlo; serán técnicos con licenciatura.

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