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A pesar de la inminente tormenta perfecta, no se hace nada

Por: Arturo Huerta González

2013-04-30 04:00:00

 

Mucho se ha venido hablando últimamente de la alta vulnerabilidad en que se encuentra la economía nacional por tener cerca de 130 mil millones de dólares de inversión extranjera en el mercado de dinero, que está aprovechando el diferencial de tasas de interés que ofrece la deuda gubernamental mexicana, en relación a las bajas tasas de interés que pagan las economías desarrolladas. Y el propio gobernador del Banco Central, Agustín Carstens ha señalado que ello podría ocasionar una tormenta perfecta al salir dicho capital ante una vulnerabilidad en los mercados financieros internacionales. En la 76 convención bancaria celebrada la semana pasada en Acapulco, el secretario de Hacienda, Luis Videgaray Caso señaló que el riesgo asociado con una variación en el flujo de capitales hacia México “no es inminente”, debido que “la debilidad de las economías que ha dado lugar a una política monetaria inusualmente expansiva en esos país, que ha elevado los flujos de capital a los países en desarrollo, continuará en los próximos meses y años”. Y añadió que “es difícil pensar que esa política se revertirá en el corto plazo”.

Videgaray descartó un riesgo inminente de reversión de los flujos de capital, y dijo que “no hay motivo de preocupación”, sino “un motivo de preparación” ante esta eventualidad. “No es un riesgo inminente, debemos estar preparados y lo haremos”. Y añadió que “la forma en que el gobierno mexicano preparará la política económica para cuando se modifiquen las condiciones monetarias en los países avanzados, es a partir de mantener el equilibrio en el presupuesto público, mantener un bajo endeudamiento y una política monetaria y cambiara como la que ha estado vigente hasta ahora”. Y además, dijo, que se tomarán medidas prudenciales que permitan enfrentar posibles desequilibrios en los mercados internacionales. México, agregó, se ha consolidado como una economía con un sólido manejo macroeconómico. “Hay la convicción para seguir por esta ruta y esa es la mejor manera de prepararnos”, afirmó. Es decir, se continuara con la misma política económica que promueve la entrada de capitales financieros, a costa de continuar apreciando la moneda nacional, de atentar sobre la competitividad de la producción nacional, con la resultante del desplazamiento de la producción nacional frente a importaciones, que reduce los niveles de acumulación de las empresas nacionales, incrementa las tasas de desempleo y subempleo, así como los niveles de endeudamiento de empresas e individuos, y las presiones sobre la balanza de comercio exterior, todo lo cual frena la actividad económica. Eso no nos prepara, sino por el contrario, atenta sobre las condiciones endógenas de acumulación, y presiona sobre los desequilibrios macroeconómicos, lo que nos hace depender más de la entrada de capitales, y compromete las condiciones de confianza y estabilidad deseadas por el capital, por lo que nos coloca en una situación de fragilidad y vulnerabilidad frente a cualquier adversidad.

El capital financiero ubicado en el país puede salir, tanto por shocks externos, como por los problemas internos de la economía. Cualquier inestabilidad de los mercados financieros internacionales, lleva a los capitales a refugiarse en economías seguras, por lo que saldrían del país. Asimismo, al recrudecerse los problemas de la economía nacional, y al dejar de ofrecer activos atractivos para el capital, éste dejará de fluir al país y saldrá, ocasionando la tormenta perfecta.

Cuando se le preguntó a Carstens si pondría control al movimiento de capitales para evitar prácticas especulativas, lo descartó completamente, tanto porque es defensor del libre movimiento de mercancías y capitales, como porque la economía no puede mandar señales de regulación al movimiento de capitales, pues éste dejaría de fluir a la economía, y saldría, lo que reduciría drásticamente las reservas internacionales, y se comprometería el financiamiento del déficit del sector externo, como el propio movimiento de mercancías y capitales. Como la economía depende de la entrada de capitales, el gobierno no establecerá control al movimiento de capitales, pues dejaría de tener el flujo de capitales que sustenta su política económica. De ahí que a pesar que el flujo de capitales sea financiero y altamente vulnerable, y nos coloque al borde de una tormenta perfecta, el gobierno corre y asume dicho riesgo. Esa historia la hemos vivido ya. Recordemos 1994 cuando el gobierno introdujo los Tesobonos (deuda pública indizada al dólar para protegerse frente a una eventual devaluación), lo que llevó a que toda la deuda pública se fuera a dichos títulos financieros, por lo que al disminuir las reservas internacionales, la economía dejó de tener condiciones para convalidar la conversión de los Tesobonos, ni para financiar el déficit externo, por lo que se manifestó la crisis a fines de dicho año. Hoy en día a pesar de las grandes reservas internacionales, éstas son menores a la cantidad de inversión extranjera ubicada en el mercado de dinero, como de capitales, por lo que no habría capacidad de respuesta para hacer frente a una estampida de capitales. El gobierno desestima dicha eventualidad. No considera el contexto de incertidumbre predominante a nivel mundial que nos está llevando a una recesión y alto desempleo generalizado, que recrudece los problemas de insolvencia, y mantienen la inestabilidad de la banca, que presiona sobre los mercados de capitales, por lo que al profundizarse esto, se manifestará la tormenta perfecta en el país.

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