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Joey, J. Edgar y la invención del cine

Por: Alfredo Naime

2012-02-03 04:00:00

Caballo de guerra, basada en la novela de Michael
Morpurgo, tiene que ver con un joven inglés que
durante la 1ª Guerra Mundial se une al ejército
para ir en busca de Joey, su caballo, vendido a la
milicia por su padre debido a urgencias de dinero

 

El pasado fin de semana fue bastante significativo para este cinéfilo que escribe, porque dio la posibilidad de ver las más recientes películas de tres muy respetados cineastas: Steven Spielberg, Clint Eastwood y Martin Scorsese. Las respectivas cintas en cuestión son Caballo de guerra, J. Edgar yLa invención de Hugo, de sobrados atributos para atrapar, involucrar y entretener a cualquier espectador con sangre —no atole— en las venas. Las tres se ubican en tiempos pasados, lo que implica trabajos de dirección artística acuciosos y necesariamente sobresalientes. Es de comentarse que dos de esos tres films han recibido varias nominaciones al Oscar: 6 el de Spielberg –Caballo de guerra– a mejores película, fotografía, música, dirección de arte, edición de sonido y mezcla de sonido; y 11 el de Scorsese –La invención de Hugo– a película, director, fotografía, guión adaptado, edición, música, dirección artística, edición de sonido, mezcla de sonido, efectos visuales y diseño de vestuario. En cuanto a J. Edgar–el film de Eastwood– ha sido más bien ignorado (a pesar de algunos guiños por aquí y por allá al trabajo de Leonardo DiCaprio en el rol titular), tal vez por su incómodo retrato (para USA) de un hombre que –polémico y todo– por décadas fue icono del ser político estadounidense. Pero vayamos por partes...

Caballo de guerra, basada en la novela de Michael Morpurgo, tiene que ver con un joven inglés que durante la 1ª Guerra Mundial se une al ejército para ir en busca de Joey, su caballo, vendido a la milicia por su padre debido a urgencias de dinero. Con un tratamiento de melodrama, Spielberg involucra a Joey –hilo de la historia, adjetivado como milagroso por sus proezas– en diversos eventos que dan fe de su valor y espíritu, otorgando además al “enemigo” un rostro humano, alejado de la acostumbrada caricatura gringa del villano. Como ha sido una constante en Spielberg, la realización es impecable, lo que facilita aceptar de inmediato el argumento. Un melodrama, dije; pero agradeciblemente contenido, sin truculencias, que ofrece justo lo mejor del género. Y caramba: cuando vean Caballo de guerra noten cómo Spielberg hace “actuar” incluso a los equinos (y no debería decirlo, pero dos o tres de ellos están “estupendos”).

J. Edgar, por su parte, cuenta el ascenso al poder –a lo largo del mandato de ocho presidentes– de Jeremy Edgar Hoover, creador del FBI y único director hasta su muerte. El foco está sobre el personaje, no tanto sobre el Bureau, aunque uno y otro resultan indisolubles. Clint Eastwood ofrece un retrato sin concesiones de este hombre obsesionado por la seguridad nacional como un fin absoluto, justificante (a su entender) de cualesquiera medios, por clandestinos, cuestionables y/o tramposos que pudieran ser. Está claro que J. Edgar nunca será la película más popular ni aceptada de su ya legendario director, pues incluso se detiene en las preferencias sexuales del personaje, develadas como “a contracorriente” de lo que uno esperaría del macho man a cargo de la seguridad de los ciudadanos del país más poderoso de la tierra. Las actuaciones son todas excelentes, con DiCaprio, Armie Hammer y Naomi Watts en los papeles principales.

Y en cuanto a La invención de Hugo –que no es infantil, sino para todo público– es una obra maestra; una maravilla en 3D (lo de menos, pero muy lograda) en la que están la magia de un cuento de hadas, el amor y la reverencia por el cine y sus creadores, y un narrador/artista en plena forma. Sus 11 nominaciones al Oscar no son sino la baba que se nos cae a cualquiera ante esta gema, en especial a quienes amamos al séptimo arte. Y si antes el nombre Georges Melies sólo significaba algo para estudiantes de cine, ahora será aprendido, recordado, valorado, por todos quienes vean esta cinta. Centralmente por eso –a nombre de papá Georges– hay que dar un millón de gracias a don Martin. Además, de muchas formas, La invención de Hugo es para Scorsese su propio Viaje a la Luna.

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