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Reto de la izquierda francesa: no repetir los errores de los otros

Por: Arturo Huerta González

2012-05-08 04:00:00

El candidato socialista François Hollande ganó las elecciones presidenciales en Francia, reiterando que sus prioridades serán “la igualdad, la juventud, la justicia social, la educación y la reorientación de Europa hacia el crecimiento y el empleo”. Ganó y generó seguidores en toda Europa, y más allá, con su discurso en contra del sector financiero y de las políticas que Alemania ha venido imponiendo en Europa. Ante los estragos que la política de austeridad fiscal ha ocasionado en todos esos países, el ahora presidente electo ha dicho que “la austeridad no puede ser una condena”, lo cual es un clamor y demanda de todos los afectados.

El señor Hollande prometió en su campaña renegociar el pacto fiscal y reorientar la política europea para combinar la re-ducción del déficit fiscal con una estrategia de crecimiento. La canciller alemana, la señora Merkel, ha dicho al día siguiente de las elecciones de Francia que recibirá con los brazos abiertos al nuevo presidente de Francia, pero que el pacto fiscal de la Unión Europea no se puede volver a nego-ciar. La señora Merkel dijo que “el progreso sólo puede alcanzarse con finanzas sólidas más crecimiento”, pero el problema es que para alcanzar esas finanzas sólidas están procediendo a drásticas restricciones del gasto público y a incrementos de im-puestos, lo que contrae la demanda, y por lo tanto la actividad económica y el em-pleo. Para que se crezca con la austeridad fiscal, las economías tendrían que tener superávit de comercio exterior; es decir, exportar más de lo que importan, lo que só-lo se da en Alemania y no en el resto de los países, por lo que al persistir la austeridad fiscal el resto de los países de Europa no podrá alcanzar el crecimiento, ya que su sector privado se encuentra altamente en-deudado y está restringiendo consumo e inversión para pagar lo que debe. Será di-fícil que se pongan de acuerdo la canciller de Alemania y el nuevo presidente de Fran-cia al insistir la señora Merkel en no modificar los acuerdos sobre la disciplina fiscal. 

El señor Hollande tendrá que ser consecuente con sus posiciones y realizar los cambios en Francia, que serán decisivos y servirán de ejemplo en el resto de Europa, y no debe ceder a las presiones que Alema-nia le ejercerá, como lo hizo con los go-biernos socialistas en su momento en Por-tugal, en Grecia y en España, los cuales aplicaron las políticas dictadas por la Co-misión Económica Europea y el Banco Central Europeo, liderados por Alemania, y que llevaron a sus países a la recesión y a la crisis, y a que perdieran las elecciones, dado el descontento de su población.

El nuevo gobierno de Francia conoce la historia acontecida en tales países, y no por nada el señor Hollande en su campaña manejó un discurso contra el sector financiero, y la necesidad de modificar la política económica impuesta por este sector que ha llevado a sacrificar el crecimiento, el empleo y el bienestar de la población. Tiene la ventaja de haber ganado con dicho discurso para que no haya engaño cuando empiece a instrumentar las medidas de re-gulación y de establecer impuestos al sector financiero y a flexibilizar la política fis-cal para incrementar la inversión a favor del crecimiento y del empleo. Diferente es cuando en la campaña presidencial, como es el caso de nuestro país, nadie toca con el pétalo de una rosa al sector financiero y nadie habla en contra de la austeridad fiscal, lo que lleva a que el que gane seguirá con más de lo mismo, y los resultados no podrán ser diferentes a los alcanzados, sal-vo que uno de ellos no venderá la industria petrolera, a diferencia de los otros.

La señora Merkel tendrá que ser sensible a los planteamientos de Hollande, ya que éste recoge no sólo la demanda de la mayoría de los franceses, sino también de toda Europa, que está diciendo un ya basta a las políticas que han llevado a aumentar el desempleo, a tener menos industria, me-nos salarios, menos prestaciones laborales, mayor miseria, situación que no se daba desde la Segunda Guerra Mundial en tales países.

El resultado de las elecciones en Fran-cia refleja que los discursos de izquierda son escuchados y aceptados por la sociedad, que no quiere más políticas que actúan en detrimento de los proyectos nacionales, y de las condiciones de vida de las grandes mayorías. Los que se dicen de izquierda en México deberían aprender a no claudicar de las posiciones socialistas, de las po-siciones contra el sector financiero, contra el gran capital nacional e internacional, que son los hegemónicos y los causantes de los problemas que enfrentamos, y que sólo ge-nerando niveles de concientización y politización se podrá gestar el cambio de co-rrelación de fuerzas para anteponer políticas a favor de las grandes mayorías.

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