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La cúpula empresarial insiste en las reformas estructurales

Por: Arturo Huerta González

2012-08-28 04:00:00

La insistencia en las reformas estructurales ha estado en boca de quienes nos han gobernado, y de los que quieren gobernarnos a partir del 1º. de diciembre, así como de la cúpula empresarial. Ahora, en su reporte semanal “Sinopsis Económica”, la Cámara Nacional de la Industria de Transformación (Canacintra) ha señalado que se ha desaprovechado el potencial de crecimiento de la economía nacional, por falta de reformas. Nos dicen que “México necesita crear las condiciones necesarias para que se generen más empresas y, con ello, mayores fuentes de trabajo”. Tal postura evidencia que siguen sin reconocer, que sí México hoy tiene menos industria, menos empresas productivas y menos fuentes de empleo productivo, ha sido por las reformas estructurales predominantes que han privilegiado la apertura comercial, y los Tratados de Libre Comercio, que junto con la reforma estructural que dio autonomía al banco central y le puso como único objetivo la estabilidad del poder de compra de la moneda (que lo ha conseguido a través de la apreciación de la moneda nacional, con el consecuente abaratamiento del dólar), han hecho que las importaciones desplacen a la producción nacional, por lo que se tiene menos empresas, y menos empleo.

A pesar de ello, reiteran que “la economía mexicana necesita aprobar reformas estructurales para crecer arriba de 5.0 por ciento, pues no se aprovecha su potencial pese a contar con fundamentos macroeconómicos sólidos”. El problema es que tales reformas estructurales y los fundamentos macroeconómicos ‘sólidos’, no han conformado condiciones de crecimiento sostenido, sino han atentado sobre las condiciones endógenas de acumulación, y de crecimiento; además, la economía nacional no presenta fundamentos macroeconómicos sólidos, pues no se sustentan en bases reales de producción internas, sino en entrada de capitales. Son éstos los que financian el déficit de comercio exterior y mantienen estable el tipo de cambio y baja la inflación, por lo que tal fundamento macroeconómico está sujeto al comportamiento de los flujos de capital, y al dejar éstos de venir al país, se compromete el financiamiento del déficit externo, como la estabilidad cambiaria, y la baja inflación y el crecimiento.

Nos dice la Canacintra que “la clave para salir de un crecimiento bajo está en impulsar las reformas en materia fiscal, energética, laboral y educativa, lo cual traerá consigo más inversión y crecimiento económico; más eficiencia y competitividad; más empleo y bienestar”. Este ha sido el mismo discurso desde que empezaron con las reformas estructurales que dieron cause a la disciplina fiscal, a la apertura comercial y financiera, como al proceso de privatización y extranjerización de la banca, de la minería y la reforma energética de 2008, y los resultados no han sido de mayor inversión ni mayor crecimiento económico, ni mayor eficiencia ni mayor empleo, ni bienestar de la población, sino por el contrario, se tiene menos esfera productiva, menos empleo, mayor miseria, y por otra parte, mayor concentración de la riqueza en las manos del gran capital nacional y trasnacional.

Por más que insisten en que “la consecución de estas reformas son los cambios que el país necesita para propiciar mayores niveles de inversión del sector privado nacional y extranjero en la economía”, a lo que conducen esas reformas no es a mayor crecimiento de la inversión y la capacidad productiva, sino a cambios patrimoniales, donde lo que pertenecía al gobierno (donde antes éste invertía), ahora invierte y pertenece al sector privado nacional y extranjero; es decir, tales reformas han conducido, a reducir el tamaño y participación del sector público en la economía, y a incrementar la de la cúpula empresarial, sin que ello incremente la dinámica económica, el empleo y el bienestar de la población.

Nos dicen que se “debe concretar las reformas para mejorar la competitividad en el exterior de manera permanente, sin tener que depender del petróleo, de la recuperación en Estados Unidos o de otros factores externos”. Ellos confían que la reforma laboral, al reducir salarios y prestaciones laborales, mejorará la competitividad, para incrementar y diversificar las exportaciones, y así disminuir nuestra dependencia de las exportaciones del petróleo, como de Estados Unidos. El problema es que la competitividad no se sustenta en los bajos salarios (como muchos países están intentando), sino en el crecimiento de la productividad y en el tipo de cambio, situación no presente en la economía nacional. No hay crecimiento de inversión productiva, ni se usa el tipo de cambio como herramienta competitiva. A pesar que digan que “dichas reformas ayudarán también a incentivar el crecimiento del mercado interno”, tal situación no se da, pues la reforma laboral reduciría más los salarios y el poder adquisitivo de la población, y el crecimiento del mercado interno, por lo que éste no se podría constituir en el motor del crecimiento, como ellos desean. No será a través de las reformas estructurales de orientación de mercado, que reducen el tamaño y participación del Estado en la economía, como se construirá “un proyecto de nación, con visión de largo plazo y estrategias de Estado que permitan avanzar hacia un desarrollo sostenido”, como ellos pretenden. El mercado busca la ganancia, no construir proyecto de nación alguno. Éste pasa por un Estado Nación, fuerte, de gran tamaño, que anteponga los intereses nacionales, de las grandes mayorías, frente a los de la cúpula empresarial que ha venido gobernando en el país.

 

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