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La necesidad de reeplantear la política que nos lleva a depender de variables externas

Por: Arturo Huerta González

2012-07-17 04:00:00

 

La política económica predominante, de estabilidad macroeconómica y las reformas estructurales han actuado a favor del sector financiero, y en detrimento del crecimiento económico, del sector productivo y del empleo, y han llevado a la economía a altos niveles de endeudamiento y a depender del comportamiento de las variables externas, por lo que se insiste en acelerar la extranjerizacion de la economía para atraer capitales.

La globalización no permite políticas a favor del crecimiento y del empleo. Ha originado grandes transformaciones en la economía mundial, y al interior de los países. Se ha incrementado la presencia de varias economías emergentes (los BRICs) en el Producto Interno Bruto (PIB) mundial, y se ha reducido la de los países desarrollados. Se ha impulsado la financierización de la mayoría de las economías, a consecuencia del deterioro de la esfera productiva como resultado de su pérdida de competitividad, y baja dinámica de acumulación, que ha llevado a las empresas productivas a caer en altos niveles de endeudamiento, y en problemas de insolvencia. La mayoría de las economías han pasado a enfrentar bajo dinamismo; han visto deteriorado sus condiciones endógenas de acumulación y crecimiento; y han pasado a estar en una situación de alta vulerabilidad externa.

Ante los problemas de sobreendeudamiento e insolvencia, se han impuesto las políticas de austeridad fiscal que están generalizando contextos recesivos (o de bajo crecimiento), y de alto desempleo, que ahondan los problemas de cartera vencida y de inestabilidad bancaria.

Las economías tratan de contrarrestar sus problemas de crecimiento, de déficit de comercio exterior y alta deuda a través de incrementar las exportaciones, pero el contexto de bajo crecimiento recrudece la competencia, y dificulta dicho crecimiento, y compromete la estrategia de crecimiento hacia fuera.

La generalización de las políticas de austeridad fiscal, la pérdida de dinamismo del comercio mundial, y la incapacidad de devaluar la moneda, hacen que no haya perspectivas de crecimiento, ni hacia el mercado interno, ni hacia fuera. Deja de haber motor de crecimiento.

Las crisis económicas recurrentes no han cambiado la política económica predominante que las ha ocasionado, debido a la fuerza económica–política que ejerce el sector financiero para que no cambie, dado que se favorece de ella.

Las políticas de libre mercado y de estabilidad macroeconómica no pueden continuar, dado que profundizan la crisis, y desatienden las demandas de la población. El objetivo de las políticas debe ser la generación de empleo bien remunerado, y no subordinarse al objetivo de estabilidad cambiaria deseado por el sector financiero. El gobierno debe recuperar el control de la moneda, para poderla devaluar, emitir y financiarse con ella, y así poder flexibilizar la política económica para alcanzar condiciones de crecimiento y de empleo, que descancen en la esfera productiva, y que reduzcan las presiones sobre el sector externo, para mejorar el ingreso de empresas, individuos, y del gobierno para que encaren el pago de su deuda, y reduzcan su vulnerabilidad.

En un contexto donde no crece la inversión ni el consumo del sector privado, y no hay perspectivas de crecimiento de exportaciones, el gobierno tiene que trabajar con gasto público deficitario, a fin de desarrollar el mercado interno. Ello se viabilizaría al recuperar el gobierno el control de la moneda, y al trabajar con tipo de cambio flexible. Tal política tendría que ir acompañada del control del movimiento de mercancías y capitales, y del sector financiero, a fin de evitar prácticas especulativas que atenten sobre la dinámica económica y el empleo.

La responsabilidad fiscal no debe sustentarse en bajo déficit y en baja relación de endeudamiento que exige el sector financiero, sino en el impacto que tiene sobre la dinámica económica y el empleo, para que responda a las demandas democraticas de la población. De no cambiar la política económica de libre mercado que atenta sobre el sector industrial y agrícola, y sobre el empleo, así como sobre la participación del Estado en la economía, seguirémonos recreando en el bajo crecimiento, con altas tasas de desempleo y subempleo, y acentúandose la mala distribución del ingreso, y la extranjerización de la economía, así como el clima de violencia e inseguridad que vive el país. La solución a nuestros problemas pasa por cambiar la correlación de fuerzas, para incrementar el tamaño y participación del Estado en la economía, para que regule y subordine al sector financiero a favor del sector productivo y del empleo.

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