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El país no requiere de mayores reformas estructurales

Por: Arturo Huerta González

2012-05-22 04:00:00

Las reformas estructurales de orientación de mercado encaminadas a mayor apertura económica; a disminuir las prestaciones laborales, y los salarios a los trabajadores; a ampliar los espacios de inversión al sector privado a través de privatizar los sectores estratégicos de la economía (en nuestro caso la industria petrolera, la eléctrica, la infraestructura, la minería, el agua, entre otros), junto con la reforma hacendaria que incluya un Impuesta al Valor Agregado (IVA) generalizado, y bajar impuestos a las grandes empresas bajo el supuesto de que ello estimula la inversión, han estado en boca del G–20, como del gobierno mexicano, del gobernador del Banco de México, y de la cúpula empresarial mexicana. Nos dicen que los equilibrios macroeconómicos (disciplina fiscal, estabilidad cambiaria) son necesarios, más no suficientes para el crecimiento, y para encarar los contagios externos, y que se requiere de las reformas estructurales. Señala el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) en su reporte semanal que para que el entorno de vulnerabilidad e incertidumbre mundial no inhiba el crecimiento, el compromiso de quien llegue a la presidencia deberá atender de manera prioritaria las reformas estructurales que requiere el país. En las reuniones preparatorias al G–20 se ha aceptado que la austeridad fiscal frena el crecimiento, por lo que para poder retomar el crecimiento hay que proceder a impulsar las reformas estructurales, discurso que a su vez estuvo presente en Felipe Calderón en la reunión en Guadalajara el 18 de mayo con los Ministros del Trabajo y el Empleo del G–20. Manifestó que recuperar la estabilidad “es sólo una parte de la ecuación”, pues se debe procurar el crecimiento sostenible y de largo plazo “y para ello, hay varios caminos”, y que uno de esos consiste en impulsar reformas estructurales para la competitividad en las economías y con ello su productividad. Sólo así, dijo “se pueden generar puestos de trabajo también duraderos”.

El problema es que las reformas estructurales han estado presentes en nuestro país y en otros, en los últimos años y no se han traducido en mayor competitividad, ni en mayor empleo, sino han llevado a polarizar la concentración de la riqueza y del ingreso en unas cuantos manos, así como en la recesión económica y en las altas tasas de desempleo y subempleo.

Calderón en su discurso señaló que “el mundo necesita crecer y generar empleo, pero para ello se requiere más comercio e inversión, además de certidumbre jurídica para las inversiones que generan empleo”. Se pronunció de nuevo contra la tendencia a cerrar los mercados y elevar barreras arancelarias. Señaló que el proteccionismo “es el peor camino, porque exacerba la falta de competitividad y la falta de oportunidades”. Para él, “mientras más comercio se tenga habrá más empleo”. Dijo que en el caso de México la experiencia de apertura comercial ha sido positiva; que los 44 tratados de libre comercio con que se cuentan dan acceso a los productos mexicanos, libre de tarifas, a más de mil millones de consumidores en todo el mundo. Tal postura no reconoce que el libre comercio nos ha llevado a comprar del exterior más de lo que vendemos, y por lo tanto a tener menos industria y menos sector agrícola, más déficit de comercio exterior no petrolero, así como menos economía formal, y más informalidad, y menos crecimiento. Lo mismo ha venido aconteciendo en los países desarrollados, como en el resto de América Latina que tienen menos industria de la que tenían antes de que éstas políticas se establecieran. En otras de las propuestas que Calderón llevará al G–20 está la de renovar la infraestructura o construir más, lo que dijo que “es fundamental tanto para la competitividad como para la generación de empleos, y sobre todo, en países en desarrollo”. Dijo que “hay miles y miles de millones de dólares en fondos de pensiones o de seguros” a nivel mundial, y de ahí su interés de ofrecerles opciones de inversión atractivas para que fluyan al país, y el porque propone tales reformas estructurales.

Tanto para el gobierno, como para el CEESP, las reformas estructurales son para fortalecer las fuentes internas de crecimiento y no depender de la coyuntura externa para crecer, y son para disminuir “nuestra vulnerabilidad a los desequilibrios internacionales”. Lo que no se dan cuenta aquellos que proponen las políticas macroeconómicas de estabilidad, y las reformas estructurales, es que ello ha atentado sobre las condiciones endógenas de acumulación, y que nos han llevado a la mayor vulnerabilidad externa, y a depender de la entrada de capitales, para financiar nuestra inserción en el contexto de globalización, como la propia estabilidad cambiaria, y la baja inflación, y de ahí el porque las reformas estructurales de mayor privatización y extranjerización de las economías y las reducciones salariales para seguir atrayendo capitales. La economía ya no nos pertenece, sino es de aquellos que tienen el control de la banca, de la industria, del comercio, y que se están apoderando de los sectores de la economía, todo lo cual ha reducido la participación del Estado en la economía, y lo subordina cada vez más a los grupos de poder, a costa de desatender más y más las demandas de las grandes mayorías de la población.

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