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En la Roma de Fellini, la de Allen

Por: Alfredo Naime

2012-07-27 04:00:00

En De Roma con amor, Woody Allen otorga el peso
dramático de su argumento a varios personajes y
no sólo a uno o dos. En la imagen, una escena de
la pélícula

En De Roma con amor, Woody Allen otorga el peso dramático de su argumento a varios personajes y no sólo a uno o dos. Está la pareja de recién casados, de luna de miel en Roma pero sobre todo en pos de rumbo para su nueva vida; el Don–nadie que se amanece un día con la novedad de ser famoso; el arquitecto en busca de su pasado, que se descubre en un aspirante a arquitecto en busca de su futuro, y un director musical jubilado, que en el fondo sólo desea estar activo y de vuelta en la excitación del trabajo. Para que las cosas se pongan en marcha entre estas historias particulares –que más y menos se relacionan– básicamente hay que agregar a una prostituta espectacular (del tipo de Penélope Cruz); a una desubicada pero irresistible aspirante a actriz; a un consuegro funebrero que canta angelicalmente y a ese rasgo contemporáneo que es la frívola popularidad mediática sin sustento. Pero en especial hay que agregar un marco idílico, en el que –además de lo natural– lo absurdo se justifique (o al menos se admita); y ese marco idílico, eterno, idóneo, es Roma. La del Coliseo, la Fuente de Trevi y la Escalinata Española; pero también la de Fellini, Mastroianni y Anita Ekberg. Con todos estos ingredientes, sazonados por la Ciudad Eterna (y sus romanidades) como personaje contextual, De Roma con amor se nos ofrece como una muy disfrutable película, que no promedia; sin embargo, entre las mejores de su director. Pero no importa, pues en general preferimos lo regular disfrutable, a lo bueno implacentero; en especial cuando de cine se trata.

¿Qué es lo que hace disfrutable a De Roma con amor? De principio, su reparto: Woody Allen (el director jubilado), Judy Davis (su esposa), Roberto Benigni (el Donnadie famoso), Penélope Cruz (la prostituta), Jesse Eisenberg (el aspirante a arquitecto), Ellen Page (la atractiva aspirante a actriz) y Alec Baldwin (el arquitecto en busca de sus recuerdos; el único por cierto que se percibe incómodo en el film). Ellos son los internacionalmente conocidos, pero además aporta mucho el talento italiano; en especial Alessandro Tiberi y Alessandra Mastronardi (como la pareja de recién casados) y Fabio Armiliato (como el funebrero de gran voz). Y para los cinéfilos de mayor edad, la cereza en el pastel es la breve, nostálgica aparición de Ornella Muti y Giuliano Gemma, en papeles coyunturales. A partir de este confiable cast, Woody Allen encauza su imaginación –una de cuyas cumbres alcanzó hace un año en Medianoche en París– fusionando lo real con lo irreal, lo factual con lo improbable y, por supuesto, lo surreal resultante. Esta vena es la que, por ejemplo, hace “natural” que el personaje de Baldwin se torne conciencia (no siempre visible para el resto) del arquitecto estudiante, como cuatro décadas atrás lo fue Humphrey Bogart para Allan, el inexperto protagónico de Sueños de seductor.

¿Cuántos días y noches transcurren en De Roma con amor? Muchos para ciertos personajes y pocos para otros, sin que a los cinéfilos parezca importarnos la inconsistencia. Pero hay más –todo bien calculado por Allen– que funciona no al nivel del rigor, sino llanamente en el de lo disfrutable: ¿una escenificación de Pagliacci con el protagonista interpretando el drama mientras se ducha? ¿Un Don–nadie que lamenta su nuevo status de admirado y famoso? ¿Un provinciano que considera una pesadilla la posibilidad de un affaire con el alter–ego de Penélope Cruz? ¿Una joven insegura que insiste en que su novio gaste los días con su sexy e irresistible amiga? ¿Un italiano al que no le gusta el calcio (el futbol) pero quiere desarrollarse en la archi–futbolera ciudad de Roma? Sí, pero nada de qué preocuparse: el truco aquí es que De Roma con amor se trasciende a sí misma de mera comedia romántica, a comedia fantástica. Y el resultado es, cual lo define Mick LaSalle en el San Francisco Chronicle: “un lío, pero es Roma; un lío, pero es Woody Allen”.

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