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La izquierda francesa se impone en sus propuestas económicas

Por: Arturo Huerta González

2012-05-02 04:00:00

El candidato socialista François Hollande, ganador de la primera vuelta en las elecciones presidenciales de Francia, ha venido sosteniendo un discurso en su campaña en contra del sector financiero, y de las políticas de austeridad fiscal, y las reformas estructurales defendidas por la canciller alemana, la señora Merkel, y ha advertido que Alemania “no puede decidir sola por todo el resto de Europa”, y además ha abierto un debate sobre la necesidad del crecimiento. Ello le ha llevado a tener muchos adeptos, no sólo en Francia, sino en toda Europa. Hasta la mayoría de los miembros de la Comisión y el Consejo Europeo, e incluso el Banco Central Europeo (BCE), se han visto obligados a reconocer la necesidad del crecimiento.

El señor Hollande ha dicho que debe modificarse el papel del BCE, el cual debe comprar deuda de los gobiernos (cosa que hasta ahora se le tiene prohibido), e introducir los eurobonos a fin de que los gobiernos puedan financiarse, y ver reducida la tasa de interés de la deuda que emiten, y así aligerar las presiones sobre las finanzas públicas a fin de que puedan flexibilizar el gasto público en infraestructura para alcanzar el objetivo de crecimiento. Tal propuesta va acompañada del establecimiento de impuestos a las transacciones financieras, tanto para contribuir al financiamiento de la mayor inversión pública, como para frenar las prácticas especulativas del sector financiero.

A pesar de que la señora Merkel venía endureciendo su posición, de que no renegociaría o cambiaría el pacto fiscal europeo, firmado por 25 socios de los 27 miembros de la Unión Europea en diciembre pasado, donde se comprometieron a una reducción drástica del déficit fiscal, el crecimiento de la popularidad en toda Europa del candidato socialista de Francia ha llevado a la señora Merkel a cambiar sus posiciones. El contexto de crisis y de recesión, evidencian el fracaso de sus propuestas de austeridad fiscal y de reformas estructurales, de privatización y extranjerización de las economías, como de las reformas laborales encaminadas a reducir prestaciones laborales y salarios para así, supuestamente salir de la crisis. El descontento creciente que ello ha ocasionado en toda Europa, ha llevado a la Comisión Económica Europea, que tiene su centro en Bruselas, ha tener que pronunciarse por el crecimiento. Pero persisten sus contradicciones, ya que ellos pretenden alcanzar el crecimiento a través del incremento de la productividad, y no modificando la política de austeridad predominante, ni incrementando los niveles de deuda. El problema es que el aumento de la productividad, requiere de inversión, lo cual no se da con la austeridad fiscal. Ello los ha llevado a sumarse a la propuesta de campaña del candidato socialista francés, de utilizar el Banco Europeo de Inversiones para impulsar el crecimiento y el empleo. La señora Merkel se ha sumado a dicha idea, y ya empezaron a hablar de establecer un Plan Marshall (parecido al que estableció Estados Unidos para la reconstrucción de Europa una vez terminada la Segunda Guerra Mundial) destinado a estimular el crecimiento en los países más castigados, pero sin que cueste demasiado dinero, dado el clima de austeridad predominante. Quieren poner el énfasis en la inversión en infraestructuras, en energía verde y tecnologías avanzadas, con participación del sector privado, sin aumentar la deuda de los países de la zona euro. Se habla de un importe a dicha institución por unos 200 mil millones a través de avales, eurobonos para financiar inversiones otras títulos financieros, encaminados a incrementar la infraestructura. Dicha cifra es mucho menor a la canalizada al rescate del sistema bancario de dicha zona, que se ha ido a la especulación, y no ha favorecido el crédito para impulsar la inversión y el crecimiento. Son muy grandes los rezagos productivos, y el desempleo que enfrentan la mayoría de tales países. No solo se requiere de fuertes sumas de financiamiento para incrementar la inversión, sino que se tiene que replantear toda la política económica predominante que los ha llevado a perder competitividad, como capacidad productiva y a tener altos déficit de comercio exterior, y altos niveles de endeudamiento, y los problemas de insolvencia e inestabilidad bancaria que enfrentan. Mientras los países periféricos de dicha zona (Grecia, España, Portugal, Italia, entre otros) no retomen el manejo soberano de su moneda, no la puedan emitir y devaluar, no podrán impulsar su crecimiento económico, mejorar su competitividad, ni reducir los problemas de desempleo y miseria. Mientras siga la política económica que ha generado tales problemas, el Plan de Inversiones que están elaborando, no los resolverá, y seguirán recreándose en su crisis, en la recesión y el alto desempleo.

 

 

 

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