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El panorama económica internacional no vislumbra expectativas de recuperación

Por: Arturo Huerta González

2013-02-12 04:00:00

El viernes 8 de febrero en Bruselas Bélgica, los dirigentes de la Unión Europea (UE) aprobaron el presupuesto comunitario más austero de la historia del bloque, imponiéndose la posición de Alemania y el Reino Unido. Acordaron para los próximos siete años (2014–2020) un techo de gasto de 960 mil millones de euros (1.3 billones de dólares), que supone una reducción de 3 por ciento, es decir, 34 mil 300 millones menos respecto del presupuesto del periodo precedente (2007–2013). Tal acuerdo tiene que pasar por el Parlamento Europeo, donde los legisladores principales ya han expresado su oposición, por lo que podría tomar meses la decisión final. La posición tomada por dichos líderes, para nada recoge la de muchos economistas que han venido planteando desde la crisis de la zona euro, que así como hay un solo banco central para todos ellos (que impide que cada país por si solo pueda flexibilizar su política fiscal), se requiere de un régimen de política fiscal comandado por el Parlamente Europeo, que expanda el gasto en todos ellos, para reactivar sus economías. Los planteamientos defendidos por la Sra. Ángela Merkel, de Alemania, y por David Cameron de Inglaterra, de imponer los recortes al gasto público, en la búsqueda de la disciplina fiscal, actúa a favor del sector financiero, pues manda señales de que continuarán con el ahorro forzoso para cubrir el pago de la deuda, como para garantizar la estabilidad del euro, y así continuar favoreciendo los intereses de los dueños del dinero, a costa de que tal política pro–cíclica vendrá a profundizar la recesión y el desempleo que enfrentan. A pesar que el presupuesto contempla crear un fondo para fomentar el empleo juvenil, dotado con cerca de 6 mil millones de euros, ello no contrarrestará los efectos negativos que sobre la actividad económica y el empleo, ocasionará la disminución presupuestaria acordada de 34 mil millones de euros en relación al presupuesto vigente.

Las Bolsas de Valores de los países miembros de la Unión Europea recibieron con optimismo los acuerdos alcanzados, y por consecuencia se aumentaron los precios de las acciones en dicho mercado, lo que evidencia que se gobierna a favor de dicho sector, y en cambio continúan creciendo las manifestaciones de los excluidos que no son escuchados, y rechazan las políticas de austeridad predominantes, causantes del desempleo creciente, de la caída de salarios, como de la falta de servicios públicos, como la consecuente privatización de los mismos.

Por otra parte, en Estados Unidos (EU), el sábado 9, el presidente Barack Obama manifestó su oposición al recorte al gasto del gobierno, programados para marzo por parte del Congreso, debido a que afectaría a la economía y a la clase media, y pondrían en riesgo miles de empleos. Propuso que se mantengan las inversiones en sectores clave y que los recortes se apliquen en sectores que no son esenciales, e insistió en aumentos de impuestos para los sectores más acaudalados.

La posición del gobierno de EU es muy diferente a la de los dirigentes europeos, que defienden la austeridad fiscal, no obstante los resultados de recesión económica y alto desempleo que ha ocasionado. Los EU no enfrentan las restricciones financieras de los países de la zona euro, que no tienen control de su moneda, a diferencia del gobierno soberano de EU que tiene el control de su moneda, y que puede financiarse con ella, porque todo el mundo acepta al dólar. El problema del gobierno es político, donde la oposición, los republicanos, quieren atarle las manos a través de ponerle límites al déficit público y a los niveles de endeudamiento. De imponerse tal postura, llevará a la recesión a dicha economía, y con ello a la mayoría de las economías del mundo, ya que la disciplina fiscal (o déficit fiscal cero) predomina en la mayoría de éstos, lo que impide condiciones de crecimiento hacia el mercado interno, por lo que al contraerse la actividad económica y las importaciones de Estados Unidos, frenará la dinámica de aquellas economías como la nuestra, y muchas otras, que crecen en torno a las exportaciones hacia dicho país.

El escenario internacional seguirá incierto, y con tendencia hacia la recesión generalizada, mientras continúe predominando la política económica que ha generado las crisis económicas recurrentes en las que nos encontramos. La salida a tal problemática, requiere un cambio de correlación de fuerzas, lo cual no se vislumbra, no obstante la recesión y el desempleo y miseria creciente. El sector financiero, quien es el hegemónico y el que ha ganado con éstas políticas, es tan poderoso, que no permite cambio alguno. Exige que se instrumenten reformas estructurales, laborales, de privatización y extranjerización, mayor reducción del tamaño y participación del Estado en la economía, para que ellos puedan aumentar su control sobre ésta, y poder continuar expoliando a los trabajadores, y lo justifican diciendo que ello se traducirá en mayor eficiencia, competitividad y crecimiento. En tal contexto hemos estado por años, y los resultados han sido menor crecimiento, mayor desempleo, mayores desigualdades de ingreso y de riqueza, y mayor vulnerabilidad de las economías. Mientras no haya niveles de concientización, politización y movilización por parte de los amplios sectores excluidos, no se podrá cambiar la correlación de fuerzas, ni a nivel nacional, ni mundial para desechar las políticas causantes de los problemas que enfrentamos.

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