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La historia y sus errores se repiten una y otra vez

Por: Arturo Huerta González

2012-03-06 04:00:00

 

Los que gobiernan y han gobernado al país siempre caen en los mismos errores, de promover entrada de capitales de todo tipo para sortear los problemas del sector externo, como para mantener nuestra inserción en el proceso de globalización, así como para estabilizar el tipo de cambio y reducir la inflación. El problema es que la política macroeconómica de estabilidad que instrumentan para ello, fomenta más la entrada de capitales que van al sector financiero (a la Bolsa Mexicana de Valores –BMV–, como al mercado de dinero, a la adquisición de deuda pública), y no al sector productivo, ni a la generación de empleo. Al desatenderse el sector industrial y agrícola, y al mantener dicho flujo de capitales un dólar barato, reduce la competitividad de la producción nacional frente a importaciones, se incrementan las presiones sobre el déficit de comercio exterior, lo que nos lleva a depender más de la entrada de capitales, lo cual genera un círculo vicioso, ya que tales capitales no desarrollan la esfera productiva, sino que llevan a la economía a un contexto de mayor vulnerabilidad externa, ya que dependemos más del comportamiento de los flujos de capital, los cuales al salir no generan una crisis de mayores proporciones.

Actualmente, según datos del Banco de México, la inversión extranjera ubicada en la BMV, como en deuda pública interna, suma más de 223 mil 887 millones de dólares, de los cuales más de 86 mil millones de dólares están en deuda pública, y 137 mil 886.5 millones de dólares en la BMV. Solo en los meses de enero y febrero del presente año se recibieron unos 10 mil 300 millones de dólares de inversión extranjera para la adquisición de bonos gubernamentales, y para la compra de acciones en la BMV se canalizaron 8 mil 629.3 millones de dólares. Cabe señalar que 42 por ciento de la deuda pública interna está controlada por inversionistas extranjeros. Todo ello evidencia la gran fragilidad y volatilidad a la que está sujeta la economía nacional, pues cualquier inestabilidad financiera internacional, ocasionará salida de capitales y desestabilizará el mercado financiero y de divisas en el país. Tales inversionistas demandarán dólares al salir del país, lo que ocasionará que se reduzcan las reservas internacionales, y al ser éstas insuficientes para satisfacer tal demanda, se tendrá que recurrir al crédito otorgado por el FMI de 72 mil millones de dólares, y el problema será como se pagará esa deuda externa.

La política monetaria establece altas tasas de interés para atraer capital financiero. Mientras en Estados Unidos la tasa de interés de la deuda pública a corto plazo se ubica en 0.17 por ciento, en nuestro país los Cetes ofrecen 4.5 por ciento, lo que estimula la entada de grandes flujos de capital al mercado de dinero. Asimismo, la política macroeconómica de estabilidad, y las grandes reservas internacionales conformada por tal entrada de capitales, promueve a su vez flujos de capital a la BMV. Tales capitales vienen mientras la economía les ofrezca condiciones de rentabilidad y estabilidad. Cuando la economía deje de ofrecer tales condiciones de confianza, y cuando se desestabilicen los mercados financieros internacionales, tales capitales buscarán otros refugios más seguros y rentables, y ocasionarán caída de la Bolsa y fuerte devaluación del peso. La inversión extranjera directa que promueve el gobierno, es sobre todo aquella que se canaliza al sector petrolero y energético, a infraestructura, como demás sectores estratégicos y prioritarios de alta rentabilidad, que ha llevado a que la riqueza nacional sea usurpada por ellos, sin que tal inversión impulse la dinámica económica, ni la generación de empleo, ni mucho menos el bienestar de las grandes mayorías del país.

Hay quienes proponen que se acentúen las reformas estructurales a fin de ofrecer más empresas y activos nacionales a los inversionistas extranjeros para promover la llamada inversión extranjera directa, y evitar así entrada de capital especulativo que se puede ir en cualquier momento. No se dan cuenta que en ese proceso hemos estado, y ello no ha significado mayor crecimiento, ni mayor empleo, sino que aumenta la transferencia de recursos nacionales a favor de dichos inversionistas. Los promotores de las reformas estructurales no tienen proyecto de nación, sino de una nación controlada por el capital internacional, que ha acentuado las grandes desigualdades de ingreso, ha aumentado el número de pobres y pone en peligro la seguridad y soberanía nacional.

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