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La necesidad de más Estado y menos mercado

Por: Arturo Huerta González

2012-05-29 04:00:00

Araíz de la generalización del contexto de liberalización comercial y financiera, y de las políticas macroeconómicas de estabilidad a nivel mundial, desde fines de los años ochenta, ha llevado al mayor predominio del libre mercado, y a reducir la participación del Estado en la actividad económica, subordinándose éste a los intereses económicos del sector financiero, que ha pasado a ser el sector hegemónico. Ello se ha traducido en menos crecimiento económico, tanto en los países desarrollados, como en la mayoría de los países subdesarrollados, como en altas tasas de desempleo y subempleo y en mayor concentración de la riqueza. Muchos gobiernos han perdido el control de su moneda, teniendo que trabajar con disciplina fiscal, y/o con altos niveles de endeudamiento, y con reformas estructurales que aceleran el proceso de privatización y extranjerización de sus economías. Ello les ha reducido su capacidad de poder atender las demandas nacionales de crecimiento, empleo, y bienestar social.

Las políticas económicas predominantes han atentado sobre las condiciones endógenas de acumulación y crecimiento, pasando la mayoría de las economías a depender del comportamiento de las variables externas, tales como exportaciones, remesas, entrada de capitales y endeudamiento, lo que las coloca en un contexto de alta vulnerabilidad externa.

La crisis actual y el contexto de recesión económica generalizada, y las altas tasas de desempleo, evidencian la inviabilidad de seguir con las políticas de disciplina fiscal y con las reformas estructurales, que nos llevan a más mercado, que es el causante de tales problemas.

Los defensores del libre mercado, señalan que es anacrónica la concepción de colocar al gobierno como motor y rector del crecimiento, y que el gobierno “debe jugar el papel de facilitador de la actividad de los particulares en el mercado libre” (véase el artículo de Everardo Elizondo en el periódico Reforma, 28 de mayo 2012). Ello representa la postura de defender los intereses de los sectores favorecidos con las políticas de libre mercado, y justificar las políticas que nos llevan a crisis económicas recurrentes, cada vez más profundas, y cada vez más difíciles de salir. Nos dice que “politizar el mercado no es la solución”, sin reconocer que al criticar la intervención del Estado en la economía y al defender el libre mercado, representa una posición política a favor del gran capital financiero que hegemoniza el libre mercado. Y añade tal economista que “el ámbito real de la política no es precisamente idóneo para la supresión moral”. No se da cuenta que el problema es político, de correlación de fuerzas; que a pesar de que las políticas de mercado han excluido a las grandes mayorías de la población (99 por ciento siguiendo el lema de los indignados a nivel mundial), éstas no tienen los niveles de concientización, para movilizarse e imponer a los Congresos y gobiernos, políticas a favor de éstos. El sector hegemónico, el sector financiero (1 por ciento), es tan poderoso, que sigue imponiendo a través de su control sobre los medios de comunicación, como de economistas que trabajan para ellos, las políticas a su favor, señalando que “no hay alternativa viable al sistema de mercado”, y que hay que seguir dentro de éste.

Es miopía no reconocer que las políticas de libre mercado son insostenibles económica y políticamente. La defensa de tales políticas solo refleja que no hay postura democrática, ni proyecto de nación alguno. Tales políticas nos han llevado a que el país no pertenezca a nacionales, ni satisfagan las demandas de las grandes mayorías. Los llamados gobiernos democráticos deben satisfacer las demandas y necesidades de las grandes mayorías, por lo que tienen que establecer políticas que viabilicen ello, y no subordinarse a los intereses del gran capital como ha venido aconteciendo a nivel nacional, y en la mayoría de las economías del mundo. Afortunadamente están creciendo las demandas a nivel mundial y nacional por más democracia, por más transparencia en la información, y por cambio de las políticas económicas predominantes. El recrudecimiento de los problemas económicos llevará más y más a la gente a las calles aquí y en todas partes del mundo, y se estará configurando la correlación de fuerzas políticas para establecer gobiernos democráticos que subordinen a las libres fuerzas del mercado a favor de las demandas y necesidades de las grandes mayorías.

 

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