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La urgencia del PRI por otra reforma energética

Por: Arturo Huerta González

2012-10-09 04:00:00

 

Al Partido Revolucionario Institucional (PRI) y al presidente que asumirá el 1 de diciembre les urge presentar una nueva iniciativa de ley que abra más a la industria petrolera a la inversión privada nacional y extranjera, dado que la economía nacional depende de la entrada de capitales para financiar su inserción en el proceso de globalización, como para mantener estable el tipo de cambio, y baja la inflación.

El dirigente de dicho partido, dijo el fin de semana en Colima, que se permitirán las inversiones privadas en la exploración y explotación de petróleo, ya que según él, Petróleos Mexicanos (Pemex) “no tiene la experiencia ni los recursos para explorar yacimientos en aguas profundas, por lo que es pertinente que se permita a empresas extranjeras invertir para explotar recursos energéticos”. Así nuestro país, dice él, dará un “gran salto hacia el futuro, a superar las viejas ataduras que nos han impedido desarrollarnos conforme a las energías humanas y materiales que poseemos”. En fin de cuentas, vendrán las empresas petroleras transnacionales, a explotar el petróleo de nuestro país, y ello nos sacará del subdesarrollo. Si así fueran las cosas, desde cuando hubiéramos alcanzado el desarrollo, ya que las empresas transnacionales vienen predominando en el sector manufacturero, en el sector financiero, en el sector comercial, así como en la propia industria petrolera en el país, y la economía tiene menos desarrollo productivo, menos crecimiento, menos economía formal, que la que tenía, antes de que dicho capital fuera el predominante en el país. Siguen pensando que la solución a nuestros problemas vendrá de fuera, ante la incapacidad de los gobiernos y de la cúpula empresarial nacional de conformar condiciones productivas endógenas para alcanzar un crecimiento sostenido y generalizado que genere empleos productivos bien remunerados que mejoren el nivel de vida de los mexicanos.

El dirigente priista, señaló además que la sociedad mexicana ya se ha acostumbrado a la imposibilidad del cambio y se ha extendido “una carta de naturalización a la pobreza de la mayor parte de la población y la desigualdad que padecemos, como si esas circunstancias fueran la normalidad”. Lo que no se da cuenta, es que esos cambios estructurales se han venido dando desde los años ochenta impulsados por su partido, y profundizados por los doce años de gobierno del Partido Acción Nacional (PAN), y que son causantes de la mayor pobreza y desigualdad que vive el país, y efectivamente, ello pasa a ser caldo de cultivo para que el PRI siga comprando votos, y pueda regresar al poder para continuar vendiendo el país, a favor de las empresas transnacionales, evidenciando que dicho partido no tiene Proyecto de Nación.

El presidente del PRI indicó que con la reforma energética “no se trata de suspender el carácter nacional de nuestra industria petrolera o eléctrica, sino de apoyarlas con el concurso de otros modelos de negocio para colocar nuestra riqueza petrolera al servicio del país”. Cabe aclararle a dicho personaje, que si bien el petróleo seguirá siendo supuestamente de la nación, la renta petrolera será siendo apropiada por aquellas empresas que lo encuentren, y que lo extraigan, y serán migajas lo que le quede al país, lo que descapitalizará más a Pemex, y presionará sobre las finanzas públicas, ya que el gobierno recibirá menores recursos.

En su discurso adelanta que “Pemex podrá concentrar sus esfuerzos en desarrollar los proyectos en donde es competitiva a escala mundial, como la perforación en aguas someras y en franjas terrestres”. Es decir, seguiremos siendo extractivos para exportar, y continuaremos importando gasolina, como petroquímicos, dado que en esto no somos competitivos. Las ventajas competitivas nos han condenado al subdesarrollo como a muchos otros países, situación no entendida por quienes nos han gobernado y nos pasarán a gobernar nuevamente. Seguiremos “exportando tomates, para importarlos en una lata”. No por nada, estamos como estamos.

Cabe resaltar que el 2 de octubre (no se olvida) Peña Nieto se reunió con los dirigentes del Consejo Económico Empresarial, quienes le demandaron la bursatilización de las empresas públicas, proyecto en el cual han venido trabajando las autoridades federales actuales, y es muy probable que el nuevo gobierno lo incorpore en la Iniciativa de Reforma Energética que presente al Congreso. Ello significará que fluirán grandes recursos a la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), tal como aconteció en el periodo de Salinas de Gortari, cuando vendió Telmex, y la banca, lo cual se realizó a través de la BMV, que le permitió apreciar la moneda nacional, bajar la inflación, pero la economía solo creció en 3.2 por ciento promedio anual es dicho periodo, que terminó con la crisis de diciembre de 1994. Lo mismo acontecerá, de repetirse el mismo esquema con Peña Nieto. Vendrán muchos capitales a la BMV, el peso se apreciará, se abaratará más el dólar, se incrementará el crédito, aumentarán las importaciones, se contraerá la producción nacional, se expandirá el déficit de comercio exterior, y terminaremos en otra crisis de proporciones, una vez que no haya entrada de capitales suficientes para financiar los desequilibrios de la economía.

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