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Después de Lucía y de Brosnan

Por: Alfredo Naime

2012-11-16 04:00:00

Después de Lucía, de Michel Franco, relata la
llegada al D.F., desde Puerto Vallarta, de
Alejandra (Tessa Ia) y Roberto su padre (Hernán
Mendoza) después de la muerte en un accidente
automovilístico de Lucía, respectiva mamá y
esposa

 

Cuando todos esperábamos la llegada de La vida precoz y breve de Sabina Rivas, de Luis Mandoki, el estreno en Puebla ha sido Después de Lucía, de Michel Franco, ganadora en Cannes de la sección Una cierta mirada. Relata la llegada al D.F., desde Puerto Vallarta, de Alejandra (Tessa Ia) y Roberto su padre (Hernán Mendoza) después de la muerte en un accidente automovilístico de Lucía, respectiva mamá y esposa. Mientras que Roberto, visiblemente afectado, consigue trabajo según su oficio de chef, Alejandra entra a la escuela, en la que de principio es bien aceptada. En el nuevo ambiente, ambos buscan recuperarse, aún con el peso de la tragedia encima. Pero Alejandra se enreda con uno de sus amigos preparatorianos en un viaje de fin de semana, lo cual se registra en un video que es subido a internet. A partir de esto, la chica es crecientemente hostigada y degradada por sus compañeros, envalentonados por tener un pretexto (“es una zorra”), pero sobre todo por la inmadurez y el sinsentido. Ale prácticamente no opone resistencia, quizá para no contrariar aún más a su padre, cuya inestabilidad ante la pérdida de su esposa lo hace ver como un dique a punto de reventar (pocas veces una cinta mexicana ha ofrecido una percepción así de violencia latente). Cuando la situación se le torna insostenible, Alejandra desaparece; y a partir de ello es que Roberto se entera de lo que ha padecido su hija. Reacciona entonces, desde la desesperación, la confusión y la ira, aristas de la situación misma. Pero reacciona también  desde su desequilibrio; ese su compañero después de Lucía.

Después de Lucía narra una situación terrible, que se hace aún más demoledora porque se le sabe cotidiana(!); de ahí que, según el tagline, la película está basada “en miles de historias reales”. Michel Franco ha conseguido un film riguroso, desdramatizado (si cabe), de ritmo atemperado, cuya apuesta narrativa se fundamenta en largos planos fijos, diseñados como testigos distanciados de los eventos. Esos eventos –crueles y tristes como son– se muestran pues con austeridad, sin tremendismo, dejando que por sí mismos ofrezcan su acentuación y resonancia. Desde luego que el bullying es en automático el tema principal de la cinta, pero Después de Lucía hace evidente una mirada más amplia, que ofrece a reflexión sus derivaciones naturales: el daño íntimo y emocional, la indefensión, la desconexión, muy en especial el hartazgo, que llevan a la ruptura psicológica y frecuentemente –como es el caso– a la falsa pero explicable justificación de la venganza. Después de Lucía es una obra poderosa, muy triste, ingrata desde luego, que resulta imprescindible de ver y pensar. Será la representante de México ante el Oscar 2013 (que es lo de menos) a partir de la fuerza de un reclamo que es en realidad el de sus dos personajes centrales, símbolo y rostro síntesis de incontables más que viven la desesperación del hostigamiento sin esperanza, en un entorno violento, descompuesto, casi siempre impune, frente al que la respuesta de líderes y autoridades se hace inexistente, de tan tibia. Para Después de Lucía este reclamo –no su aspiración al Oscar– es su validación esencial.

Y me preguntan por qué no he hablado mucho de Skyfall, la película de moda, cual era de esperarse. No sé; será que preferí hablar de Después de Lucía y no de Después de Pierce Brosnan. Como sea –no es un elogio, pero tampoco un ataque– lo que más me gusta de Skyfall es su secuencia inicial de créditos, vestida además con el tema en voz de Adele. De ahí en más la sentí larga, si bien asumo que para reinventar a la franquicia (y al 007 himself) no bastaban los 100 minutos de rigor. Pero sigo sin ver a Daniel Craig como Bond, me dolieron los ojos por el destrozo del Aston Martin y agradecí la presencia de Berenice Marlohe (a mi juicio, desaprovechada). Y Bond –por fin– hizo algo más que “agradecerla”. Qué bueno, porque ya empezaba a hablarse...

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