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Ante la desaceleración económica, se insiste en lo mismo

Por: Arturo Huerta González

2013-03-26 04:00:00

 

El gobierno y el Banco Central continúan privilegiando la “estabilidad” de los fundamentos macroeconómicos (baja inflación, disciplina fiscal, un sector externo financiable), a costa de sacrificar el crecimiento económico y la generación de empleo. La economía nacional viene manifestando una desaceleración de su dinámica desde mediados de 2012. La producción industrial pasó de un crecimiento de 4.8 por ciento en el primer trimestre de 2012, a un avance de solo 1.8 por ciento en el cuarto trimestre de 2012. La menor dinámica continúa a inicios de 2013. El crecimiento anualizado de enero 2013 en relación al mismo mes de 2012 fue de 3.2 por ciento, que contrasta con el crecimiento de 4.8 por ciento realizado de enero de 2012 en relación al mismo mes de 2011. La caída en el mismo periodo ha sido mayor en el sector industrial, ya que fue de 1.7 por ciento en relación al de 5.15 por ciento que obtuvo de enero 2012 en relación a enero 2011(datos de Inegi). A pesar de la desaceleración observada, no se flexibiliza la política económica para reactivar la economía.

Las autoridades monetarias y hacendarias se ufanan  de que la inflación se mantiene baja, de que se redujo al tasa de interés de referencia de 4.5 por ciento a 4 por ciento, y de que se trabaja con déficit fiscal cero, y de que hay gran estrada de capitales, todo lo cual, según ellos mantiene expectativas positivas sobre “la evolución de la actividad económica en los meses por venir”. Prosigue el mismo discurso de siempre. La estabilidad macroeconómica es la condición para el crecimiento, y sin embargo éste sigue sin darse. Cada vez tenemos menos capacidad de producción y de generación de empleo, y no se vislumbran expectativas de crecimiento, por más reformas estructurales que impulsan.

La economía nacional no solo enfrenta menor crecimiento económico, por la contracción del mercado interno, derivado del menor gasto público, como por la caída de salarios reales, y las menores remesas recibidas, sino también por la desaceleración de las exportaciones como consecuencia del menor crecimiento de la actividad económica de los Estados Unidos.

El contexto de incertidumbre internacional crece, pues la problemática de la zona euro sigue creciendo, evidenciado de que no hay perspectivas de solución mientras sigan las políticas que la han configurado. Los acuerdos del Congreso de Estados Unidos de restringir el déficit fiscal a través de la contracción del gasto público configuran expectativas de menor crecimiento, por lo que seguirán cayendo nuestras exportaciones, como los ingresos por remesas, impactando negativamente sobre la economía nacional. La inversión extranjera de cartera como la especulativa, seguirán creciendo dados los diferenciales de tasa de interés interna versus externa, como por las expectativas que se abren a la inversión extranjera directa ante la apertura a la inversión extranjera de la industria petrolera, como del sector comunicaciones. La mayor entrada de capitales que ello promueva, seguirá apreciando la moneda nacional, y por lo tanto abaratando el dólar, por lo que caerá más la competitividad de la producción nacional, actuando ello en detrimento de la producción y del empleo nacional, lo que nos coloca en un contexto de debilidad y de alta vulnerabilidad externa.

Las autoridades piensan que con la apertura del sector comunicaciones (televisión, radio, telefonía, etcétera) a la inversión extranjera, y de la industria petrolera, la economía continuará promoviendo entrada de capitales, confiados en que ello incrementará la eficiencia, la productividad y competitividad de la economía. Sin embargo, ello no logrará tales objetivos. En las últimas décadas hemos estado con estas políticas de privatización y extranjerización, y solo ha habido cambio patrimonial. Lo que era del Estado pasa en manos del sector privado nacional y extranjero, y lo que era del sector privado nacional ha pasado a ser del capital extranjero. Lo mismo acontecerá con las reformas al sector comunicaciones, como la reforma energética, donde el capital internacional se vendrá a apropiar de la riqueza nacional. En el caso del sector comunicaciones, los grandes monopolios nacionales tendrán que compartir el mercado y las ganancias con las empresas transnacionales, las cuales repatriarán sus utilidades a su país de origen, implicando ello menor inversión nacional. En el caso de la mayor apertura de la industria petrolera, implicará que las transnacionales se vengan a apropiar de la renta petrolera, por lo que el país se quedará con menor renta petrolera, lo que mermará los ingresos del sector público, implicando ello menor capacidad de gasto e inversión del gobierno, por lo que se contraerá más la actividad económica, y seguirá la desatención de la prestación de los bienes y servicios públicos. Seguirá la concentración de la riqueza, desacelerándose la economía, e incrementándose la privatización de los servicios públicos, por lo que la población tendrá que pagar por ellos.

Los defensores del Pacto por México siguen impulsando un Proyecto que reduce el tamaño y participación del Estado en la economía, favorece la extranjerización de los sectores estratégicos, sin que ello se traduzca en mayor crecimiento, ni en mayor bienestar para la población, sino todo lo contrario. El proyecto de nación soberano y equitativo quedó en la historia.

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